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About MI IDENTIDAD ESTÁ EN CRISTO
Deseo que seas salvó(a) a través de la fé en JESUCRISTO, no lo sé todo, pero lo que he aprendido quiero transmitirlo.
- Publisher
- Karly
- Category
- society & culture
- Language
- es
- Explicit
- Yes
- First episode
- 8 Oct 2020
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- 24 May 2022
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24 May 2022
¿QUÉ ES LA GRACIA DE DIOS?
La gracia es un tema constante en la Biblia, y culmina en el Nuevo Testamento con la venida de Jesús (Juan 1:17). La palabra traducida como "gracia" en el Nuevo Testamento proviene de la palabra griega charis, que significa "favor, bendición o bondad". Todos podemos extender la gracia a los demás, pero cuando la palabra gracia se usa en relación a Dios, adquiere un significado más potente. La gracia es que Dios nos escoge para bendecirnos en lugar de maldecirnos, a pesar de que nuestro pecado lo merece. Esta es su bondad a los indignos. Efesios 2:8 dice, "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros". La única manera que cualquiera de nosotros pueda entrar en una relación con Dios, es por causa de su gracia hacia nosotros. La gracia comenzó en el jardín del Edén, cuando Dios mató un animal para cubrir el pecado de Adán y Eva (Génesis 3:21). Él podría haber matado a los primeros seres humanos en ese momento por su desobediencia, pero en lugar de destruirlos, Él escogió establecer un camino para que ellos estuvieran bien con Dios. Este patrón de gracia continuó a lo largo del Antiguo Testamento, cuando Dios instituyó sacrificios de sangre como una forma para expiar el pecado de los hombres. No fue la sangre de los sacrificios que limpió los pecadores; fue la gracia de Dios que perdonó a aquellos que confiaron en Él (Hebreos 10:4; Génesis 15:6). El apóstol Pablo comenzó muchas de sus cartas con la frase: "Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Romanos 1:7; Efesios 1:1; 1 Corintios 1:3). Dios es el promotor de la gracia y toda otra gracia fluye de Él. Dios muestra tanto la misericordia y la gracia, aunque no son lo mismo. La misericordia retiene un castigo que merecemos; la gracia otorga una bendición que no merecemos. En la misericordia, Dios escogió cancelar nuestra deuda de pecado por medio del sacrificio de su Hijo perfecto en nuestro lugar (Tito 3:5; 2 Corintios 5:21). Pero Él va aún más lejos que la misericordia y extiende la gracia a sus enemigos (Romanos 5:10). Él nos ofrece perdón (Hebreos 8:12; Efesios 1:7), reconciliación (Colosenses 1:19-20), vida en abundancia (Juan 10:10), tesoro eterno (Lucas 12:33), su Espíritu Santo (Lucas 11:13), y un lugar en el cielo con Él algún día, (Juan 3:16-18) cuando aceptamos su oferta y depositamos nuestra fe en su sacrificio. La gracia es que Dios da el mayor tesoro a los que menos lo merecen eso somos cada uno de nosotros.

23 Mar 2022
¿Es posible ser Santo, ya que solo Dios es Santo?
La santidad no es sólo una posibilidad para el cristiano; la santidad es un requisito. "Sin santidad nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). La diferencia entre Dios y nosotros es que Él es por naturaleza santo mientras que nosotros, por otra parte, sólo llegamos a ser santos cuando estamos con Cristo y crecemos en santidad práctica a medida que maduramos espiritualmente. El Nuevo Testamento enfatiza la búsqueda de la santidad en este mundo y que se logre finalmente la santidad en el mundo venidero. Ser "santo" significa que somos, en primer lugar, "apartados para un uso honorable". Mientras que "éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y diversos placeres...Dios nuestro Salvador...nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hayamos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3:3-5; cf. 1 Corintios 6:11). El Señor tomó la iniciativa de sacarnos de nuestro estilo de vida anterior. Nos salvó, nos limpió y nos apartó para la justicia. Si hemos creído en Cristo para la salvación, hemos sido lavados por la regeneración del Espíritu Santo y apartados del mundo para la piedad (ver Romanos 12:2). Sin embargo, la búsqueda de la santidad no termina cuando venimos a Cristo. De hecho, ¡sólo comienza! Hay una santidad posicional que heredamos en la regeneración y una santidad práctica que debemos buscar continuamente. Dios espera que cultivemos un estilo de vida de santidad (1 Pedro 1:14-16) y nos ordena diciendo: "limpiémonos de toda inmundicia de carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2 Corintios 7:1). Llevar la santidad a la "perfección" significa que debemos crecer en la eficacia espiritual cada día. Debemos considerarnos "muertos al pecado" (Romanos 6:11), negándonos a volver a nuestros estilos de vida anteriores. De esta manera "nos limpiamos de lo que es deshonroso", convirtiéndonos en vasos "para honra, santificados, útiles al Señor, y dispuestos para toda buena obra" (2 Timoteo 2:21). La santidad es la marca de todo verdadero cristiano (1 Juan 3:9-10). Cultivar un estilo de vida de santidad no significa que debamos hacer una lista de lo que se debe y no se debe hacer para vivir. Somos libres de la letra de la ley que mata (2 Corintios 3:6) y ahora vivimos según los mandatos del Espíritu Santo (Gálatas 5:16-18). Se nos dice: "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:12-13). En este versículo vemos la cooperación entre Dios y sus hijos en la santificación. Nosotros "nos ocupamos" en lo que Dios "obra en" nosotros, porque Dios tiene una línea de tiempo para las virtudes que desea cultivar en nuestras vidas. Nuestra responsabilidad es rendirnos a Sus deseos, "ocupándonos" con mucha atención y cuidado de las cosas que Él está haciendo crecer en nosotros. La santidad no se completará en nuestras vidas sin ningún esfuerzo de nuestra parte. Estamos invitados a participar en la obra que Dios hace en nosotros. Esta es, quizás, la lección más importante que podemos aprender como cristianos. El último deseo de Dios para Su pueblo es que seamos santos - conformados a la imagen de su Hijo, Jesús (Romanos 8:29; 1 Tesalonicenses 4:3-4). La santidad es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Por supuesto, la carne es débil (Marcos 14:38). Ninguno de nosotros alcanzará la perfección sin pecado en este mundo, pero Dios ha hecho provisión para nuestro pecado. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Nuestra búsqueda de la santidad en este mundo incluye la confesión diaria y el abandono del pecado (ver Hebreos 12:1-3). Dios nos ayuda en nuestra debilidad dándonos su Espíritu Santo, que nos revela la mente de Cristo y nos capacita para llevar a cabo Su voluntad (1 Corintios 2:14-16; Filipenses 2:13).

13 Mar 2022
Jesús, mi buen pastor
Mientras que el título de pastor tiene un significado específico para los judíos de la época, puede ser muy fácil para nosotros no darle importancia a esta referencia y perdernos la magnitud de lo que Dios dice sobre la naturaleza de Jesús. El rol tradicional de un pastor no era para nada glamoroso. En realidad, era difícil y peligroso, requería muchas horas y un compromiso completo para el bienestar del rebaño. El pastor conducía las ovjeas al refugio, les proveía alimento, las contaba cada noche y buscaba y traía de vuelta a las que se hubieran perdido. El pastor también las protegía de ladrones y predadores aún poniendo en peligro su propia seguridad. Así como las ovejas no tienen instinto para la comida, son propensas a desviarse y perderse y tienen problemas para encontrar su casa; así tambien nosotros vamos sin dirección sin nuestro pastor. En Jesús, encontramos nuestra provisión, la protección y la guía que tan desesperadamente necesitamos. A través del Nuevo Testamento, recordamos el rol de Jesús como nuestro Buen Pastor. En la Parabola de la Oveja Perdida, el pastor deja las noventa y nueve para buscar a una, dandonos una imagen bellísima del corazón de Dios por los perdidos y Su compromiso para traernos sanos y salvos a casa. En Filipenses, el Apostol Pablo nos recuerda que Dios cubrirá todas nuestras necesidades en Jesús, como un pastor que vela por las necesidades de su rebaño. De nuevo, en Lucas 12, Jesus habla de Su deseo desesperado de proteger a Sus hijos, si ellos están dispuestos a seguirlo. Jesús dijo en Juan 10:27-30 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi Padre uno somos. Jesús es nuestro Buen Pastor y en Él encontramos provisión, vida eterna la promesa de que nada podrá separarnos de la seguridad de Su cuidado. Así como un pastor no puede cuidar a sus ovejas a distancia, Jesús esta siempre a nuestro lado. Escuchemos Su voz, con la certeza de que Él está cerca, y que nos lleva a buenos pastos. Oración:Padre, gracias por darnos una imagen tan bella de Jesús como mi Buen Pastor, y por cubrir todas mis necesidades a través de Él. Dame oídos para escuchar Tu voz claramente y la valentía para seguirte cuando me llamas. Confío en que sólo Tu tienes buenas cosas preparadas para mi y que nunca estaré fuera de Tu cuidado.
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