

- 13
- Episodes
- Monthly
- Cadence
- 2026
- First episode
About Un Paso a la Vez
Un espacio para mujeres que están atravesando una transición y están aprendiendo a construir una nueva versión de su vida, un día y un paso a la vez. Yo tampoco tengo todas las respuestas. Estoy caminando contigo. johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com/s/mujer-renace?utm_medium=podcast)
- Publisher
- Johanna Caldas-Garcia
- Category
- education · society & culture
- Language
- es
- Explicit
- No
- First episode
- 12 Apr 2026
- Latest episode
- 2 Nov 2026
Latest episodes
13 episodes in the feed.

2 Nov 2026
El mapa de lo que fuimos y lo que soy
Lo que esconden las últimas veces Las fechas que duelen, las señales que nos acompañan y aprender a no olvidarnos de nosotras mismas. Octubre siempre ha sido mi mes favorito. Me encanta el otoño: ver cómo cambian de color las hojas de los árboles, decorar la casa con calabazas, poner el difusor con olor a clavo y canela, y preparar esa sidra de manzana caliente que tomamos con mis hijas. Hay algo en esta época del año que siempre me ha hecho sentir que algo nuevo comienza. Antes nos hacía muchísima ilusión y contábamos los días. En casa mi familia preparaba misiones secretas y planes para mi cumpleaños, y era el mes del viaje de pesca de mi esposo con su papá, sus hermanos y sus amigos —una tradición que mantenía desde los 13 años—. También llegaban el aniversario de mi trabajo en la escuelita que tanto quería y nuestro aniversario de bodas. Pero desde el año pasado, octubre también se ha convertido en uno de los meses más difíciles para nosotras. Está lleno de recuerdos que todavía nos duele traer a la memoria o asimilar. Hoy todas esas fechas tienen otro significado. A ellas se suman el primer aniversario de su partida, el día en que dejamos nuestra casa después de 20 años y la despedida de Akira, nuestra perrita. Y, por supuesto, Halloween. Una fecha que le encantaba. Se la pasaba pensando en los disfraces que nos pondríamos al ir a pedir dulces con nuestras hijas y para recibir a los niños que tocaban a la puerta. Siempre me decía: «Pretzi, ¿cómo vamos a abrir la puerta sin disfraz? ¡Kids are going to think we are not fun!». Le fascinaba preguntarle a cada niño de qué venía disfrazado y reírse con ellos. Hoy miramos estas fechas con gratitud por todo lo vivido y las tradiciones que construimos, pero también con nostalgia por toda la vida que tuvimos que dejar ir. Su ausencia sigue aquí, más aún en los momentos que nos hacen sonreír. Últimamente he pensado mucho en las últimas veces. El último cumpleaños que celebramos juntos sin saber que sería el último. Su último viaje de pesca. El último abrazo, el último beso, el último paseo, el último deseo, la última tarjeta de cumpleaños y de aniversario que me regaló. Nuestro último disfraz juntos. La vida casi nunca nos avisa que estamos haciendo algo por última vez. Seguimos con la rutina, hacemos planes para el mes siguiente y pensamos que habrá otra oportunidad… hasta que un día ya no la hay. No escribo esto para vivir con miedo a que todo se termine. Lo pienso porque hoy miro de otra manera esos momentos que antes parecían tan normales: una conversación en la cocina, una cena cualquiera, un abrazo antes de salir de casa o esa canción que bailábamos en el patio mientras él hacía el BBQ y yo limpiaba la casa. Si pudiera volver un instante atrás —como en las películas, para tener un redo, un one more time— me aseguraría de estar presente al cien por ciento, con la mejor actitud y disfrutando cada segundo para decirle cuánto lo amo y lo afortunada que soy de haberlo tenido en mi vida, dejando atrás todo lo que al final no importaba. ¡Quién iba a pensar que esos instantes cotidianos terminarían convirtiéndose en recuerdos tan valiosos! Mis hijas grabaron aquel baile en el patio. Es un video de apenas unos segundos, pero hoy lo veo una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas y, al mismo tiempo, sonriendo al recordarlo y ver lo felices que fuimos con cosas tan simples. No quiero olvidarme de cómo se sentía nuestra vida, de esas pequeñas costumbres tan nuestras que terminaron construyendo nuestra historia y que hoy nos ayudan a mantener vivo su recuerdo. Si algo me ha enseñado este último año es que quiero estar más presente en mi propia vida. No siempre me resulta fácil; vivo con mil ideas en la cabeza, muchos proyectos , me gusta estar tomando cursos y leyendo libros. y ahora tengo una lista interminable de pendientes como madre cabeza de familia. Intento estar más presente y menos ausente en cada instante: con las personas que amo, las conversaciones que todavía podemos tener, un simple mensaje de texto con un «hola» y esos momentos cotidianos que hoy vivimos sin saber cuánto significarán para nosotros mañana. Recuerdo que me organizo una fiesta sorpresa en el mall donde teníamos nuestro restaurante al cual invitó a todas mis mejores amigas, pensé solo seriamos nosotros 4 ya que él trabajaría hasta cerrar, al llegar vi a un grupo de más de 15 personas allí. Señales y las tarjetas que guardé Esa semana fue de esas en las que parece que todo se junta. Fui a San Diego a llevar a mi hija a Urgencias, tenía varios pendientes por resolver y me hacía mucha ilusión participar en la carrera contra el cáncer de UC Irvine un día antes de mi cumpleaños. Llevaba una semana larga, manejando de un lado a otro. El sábado me levanté con dolor en las piernas y en los brazos, y supe que no iba a aguantar una carrera de 5K. Al día siguiente quería ir a San Diego a celebrar mi cumpleaños con mis hijas y acompañar a mi hija mayor a su competencia de regatas. Así que decidí no ir. No fue una decisión fácil. Llevaba semanas ilusionada, ya que quería hacerla por mi esposo, por mi hermano y por las personas que conozco que han luchado o siguen luchando contra esta enfermedad, y una parte de mí quería cumplir con todo lo que había planeado. Pero a veces, cuidarnos también significa aceptar que no podemos estar en todas partes ni hacerlo todo, y que tenemos que decirnos: “Hoy no se puede”. Entre los pendientes estaba renovar mi licencia de conducir. Tuve que ir a otra ciudad, ya que no había citas cerca de casa antes de que se venciera. El lugar estaba lleno y, cuando llegó mi turno en la ventanilla 12, la persona encargada tuvo que salir a su descanso. Antes de irse, buscó a alguien más para que pudiera ayudarme. Cuando me acerqué a la nueva ventanilla, me di cuenta de que era la número 11. Mi cumpleaños es el día 11. Puede parecer una coincidencia. Quizás lo sea. Pero desde hace un año, el 11, el 111 y el 1111 aparecen tanto en nuestras vidas que no podemos evitar detenernos cuando los vemos y sonreír: es como si él nos dijera “aquí estoy’. Ahora me he dado cuenta de que estos números nos han rodeado siempre; los tenemos en nuestros números de teléfono, identificaciones, en la tarjeta de Costco de hace 24 años y hasta en las cuentas nuevas que he tenido que abrir. No necesitamos explicarlo. Para nosotras, es una manera de sentir que él sigue aquí acompañándonos y recordándonos que nos extraña tanto como nosotras a él. Aunque no entendamos del todo el nuevo lenguaje con el que trata de comunicarse con nosotras, estamos aprendiendo a ver las señales. Sonreí y le dije a la persona de la ventanilla: “You made my day”. Me miró sorprendida; yo simplemente le devolví la sonrisa y seguí con el trámite. Salí de allí pensando en esas pequeñas cosas que, aunque para los demás pueden no significar nada, a nosotras nos alegran el día. Quizás por eso terminé revisando las tarjetas de cumpleaños que me regaló durante tantos años. Las guardamos todas. Hace tiempo preparé una caja para cada uno, porque las tarjetas siempre han sido especiales para nosotros. Hoy son mucho más que recuerdos: para mis hijas y para mí, son una manera de volver a escuchar su voz y recordar cuánto nos amó. Volví a leerlas, desde la primera tarjeta que me regaló cuando yo vivía en Los Ángeles y él en San Francisco. Las he guardado por años, pero no las había leído en mucho tiempo. Volver a leerlas una a una era como recorrer nuestra historia nuevamente, cada año en una etapa diferente, y volver a escuchar su voz diciéndome cuánto me amaba, lo importante que éramos para él, cómo adoraba estar en nuestro hogar y lo afortunado que se sentía de tenerme como su esposa y su mejor amiga. Me reiteraba que, juntos, podíamos contra todo. Me quedé pensando en esa frase. Las cosas más sencillas son ahora nuestros grandes tesoros. Nosotros teníamos tantos planes: viajar, envejecer juntos, vivir cerca de la playa, trabajar en nuestra organización y descubrir cafecitos por el camino. Planes sencillos, de esos que se construyen conversando mientras imaginamos cómo será la vida dentro de unos años. Y aunque muchos de esos planes ya no podrán suceder como los imaginamos, no quiero que se queden guardados en una caja junto con las tarjetas. Todavía quiero conocer lugares, sentarme en cafés nuevos y disfrutar del mar. Quiero hacerlo con mis hijas, con mis amigas y también conmigo misma. Algunas cosas las viviré de una manera distinta a la que imaginamos, pero eso no significa que tenga que dejar de vivirlas... y seguiré sonriendo con lágrimas en los ojos imaginándolo junto a mí. Mi otra yo, hace tres años Si la Johanna de hoy pudiera sentarse a conversar con la de hace tres años, creo que ninguna de las dos podría imaginar todo lo que estaba por suceder. En 2023 celebré mis 50 años en Zihuatanejo, México. Viajamos solos por primera vez en mucho tiempo. Mi esposo decidió no ir a su tradicional viaje de pesca familiar para estar conmigo. Como no teníamos familia cerca, siempre nos turnábamos para viajar y cuidar a nuestras hijas, pero para entonces las dos ya estaban más grandes y en la universidad. La pasamos genial. Reímos, hicimos bromas, caminamos por la ciudad y vimos atardeceres juntos. Hablamos de nuestros próximos años, de viajar, de disfrutar lo que habíamos construido y de todos esos lugares que todavía queríamos conocer. Sentíamos que comenzaba una etapa diferente. No teníamos ni idea de lo que vendría. Al año siguiente, mi esposo pasó mi cumpleaños en San Diego, donde recibió siete semanas de radioterapia. Y el año pasado, ese mismo día, nos estábamos mudando a la casa de la playa. Por la noche, Tia Anita y mis hijas me tenían pastel, nuestros amigos nos ayudaron a conectar todo y desempacar hasta el último par de medias. Mi esposo no recordaba que era mi cumpleaños, así que solo hizo una cara de sorpresa al darse cuenta de que lo había olvidado. Él ya no podía hablar, pero mis hijas le mostraron las rosas rojas que él siempre me regalaba y los regalos, y le dijeron: “We got you, Dada”. Él nos miró y sonrió. Ocho días después, nos despediríamos de él. Quizás por eso he sentido tanta necesidad de recordar. Hace poco empecé a anotar en una hoja lo que había vivido en esta misma fecha en años anteriores. Quería conservar esos momentos y entender cuánto había cambiado nuestra vida sin imaginarlo. Así descubrí el diario de cinco años One Line a Day. Me gustó tanto la idea de escribir unas pocas líneas cada día y volver, con el tiempo, a leer lo vivido, que también se lo regalé a mi hija y a mi sobrina. Hoy escribo en él los recuerdos de aquellos años y lo difícil que ha sido cada día sin mi soulmate. Al pensar en el próximo año, me doy cuenta de que no tengo manera de saber cómo será mi vida entonces. Le he entregado las llaves de mi vida a Dios; en sus manos está, como ha estado durante todo este tiempo. Por eso, dejaré mi página en blanco para el próximo año. No tenemos asegurado ningún día del futuro. Tenemos el presente y los recuerdos que nos acompañan y nos recuerdan el camino recorrido. Hoy mi manera de pensar y de mirar la vida es muy diferente de la que tenía hace tres años, hace dos o el año pasado. Me queda seguir caminando y descubrir esta nueva versión de mí: qué me gusta, qué quiero cambiar, dejar ir, con qué sueño y qué me hace sonreír de nuevo. Quiero seguir descubriendo el mundo, como tantas veces soñamos hacerlo juntos. No sé qué escribiré en la página del próximo año. Por ahora, quiero vivir este, agradeciendo el poder celebrarlo abrazando a mis hijas, un día a la vez. Este año, llegué a casa y mi hija me había traído rosas rojas, me dijo dada quería que te las comprara. Me regalo una tarjeta con un mensaje hermoso que guardaré en mi caja. El deseo que dejé al aire Mi cumple en Colombia con mi familia EN EL 2018 Para celebrar mi cumpleaños, mis hijas me llevaron a un restaurante lindísimo con vista a la bahía de San Diego. Me enviaron una lista de varios restaurantes y todos los días me preguntaban a cuál quería ir. Hicieron la reserva y estaban tan emocionadas de poder invitarme a este lugar. Comimos, probamos cosas nuevas y brindamos por Dada, por las nuevas experiencias juntas; recordamos sus dichos y lo imaginamos con nosotras toda la noche. Los restaurantes con vista a la playa eran sus favoritos. Después de cantar el cumpleaños, cuando debía soplar la vela, me di cuenta de que no tenía un deseo claro. Pensé en el video de su último cumpleaños. Yo le preguntaba si había pedido su deseo y él me decía que sí. Todavía me pregunto qué habrá pedido, y si su deseo se cumplió. Cuando llega nuestro cumpleaños, casi siempre tenemos muchas cosas que queremos pedir antes de soplar la vela; una vez al año, debe ser un buen deseo. Pero esta vez no había lista de deseos: lo que más deseaba era que él estuviera aquí, lo cual no es posible. Así que dejé mi deseo al aire. Dios ya conoce mi corazón. Soplé la vela y dejé mi deseo en blanco… Ese mismo fin de semana vi a mi hija disfrutar y sonreír durante su regata, rodeada de amigos que la han acompañado y apoyado por todos estos años y eso me llena el corazón. Las vi súper emocionadas planeando mi cumpleaños, orgullosas de pagar la cuenta; mi hija menor ordenó ostras y, solo por ella, comí mi primera ostra con ella. Ahora verlas, abrazarlas y amarlas es lo que me da paz y me hace levantarme todos los días. Con mi esposo siempre tratamos de disfrutarlas al máximo; ellas saben lo orgullosos que estamos de sus logros y de todo lo que todavía nos queda por compartir. Como ellas dicen, nos recargamos unas con otras para seguir adelante. No sabemos cuáles serán nuestras últimas veces. Pero hoy todavía tenemos abrazos que dar, conversaciones que compartir y momentos que, sin saberlo, algún día recordaremos. Cada día lo extraño aún más, y sonrío recordando nuestras aventuras, conversaciones o solo nuestro tiempo juntos. Y aunque a él la vida le quedó corta para cumplir nuestros sueños futuros juntos, amo la vida que tuvimos y, poco a poco, aprenderé a disfrutar la que tengo hoy sin él. Seguir adelante no significa dejar atrás a quien amamos: significa encontrar la manera de llevarlo con nosotras mientras seguimos caminando, así sea un respiro a la vez. Quiero aprender a estar presente para vivir cada instante, con esa manera de disfrutar la vida que tanto le admiraba a mi esposo. Lo que agradezco Tener a mis hijas cerca en estas fechas y compartir con ellas recuerdos, conversaciones y nuevos momentos. Las rosas lindas que mis hijas me regalan de parte de su Dada, las tarjetas super lindas con mensajes del corazón que nos seguimos regalando, y su ilusión de llevarme al restaurante más lindo con vista a la bahía. Haber escuchado a mi cuerpo cuando necesitaba parar, aunque me costara soltar un plan que me hacía ilusión. Las tarjetas que guardé durante tantos años y que hoy nos permiten volver a escuchar, de alguna manera, las palabras de mi esposo. Esas pequeñas señales que le dan un brillo de luz a nuestros días. Lo que aprendí Una vuelta más al sol para entender que honrar el pasado no es quedarnos en él, sino atrevernos a vivir el presente. La vida es un ratico y el mañana no lo tenemos asegurado. Descansar también es una forma de cuidarme, y decirme «hoy no se puede» está bien. Puedo seguir haciendo planes, aunque algunos sean distintos a los que imaginé. Mis Tiny Pieces of Joy Esta semana, mis pequeños momentos de alegría fueron: Vivir a unas horas de mi hija y poder llevarla a urgencias cuando lo necesitaba. La regata de mi hija y la ilusión que le hacía vernos allí. Disfrutar de una cena recordando y riéndonos de los dichos de mi esposo, frente a la bahía de San Diego. La llamada de mi familia que está en tres países diferentes al mío, mientras manejaba a San Diego. Los mensajes, llamadas de felicitación y las tarjetas que recibí por mi cumpleaños. Los trámites y pendientes que pude chulear de mi lista. Los números 11 y las mariposas que nos acompañan cada día. Nuestro diario One Line a Day que nos ayuda a recordar y guardar en un solo lugar aquellas cosas priceless que no queremos olvidar de esos 5 anos de vida. Pequeñas cosas y pequeños momentos que terminan convirtiéndose en las grandes cosas que nos sostienen, un día y un paso a la vez. Competencia de regata, alrededor de 50 barcos de diferentes universidades en San Diego Frase de esta semana Este año quiero seguir encontrándome, incluso en los días en que extraño tanto la vida que imaginé Un paso para esta semana Piensa en algo que llevas tiempo dejando para después. Puede ser llamar a alguien, hacer un pequeño viaje, sentarte a tomar un café sin prisa o empezar ese proyecto que sigue esperando su momento. No tiene que ser algo grande. A veces, basta con dar el primer paso. Y tú, ¿hay algún recuerdo cotidiano que hoy tenga un significado distinto para ti? ¿Alguna de esas pequeñas cosas que nunca imaginaste que llegarías a extrañar? Te leo en los comentarios Gracias por acompañarme una semana más, por leer estas cartas y por hacerme sentir que, aunque cada una esté viviendo su propia historia, no tenemos que recorrerla completamente solas. Ahora las cartas también se escuchan. Si prefieres ponerle audio mientras caminas, manejas o te preparas un café, ya puedes encontrarlas en Spotify como Un Paso a la Vez con Johanna (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G) Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si tú también estás atravesando tu propio proceso para volver a empezar, quédate por aquí. Comparte con esa amiga en la que estás pensando o con quién lo necesite. Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you, my friend — te veo, amiga. A mi propio ritmo, Un día y un paso a la vez. Con cariño, Johanna This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

25 Oct 2026
Un año sin ti, 9,131 días contigo
Lo que esconden las últimas veces Las fechas que duelen, las señales que nos acompañan y aprender a no olvidarnos de nosotras mismas. Octubre siempre ha sido mi mes favorito. Me encanta el otoño: ver cómo cambian de color las hojas de los árboles, decorar la casa con calabazas, poner el difusor con olor a clavo y canela, y preparar esa sidra de manzana caliente que tomamos con mis hijas. Hay algo en esta época del año que siempre me ha hecho sentir que algo nuevo comienza. Antes nos hacía muchísima ilusión y contábamos los días. En casa mi familia preparaba misiones secretas y planes para mi cumpleaños, y era el mes del viaje de pesca de mi esposo con su papá, sus hermanos y sus amigos —una tradición que mantenía desde los 13 años—. También llegaban el aniversario de mi trabajo en la escuelita que tanto quería y nuestro aniversario de bodas. Pero desde el año pasado, octubre también se ha convertido en uno de los meses más difíciles para nosotras. Está lleno de recuerdos que todavía nos duele traer a la memoria o asimilar. Hoy todas esas fechas tienen otro significado. A ellas se suman el primer aniversario de su partida, el día en que dejamos nuestra casa después de 20 años y la despedida de Akira, nuestra perrita. Y, por supuesto, Halloween. Una fecha que le encantaba. Se la pasaba pensando en los disfraces que nos pondríamos al ir a pedir dulces con nuestras hijas y para recibir a los niños que tocaban a la puerta. Siempre me decía: «Pretzi, ¿cómo vamos a abrir la puerta sin disfraz? ¡Kids are going to think we are not fun!». Le fascinaba preguntarle a cada niño de qué venía disfrazado y reírse con ellos. Hoy miramos estas fechas con gratitud por todo lo vivido y las tradiciones que construimos, pero también con nostalgia por toda la vida que tuvimos que dejar ir. Su ausencia sigue aquí, más aún en los momentos que nos hacen sonreír. Últimamente he pensado mucho en las últimas veces. El último cumpleaños que celebramos juntos sin saber que sería el último. Su último viaje de pesca. El último abrazo, el último beso, el último paseo, el último deseo, la última tarjeta de cumpleaños y de aniversario que me regaló. Nuestro último disfraz juntos. La vida casi nunca nos avisa que estamos haciendo algo por última vez. Seguimos con la rutina, hacemos planes para el mes siguiente y pensamos que habrá otra oportunidad… hasta que un día ya no la hay. No escribo esto para vivir con miedo a que todo se termine. Lo pienso porque hoy miro de otra manera esos momentos que antes parecían tan normales: una conversación en la cocina, una cena cualquiera, un abrazo antes de salir de casa o esa canción que bailábamos en el patio mientras él hacía el BBQ y yo limpiaba la casa. Si pudiera volver un instante atrás —como en las películas, para tener un redo, un one more time— me aseguraría de estar presente al cien por ciento, con la mejor actitud y disfrutando cada segundo para decirle cuánto lo amo y lo afortunada que soy de haberlo tenido en mi vida, dejando atrás todo lo que al final no importaba. ¡Quién iba a pensar que esos instantes cotidianos terminarían convirtiéndose en recuerdos tan valiosos! Mis hijas grabaron aquel baile en el patio. Es un video de apenas unos segundos, pero hoy lo veo una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas y, al mismo tiempo, sonriendo al recordarlo y ver lo felices que fuimos con cosas tan simples. No quiero olvidarme de cómo se sentía nuestra vida, de esas pequeñas costumbres tan nuestras que terminaron construyendo nuestra historia y que hoy nos ayudan a mantener vivo su recuerdo. Si algo me ha enseñado este último año es que quiero estar más presente en mi propia vida. No siempre me resulta fácil; vivo con mil ideas en la cabeza, muchos proyectos , me gusta estar tomando cursos y leyendo libros. y ahora tengo una lista interminable de pendientes como madre cabeza de familia. Intento estar más presente y menos ausente en cada instante: con las personas que amo, las conversaciones que todavía podemos tener, un simple mensaje de texto con un «hola» y esos momentos cotidianos que hoy vivimos sin saber cuánto significarán para nosotros mañana. Recuerdo que me organizo una fiesta sorpresa en el mall donde teníamos nuestro restaurante al cual invitó a todas mis mejores amigas, pensé solo seriamos nosotros 4 ya que él trabajaría hasta cerrar, al llegar vi a un grupo de más de 15 personas allí. Señales y las tarjetas que guardé Esa semana fue de esas en las que parece que todo se junta. Fui a San Diego a llevar a mi hija a Urgencias, tenía varios pendientes por resolver y me hacía mucha ilusión participar en la carrera contra el cáncer de UC Irvine un día antes de mi cumpleaños. Llevaba una semana larga, manejando de un lado a otro. El sábado me levanté con dolor en las piernas y en los brazos, y supe que no iba a aguantar una carrera de 5K. Al día siguiente quería ir a San Diego a celebrar mi cumpleaños con mis hijas y acompañar a mi hija mayor a su competencia de regatas. Así que decidí no ir. No fue una decisión fácil. Llevaba semanas ilusionada, ya que quería hacerla por mi esposo, por mi hermano y por las personas que conozco que han luchado o siguen luchando contra esta enfermedad, y una parte de mí quería cumplir con todo lo que había planeado. Pero a veces, cuidarnos también significa aceptar que no podemos estar en todas partes ni hacerlo todo, y que tenemos que decirnos: “Hoy no se puede”. Entre los pendientes estaba renovar mi licencia de conducir. Tuve que ir a otra ciudad, ya que no había citas cerca de casa antes de que se venciera. El lugar estaba lleno y, cuando llegó mi turno en la ventanilla 12, la persona encargada tuvo que salir a su descanso. Antes de irse, buscó a alguien más para que pudiera ayudarme. Cuando me acerqué a la nueva ventanilla, me di cuenta de que era la número 11. Mi cumpleaños es el día 11. Puede parecer una coincidencia. Quizás lo sea. Pero desde hace un año, el 11, el 111 y el 1111 aparecen tanto en nuestras vidas que no podemos evitar detenernos cuando los vemos y sonreír: es como si él nos dijera “aquí estoy’. Ahora me he dado cuenta de que estos números nos han rodeado siempre; los tenemos en nuestros números de teléfono, identificaciones, en la tarjeta de Costco de hace 24 años y hasta en las cuentas nuevas que he tenido que abrir. No necesitamos explicarlo. Para nosotras, es una manera de sentir que él sigue aquí acompañándonos y recordándonos que nos extraña tanto como nosotras a él. Aunque no entendamos del todo el nuevo lenguaje con el que trata de comunicarse con nosotras, estamos aprendiendo a ver las señales. Sonreí y le dije a la persona de la ventanilla: “You made my day”. Me miró sorprendida; yo simplemente le devolví la sonrisa y seguí con el trámite. Salí de allí pensando en esas pequeñas cosas que, aunque para los demás pueden no significar nada, a nosotras nos alegran el día. Quizás por eso terminé revisando las tarjetas de cumpleaños que me regaló durante tantos años. Las guardamos todas. Hace tiempo preparé una caja para cada uno, porque las tarjetas siempre han sido especiales para nosotros. Hoy son mucho más que recuerdos: para mis hijas y para mí, son una manera de volver a escuchar su voz y recordar cuánto nos amó. Volví a leerlas, desde la primera tarjeta que me regaló cuando yo vivía en Los Ángeles y él en San Francisco. Las he guardado por años, pero no las había leído en mucho tiempo. Volver a leerlas una a una era como recorrer nuestra historia nuevamente, cada año en una etapa diferente, y volver a escuchar su voz diciéndome cuánto me amaba, lo importante que éramos para él, cómo adoraba estar en nuestro hogar y lo afortunado que se sentía de tenerme como su esposa y su mejor amiga. Me reiteraba que, juntos, podíamos contra todo. Me quedé pensando en esa frase. Las cosas más sencillas son ahora nuestros grandes tesoros. Nosotros teníamos tantos planes: viajar, envejecer juntos, vivir cerca de la playa, trabajar en nuestra organización y descubrir cafecitos por el camino. Planes sencillos, de esos que se construyen conversando mientras imaginamos cómo será la vida dentro de unos años. Y aunque muchos de esos planes ya no podrán suceder como los imaginamos, no quiero que se queden guardados en una caja junto con las tarjetas. Todavía quiero conocer lugares, sentarme en cafés nuevos y disfrutar del mar. Quiero hacerlo con mis hijas, con mis amigas y también conmigo misma. Algunas cosas las viviré de una manera distinta a la que imaginamos, pero eso no significa que tenga que dejar de vivirlas... y seguiré sonriendo con lágrimas en los ojos imaginándolo junto a mí. Mi otra yo, hace tres años Si la Johanna de hoy pudiera sentarse a conversar con la de hace tres años, creo que ninguna de las dos podría imaginar todo lo que estaba por suceder. En 2023 celebré mis 50 años en Zihuatanejo, México. Viajamos solos por primera vez en mucho tiempo. Mi esposo decidió no ir a su tradicional viaje de pesca familiar para estar conmigo. Como no teníamos familia cerca, siempre nos turnábamos para viajar y cuidar a nuestras hijas, pero para entonces las dos ya estaban más grandes y en la universidad. La pasamos genial. Reímos, hicimos bromas, caminamos por la ciudad y vimos atardeceres juntos. Hablamos de nuestros próximos años, de viajar, de disfrutar lo que habíamos construido y de todos esos lugares que todavía queríamos conocer. Sentíamos que comenzaba una etapa diferente. No teníamos ni idea de lo que vendría. Al año siguiente, mi esposo pasó mi cumpleaños en San Diego, donde recibió siete semanas de radioterapia. Y el año pasado, ese mismo día, nos estábamos mudando a la casa de la playa. Por la noche, Tia Anita y mis hijas me tenían pastel, nuestros amigos nos ayudaron a conectar todo y desempacar hasta el último par de medias. Mi esposo no recordaba que era mi cumpleaños, así que solo hizo una cara de sorpresa al darse cuenta de que lo había olvidado. Él ya no podía hablar, pero mis hijas le mostraron las rosas rojas que él siempre me regalaba y los regalos, y le dijeron: “We got you, Dada”. Él nos miró y sonrió. Ocho días después, nos despediríamos de él. Quizás por eso he sentido tanta necesidad de recordar. Hace poco empecé a anotar en una hoja lo que había vivido en esta misma fecha en años anteriores. Quería conservar esos momentos y entender cuánto había cambiado nuestra vida sin imaginarlo. Así descubrí el diario de cinco años One Line a Day. Me gustó tanto la idea de escribir unas pocas líneas cada día y volver, con el tiempo, a leer lo vivido, que también se lo regalé a mi hija y a mi sobrina. Hoy escribo en él los recuerdos de aquellos años y lo difícil que ha sido cada día sin mi soulmate. Al pensar en el próximo año, me doy cuenta de que no tengo manera de saber cómo será mi vida entonces. Le he entregado las llaves de mi vida a Dios; en sus manos está, como ha estado durante todo este tiempo. Por eso, dejaré mi página en blanco para el próximo año. No tenemos asegurado ningún día del futuro. Tenemos el presente y los recuerdos que nos acompañan y nos recuerdan el camino recorrido. Hoy mi manera de pensar y de mirar la vida es muy diferente de la que tenía hace tres años, hace dos o el año pasado. Me queda seguir caminando y descubrir esta nueva versión de mí: qué me gusta, qué quiero cambiar, dejar ir, con qué sueño y qué me hace sonreír de nuevo. Quiero seguir descubriendo el mundo, como tantas veces soñamos hacerlo juntos. No sé qué escribiré en la página del próximo año. Por ahora, quiero vivir este, agradeciendo el poder celebrarlo abrazando a mis hijas, un día a la vez. Este año, llegué a casa y mi hija me había traído rosas rojas, me dijo dada quería que te las comprara. Me regalo una tarjeta con un mensaje hermoso que guardaré en mi caja. El deseo que dejé al aire Mi cumple en Colombia con mi familia EN EL 2018 Para celebrar mi cumpleaños, mis hijas me llevaron a un restaurante lindísimo con vista a la bahía de San Diego. Me enviaron una lista de varios restaurantes y todos los días me preguntaban a cuál quería ir. Hicieron la reserva y estaban tan emocionadas de poder invitarme a este lugar. Comimos, probamos cosas nuevas y brindamos por Dada, por las nuevas experiencias juntas; recordamos sus dichos y lo imaginamos con nosotras toda la noche. Los restaurantes con vista a la playa eran sus favoritos. Después de cantar el cumpleaños, cuando debía soplar la vela, me di cuenta de que no tenía un deseo claro. Pensé en el video de su último cumpleaños. Yo le preguntaba si había pedido su deseo y él me decía que sí. Todavía me pregunto qué habrá pedido, y si su deseo se cumplió. Cuando llega nuestro cumpleaños, casi siempre tenemos muchas cosas que queremos pedir antes de soplar la vela; una vez al año, debe ser un buen deseo. Pero esta vez no había lista de deseos: lo que más deseaba era que él estuviera aquí, lo cual no es posible. Así que dejé mi deseo al aire. Dios ya conoce mi corazón. Soplé la vela y dejé mi deseo en blanco… Ese mismo fin de semana vi a mi hija disfrutar y sonreír durante su regata, rodeada de amigos que la han acompañado y apoyado por todos estos años y eso me llena el corazón. Las vi súper emocionadas planeando mi cumpleaños, orgullosas de pagar la cuenta; mi hija menor ordenó ostras y, solo por ella, comí mi primera ostra con ella. Ahora verlas, abrazarlas y amarlas es lo que me da paz y me hace levantarme todos los días. Con mi esposo siempre tratamos de disfrutarlas al máximo; ellas saben lo orgullosos que estamos de sus logros y de todo lo que todavía nos queda por compartir. Como ellas dicen, nos recargamos unas con otras para seguir adelante. No sabemos cuáles serán nuestras últimas veces. Pero hoy todavía tenemos abrazos que dar, conversaciones que compartir y momentos que, sin saberlo, algún día recordaremos. Cada día lo extraño aún más, y sonrío recordando nuestras aventuras, conversaciones o solo nuestro tiempo juntos. Y aunque a él la vida le quedó corta para cumplir nuestros sueños futuros juntos, amo la vida que tuvimos y, poco a poco, aprenderé a disfrutar la que tengo hoy sin él. Seguir adelante no significa dejar atrás a quien amamos: significa encontrar la manera de llevarlo con nosotras mientras seguimos caminando, así sea un respiro a la vez. Quiero aprender a estar presente para vivir cada instante, con esa manera de disfrutar la vida que tanto le admiraba a mi esposo. Lo que agradezco Tener a mis hijas cerca en estas fechas y compartir con ellas recuerdos, conversaciones y nuevos momentos. Las rosas lindas que mis hijas me regalan de parte de su Dada, las tarjetas super lindas con mensajes del corazón que nos seguimos regalando, y su ilusión de llevarme al restaurante más lindo con vista a la bahía. Haber escuchado a mi cuerpo cuando necesitaba parar, aunque me costara soltar un plan que me hacía ilusión. Las tarjetas que guardé durante tantos años y que hoy nos permiten volver a escuchar, de alguna manera, las palabras de mi esposo. Esas pequeñas señales que le dan un brillo de luz a nuestros días. Lo que aprendí Una vuelta más al sol para entender que honrar el pasado no es quedarnos en él, sino atrevernos a vivir el presente. La vida es un ratico y el mañana no lo tenemos asegurado. Descansar también es una forma de cuidarme, y decirme «hoy no se puede» está bien. Puedo seguir haciendo planes, aunque algunos sean distintos a los que imaginé. Mis Tiny Pieces of Joy Esta semana, mis pequeños momentos de alegría fueron: Vivir a unas horas de mi hija y poder llevarla a urgencias cuando lo necesitaba. La regata de mi hija y la ilusión que le hacía vernos allí. Disfrutar de una cena recordando y riéndonos de los dichos de mi esposo, frente a la bahía de San Diego. La llamada de mi familia que está en tres países diferentes al mío, mientras manejaba a San Diego. Los mensajes, llamadas de felicitación y las tarjetas que recibí por mi cumpleaños. Los trámites y pendientes que pude chulear de mi lista. Los números 11 y las mariposas que nos acompañan cada día. Nuestro diario One Line a Day que nos ayuda a recordar y guardar en un solo lugar aquellas cosas priceless que no queremos olvidar de esos 5 anos de vida. Pequeñas cosas y pequeños momentos que terminan convirtiéndose en las grandes cosas que nos sostienen, un día y un paso a la vez. Competencia de regata, alrededor de 50 barcos de diferentes universidades en San Diego Frase de esta semana Este año quiero seguir encontrándome, incluso en los días en que extraño tanto la vida que imaginé Un paso para esta semana Piensa en algo que llevas tiempo dejando para después. Puede ser llamar a alguien, hacer un pequeño viaje, sentarte a tomar un café sin prisa o empezar ese proyecto que sigue esperando su momento. No tiene que ser algo grande. A veces, basta con dar el primer paso. Y tú, ¿hay algún recuerdo cotidiano que hoy tenga un significado distinto para ti? ¿Alguna de esas pequeñas cosas que nunca imaginaste que llegarías a extrañar? Te leo en los comentarios Gracias por acompañarme una semana más, por leer estas cartas y por hacerme sentir que, aunque cada una esté viviendo su propia historia, no tenemos que recorrerla completamente solas. Ahora las cartas también se escuchan. Si prefieres ponerle audio mientras caminas, manejas o te preparas un café, ya puedes encontrarlas en Spotify como Un Paso a la Vez con Johanna (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G) Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si tú también estás atravesando tu propio proceso para volver a empezar, quédate por aquí. Comparte con esa amiga en la que estás pensando o con quién lo necesite. Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you, my friend — te veo, amiga. A mi propio ritmo, Un día y un paso a la vez. Con cariño, Johanna This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

17 Oct 2026
Lo que esconden las últimas veces
Lo que esconden las últimas veces Las fechas que duelen, las señales que nos acompañan y aprender a no olvidarnos de nosotras mismas. Octubre siempre ha sido mi mes favorito. Me encanta el otoño: ver cómo cambian de color las hojas de los árboles, decorar la casa con calabazas, poner el difusor con olor a clavo y canela, y preparar esa sidra de manzana caliente que tomamos con mis hijas. Hay algo en esta época del año que siempre me ha hecho sentir que algo nuevo comienza. Antes nos hacía muchísima ilusión y contábamos los días. En casa mi familia preparaba misiones secretas y planes para mi cumpleaños, y era el mes del viaje de pesca de mi esposo con su papá, sus hermanos y sus amigos —una tradición que mantenía desde los 13 años—. También llegaban el aniversario de mi trabajo en la escuelita que tanto quería y nuestro aniversario de bodas. Pero desde el año pasado, octubre también se ha convertido en uno de los meses más difíciles para nosotras. Está lleno de recuerdos que todavía nos duele traer a la memoria o asimilar. Hoy todas esas fechas tienen otro significado. A ellas se suman el primer aniversario de su partida, el día en que dejamos nuestra casa después de 20 años y la despedida de Akira, nuestra perrita. Y, por supuesto, Halloween. Una fecha que le encantaba. Se la pasaba pensando en los disfraces que nos pondríamos al ir a pedir dulces con nuestras hijas y para recibir a los niños que tocaban a la puerta. Siempre me decía: «Pretzi, ¿cómo vamos a abrir la puerta sin disfraz? ¡Kids are going to think we are not fun!». Le fascinaba preguntarle a cada niño de qué venía disfrazado y reírse con ellos. Hoy miramos estas fechas con gratitud por todo lo vivido y las tradiciones que construimos, pero también con nostalgia por toda la vida que tuvimos que dejar ir. Su ausencia sigue aquí, más aún en los momentos que nos hacen sonreír. Últimamente he pensado mucho en las últimas veces. El último cumpleaños que celebramos juntos sin saber que sería el último. Su último viaje de pesca. El último abrazo, el último beso, el último paseo, el último deseo, la última tarjeta de cumpleaños y de aniversario que me regaló. Nuestro último disfraz juntos. La vida casi nunca nos avisa que estamos haciendo algo por última vez. Seguimos con la rutina, hacemos planes para el mes siguiente y pensamos que habrá otra oportunidad… hasta que un día ya no la hay. No escribo esto para vivir con miedo a que todo se termine. Lo pienso porque hoy miro de otra manera esos momentos que antes parecían tan normales: una conversación en la cocina, una cena cualquiera, un abrazo antes de salir de casa o esa canción que bailábamos en el patio mientras él hacía el BBQ y yo limpiaba la casa. Si pudiera volver un instante atrás —como en las películas, para tener un redo, un one more time— me aseguraría de estar presente al cien por ciento, con la mejor actitud y disfrutando cada segundo para decirle cuánto lo amo y lo afortunada que soy de haberlo tenido en mi vida, dejando atrás todo lo que al final no importaba. ¡Quién iba a pensar que esos instantes cotidianos terminarían convirtiéndose en recuerdos tan valiosos! Mis hijas grabaron aquel baile en el patio. Es un video de apenas unos segundos, pero hoy lo veo una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas y, al mismo tiempo, sonriendo al recordarlo y ver lo felices que fuimos con cosas tan simples. No quiero olvidarme de cómo se sentía nuestra vida, de esas pequeñas costumbres tan nuestras que terminaron construyendo nuestra historia y que hoy nos ayudan a mantener vivo su recuerdo. Si algo me ha enseñado este último año es que quiero estar más presente en mi propia vida. No siempre me resulta fácil; vivo con mil ideas en la cabeza, muchos proyectos , me gusta estar tomando cursos y leyendo libros. y ahora tengo una lista interminable de pendientes como madre cabeza de familia. Intento estar más presente y menos ausente en cada instante: con las personas que amo, las conversaciones que todavía podemos tener, un simple mensaje de texto con un «hola» y esos momentos cotidianos que hoy vivimos sin saber cuánto significarán para nosotros mañana. Recuerdo que me organizo una fiesta sorpresa en el mall donde teníamos nuestro restaurante al cual invitó a todas mis mejores amigas, pensé solo seriamos nosotros 4 ya que él trabajaría hasta cerrar, al llegar vi a un grupo de más de 15 personas allí. Señales y las tarjetas que guardé Esa semana fue de esas en las que parece que todo se junta. Fui a San Diego a llevar a mi hija a Urgencias, tenía varios pendientes por resolver y me hacía mucha ilusión participar en la carrera contra el cáncer de UC Irvine un día antes de mi cumpleaños. Llevaba una semana larga, manejando de un lado a otro. El sábado me levanté con dolor en las piernas y en los brazos, y supe que no iba a aguantar una carrera de 5K. Al día siguiente quería ir a San Diego a celebrar mi cumpleaños con mis hijas y acompañar a mi hija mayor a su competencia de regatas. Así que decidí no ir. No fue una decisión fácil. Llevaba semanas ilusionada, ya que quería hacerla por mi esposo, por mi hermano y por las personas que conozco que han luchado o siguen luchando contra esta enfermedad, y una parte de mí quería cumplir con todo lo que había planeado. Pero a veces, cuidarnos también significa aceptar que no podemos estar en todas partes ni hacerlo todo, y que tenemos que decirnos: “Hoy no se puede”. Entre los pendientes estaba renovar mi licencia de conducir. Tuve que ir a otra ciudad, ya que no había citas cerca de casa antes de que se venciera. El lugar estaba lleno y, cuando llegó mi turno en la ventanilla 12, la persona encargada tuvo que salir a su descanso. Antes de irse, buscó a alguien más para que pudiera ayudarme. Cuando me acerqué a la nueva ventanilla, me di cuenta de que era la número 11. Mi cumpleaños es el día 11. Puede parecer una coincidencia. Quizás lo sea. Pero desde hace un año, el 11, el 111 y el 1111 aparecen tanto en nuestras vidas que no podemos evitar detenernos cuando los vemos y sonreír: es como si él nos dijera “aquí estoy’. Ahora me he dado cuenta de que estos números nos han rodeado siempre; los tenemos en nuestros números de teléfono, identificaciones, en la tarjeta de Costco de hace 24 años y hasta en las cuentas nuevas que he tenido que abrir. No necesitamos explicarlo. Para nosotras, es una manera de sentir que él sigue aquí acompañándonos y recordándonos que nos extraña tanto como nosotras a él. Aunque no entendamos del todo el nuevo lenguaje con el que trata de comunicarse con nosotras, estamos aprendiendo a ver las señales. Sonreí y le dije a la persona de la ventanilla: “You made my day”. Me miró sorprendida; yo simplemente le devolví la sonrisa y seguí con el trámite. Salí de allí pensando en esas pequeñas cosas que, aunque para los demás pueden no significar nada, a nosotras nos alegran el día. Quizás por eso terminé revisando las tarjetas de cumpleaños que me regaló durante tantos años. Las guardamos todas. Hace tiempo preparé una caja para cada uno, porque las tarjetas siempre han sido especiales para nosotros. Hoy son mucho más que recuerdos: para mis hijas y para mí, son una manera de volver a escuchar su voz y recordar cuánto nos amó. Volví a leerlas, desde la primera tarjeta que me regaló cuando yo vivía en Los Ángeles y él en San Francisco. Las he guardado por años, pero no las había leído en mucho tiempo. Volver a leerlas una a una era como recorrer nuestra historia nuevamente, cada año en una etapa diferente, y volver a escuchar su voz diciéndome cuánto me amaba, lo importante que éramos para él, cómo adoraba estar en nuestro hogar y lo afortunado que se sentía de tenerme como su esposa y su mejor amiga. Me reiteraba que, juntos, podíamos contra todo. Me quedé pensando en esa frase. Las cosas más sencillas son ahora nuestros grandes tesoros. Nosotros teníamos tantos planes: viajar, envejecer juntos, vivir cerca de la playa, trabajar en nuestra organización y descubrir cafecitos por el camino. Planes sencillos, de esos que se construyen conversando mientras imaginamos cómo será la vida dentro de unos años. Y aunque muchos de esos planes ya no podrán suceder como los imaginamos, no quiero que se queden guardados en una caja junto con las tarjetas. Todavía quiero conocer lugares, sentarme en cafés nuevos y disfrutar del mar. Quiero hacerlo con mis hijas, con mis amigas y también conmigo misma. Algunas cosas las viviré de una manera distinta a la que imaginamos, pero eso no significa que tenga que dejar de vivirlas... y seguiré sonriendo con lágrimas en los ojos imaginándolo junto a mí. Mi otra yo, hace tres años Si la Johanna de hoy pudiera sentarse a conversar con la de hace tres años, creo que ninguna de las dos podría imaginar todo lo que estaba por suceder. En 2023 celebré mis 50 años en Zihuatanejo, México. Viajamos solos por primera vez en mucho tiempo. Mi esposo decidió no ir a su tradicional viaje de pesca familiar para estar conmigo. Como no teníamos familia cerca, siempre nos turnábamos para viajar y cuidar a nuestras hijas, pero para entonces las dos ya estaban más grandes y en la universidad. La pasamos genial. Reímos, hicimos bromas, caminamos por la ciudad y vimos atardeceres juntos. Hablamos de nuestros próximos años, de viajar, de disfrutar lo que habíamos construido y de todos esos lugares que todavía queríamos conocer. Sentíamos que comenzaba una etapa diferente. No teníamos ni idea de lo que vendría. Al año siguiente, mi esposo pasó mi cumpleaños en San Diego, donde recibió siete semanas de radioterapia. Y el año pasado, ese mismo día, nos estábamos mudando a la casa de la playa. Por la noche, Tia Anita y mis hijas me tenían pastel, nuestros amigos nos ayudaron a conectar todo y desempacar hasta el último par de medias. Mi esposo no recordaba que era mi cumpleaños, así que solo hizo una cara de sorpresa al darse cuenta de que lo había olvidado. Él ya no podía hablar, pero mis hijas le mostraron las rosas rojas que él siempre me regalaba y los regalos, y le dijeron: “We got you, Dada”. Él nos miró y sonrió. Ocho días después, nos despediríamos de él. Quizás por eso he sentido tanta necesidad de recordar. Hace poco empecé a anotar en una hoja lo que había vivido en esta misma fecha en años anteriores. Quería conservar esos momentos y entender cuánto había cambiado nuestra vida sin imaginarlo. Así descubrí el diario de cinco años One Line a Day. Me gustó tanto la idea de escribir unas pocas líneas cada día y volver, con el tiempo, a leer lo vivido, que también se lo regalé a mi hija y a mi sobrina. Hoy escribo en él los recuerdos de aquellos años y lo difícil que ha sido cada día sin mi soulmate. Al pensar en el próximo año, me doy cuenta de que no tengo manera de saber cómo será mi vida entonces. Le he entregado las llaves de mi vida a Dios; en sus manos está, como ha estado durante todo este tiempo. Por eso, dejaré mi página en blanco para el próximo año. No tenemos asegurado ningún día del futuro. Tenemos el presente y los recuerdos que nos acompañan y nos recuerdan el camino recorrido. Hoy mi manera de pensar y de mirar la vida es muy diferente de la que tenía hace tres años, hace dos o el año pasado. Me queda seguir caminando y descubrir esta nueva versión de mí: qué me gusta, qué quiero cambiar, dejar ir, con qué sueño y qué me hace sonreír de nuevo. Quiero seguir descubriendo el mundo, como tantas veces soñamos hacerlo juntos. No sé qué escribiré en la página del próximo año. Por ahora, quiero vivir este, agradeciendo el poder celebrarlo abrazando a mis hijas, un día a la vez. Este año, llegué a casa y mi hija me había traído rosas rojas, me dijo dada quería que te las comprara. Me regalo una tarjeta con un mensaje hermoso que guardaré en mi caja. El deseo que dejé al aire Mi cumple en Colombia con mi familia EN EL 2018 Para celebrar mi cumpleaños, mis hijas me llevaron a un restaurante lindísimo con vista a la bahía de San Diego. Me enviaron una lista de varios restaurantes y todos los días me preguntaban a cuál quería ir. Hicieron la reserva y estaban tan emocionadas de poder invitarme a este lugar. Comimos, probamos cosas nuevas y brindamos por Dada, por las nuevas experiencias juntas; recordamos sus dichos y lo imaginamos con nosotras toda la noche. Los restaurantes con vista a la playa eran sus favoritos. Después de cantar el cumpleaños, cuando debía soplar la vela, me di cuenta de que no tenía un deseo claro. Pensé en el video de su último cumpleaños. Yo le preguntaba si había pedido su deseo y él me decía que sí. Todavía me pregunto qué habrá pedido, y si su deseo se cumplió. Cuando llega nuestro cumpleaños, casi siempre tenemos muchas cosas que queremos pedir antes de soplar la vela; una vez al año, debe ser un buen deseo. Pero esta vez no había lista de deseos: lo que más deseaba era que él estuviera aquí, lo cual no es posible. Así que dejé mi deseo al aire. Dios ya conoce mi corazón. Soplé la vela y dejé mi deseo en blanco… Ese mismo fin de semana vi a mi hija disfrutar y sonreír durante su regata, rodeada de amigos que la han acompañado y apoyado por todos estos años y eso me llena el corazón. Las vi súper emocionadas planeando mi cumpleaños, orgullosas de pagar la cuenta; mi hija menor ordenó ostras y, solo por ella, comí mi primera ostra con ella. Ahora verlas, abrazarlas y amarlas es lo que me da paz y me hace levantarme todos los días. Con mi esposo siempre tratamos de disfrutarlas al máximo; ellas saben lo orgullosos que estamos de sus logros y de todo lo que todavía nos queda por compartir. Como ellas dicen, nos recargamos unas con otras para seguir adelante. No sabemos cuáles serán nuestras últimas veces. Pero hoy todavía tenemos abrazos que dar, conversaciones que compartir y momentos que, sin saberlo, algún día recordaremos. Cada día lo extraño aún más, y sonrío recordando nuestras aventuras, conversaciones o solo nuestro tiempo juntos. Y aunque a él la vida le quedó corta para cumplir nuestros sueños futuros juntos, amo la vida que tuvimos y, poco a poco, aprenderé a disfrutar la que tengo hoy sin él. Seguir adelante no significa dejar atrás a quien amamos: significa encontrar la manera de llevarlo con nosotras mientras seguimos caminando, así sea un respiro a la vez. Quiero aprender a estar presente para vivir cada instante, con esa manera de disfrutar la vida que tanto le admiraba a mi esposo. Lo que agradezco Tener a mis hijas cerca en estas fechas y compartir con ellas recuerdos, conversaciones y nuevos momentos. Las rosas lindas que mis hijas me regalan de parte de su Dada, las tarjetas super lindas con mensajes del corazón que nos seguimos regalando, y su ilusión de llevarme al restaurante más lindo con vista a la bahía. Haber escuchado a mi cuerpo cuando necesitaba parar, aunque me costara soltar un plan que me hacía ilusión. Las tarjetas que guardé durante tantos años y que hoy nos permiten volver a escuchar, de alguna manera, las palabras de mi esposo. Esas pequeñas señales que le dan un brillo de luz a nuestros días. Lo que aprendí Una vuelta más al sol para entender que honrar el pasado no es quedarnos en él, sino atrevernos a vivir el presente. La vida es un ratico y el mañana no lo tenemos asegurado. Descansar también es una forma de cuidarme, y decirme «hoy no se puede» está bien. Puedo seguir haciendo planes, aunque algunos sean distintos a los que imaginé. Mis Tiny Pieces of Joy Esta semana, mis pequeños momentos de alegría fueron: Vivir a unas horas de mi hija y poder llevarla a urgencias cuando lo necesitaba. La regata de mi hija y la ilusión que le hacía vernos allí. Disfrutar de una cena recordando y riéndonos de los dichos de mi esposo, frente a la bahía de San Diego. La llamada de mi familia que está en tres países diferentes al mío, mientras manejaba a San Diego. Los mensajes, llamadas de felicitación y las tarjetas que recibí por mi cumpleaños. Los trámites y pendientes que pude chulear de mi lista. Los números 11 y las mariposas que nos acompañan cada día. Nuestro diario One Line a Day que nos ayuda a recordar y guardar en un solo lugar aquellas cosas priceless que no queremos olvidar de esos 5 anos de vida. Pequeñas cosas y pequeños momentos que terminan convirtiéndose en las grandes cosas que nos sostienen, un día y un paso a la vez. Competencia de regata, alrededor de 50 barcos de diferentes universidades en San Diego Frase de esta semana Este año quiero seguir encontrándome, incluso en los días en que extraño tanto la vida que imaginé Un paso para esta semana Piensa en algo que llevas tiempo dejando para después. Puede ser llamar a alguien, hacer un pequeño viaje, sentarte a tomar un café sin prisa o empezar ese proyecto que sigue esperando su momento. No tiene que ser algo grande. A veces, basta con dar el primer paso. Y tú, ¿hay algún recuerdo cotidiano que hoy tenga un significado distinto para ti? ¿Alguna de esas pequeñas cosas que nunca imaginaste que llegarías a extrañar? Te leo en los comentarios Gracias por acompañarme una semana más, por leer estas cartas y por hacerme sentir que, aunque cada una esté viviendo su propia historia, no tenemos que recorrerla completamente solas. Ahora las cartas también se escuchan. Si prefieres ponerle audio mientras caminas, manejas o te preparas un café, ya puedes encontrarlas en Spotify como Un Paso a la Vez con Johanna (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G) Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si tú también estás atravesando tu propio proceso para volver a empezar, quédate por aquí. Comparte con esa amiga en la que estás pensando o con quién lo necesite. Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you, my friend — te veo, amiga. A mi propio ritmo, Un día y un paso a la vez. Con cariño, Johanna This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

8 Oct 2026
Hablemos de lo que callamos
Hoy quiero hablarte de algo que creo que nos pasa a todos los padres. Sé que con mi esposo teníamos estas conversaciones casi a diario, y también las he tenido a través de los años con mi hermana, con amigas y mamás de amigos de mis hijas, pero normalmente es algo que rara vez discutimos en público. El miedo. Ese miedo que aparece desde el mismo día en que nos dicen que estamos embarazadas y que, de alguna manera, ya nunca desaparece. Solo cambia de forma. Cuando son bebés, nos levantamos en la madrugada para comprobar que están respirando, y cada llanto a medianoche nos deja sentadas en la cama. Es ese mismo miedo que nos sigue a través de sus vidas, en cada una de las etapas que empiezan a vivir y en las que tú ya no eres protagonista, ni el superhéroe que siempre llega al rescate, ahora eres solo un testigo. Después llega el momento de iniciar el colegio, y nos angustia pensar si llorarán cuando les digas adiós y debas irte, porque tú ya estás aguantando las lágrimas: * Si harán amigos. * Si tendrán a alguien con quien comer el snack. * Si alguien los trató mal. * Si se cayeron o alguien se burló de ellos. Te preocupas hasta que los recoges y vuelves a abrazarlos. Luego vienen las pijamadas. Y ahí empieza otro tipo de miedo: * ¿Quién más estará en esa casa? * ¿Quién llegará cuando tú ya te hayas ido? * ¿Hay hermanos mayores? ¿Hay piscina? ¿Hay armas? * ¿Realmente conocemos a los papás? Durante años, nosotros dijimos que no a muchas pijamadas. No porque quisiéramos criar a nuestras hijas dentro de una burbuja, sino porque sabíamos que no podíamos dejar la seguridad de nuestros hijos al azar solamente porque socialmente se espera que digas que sí. Muchas veces, la solución era hacer la pijamada en nuestra propia casa. Llegan los paseos del colegio, las idas al centro comercial para buscar ropa o ir al cine, las fiestas a las que ya no eres invitada —solo los dejas y te vas, o sus amigos vienen a recogerlos y dices adiós—, además el drama de los amigos que ya no quieren serlo y los dejan fuera del grupo. Después aprenden a manejar. Y aunque intentes disimularlo, cada vez que nuestros hijos salen en el carro les echas la bendición mil veces, pones velita y esperas ese mensaje: “Ya llegué. Estoy bien.” Luego los viajes con amigos, la universidad, las primeras decisiones importantes tomadas sin nosotros, las fiestas, los amigos, las relaciones, el alcohol, las drogas. Y de repente nos damos cuenta de algo que nadie nos enseña a manejar y para lo que no hay ningún tip que nos ayude a sentirnos mejor: ya no podemos estar ahí como mamá gallina. * Ya no podemos protegerlos físicamente. * Ya no podemos ser los primeros en llegar si algo sucede. * Ya no podemos controlar quién entra a una fiesta, cuánto beben, quién maneja o quién toma una decisión equivocada. Tenemos que confiar en lo que les hemos enseñado, en su intuición, en sus decisiones y en la relación que construimos con ellos durante todos estos años.. Quizás esa sea una de las partes más difíciles de ser padres: entender que proteger también significa aprender a soltar. Porque es precisamente ahí cuando quisiéramos que fueran pequeños de nuevo, cuando solo los arropamos y los ponemos a dormir para sentir que todo está bien. Pero ya no son pequeños, y nosotros ya no podemos ser los superhéroes que siempre llegan al rescate. Ahora somos testigos. Observamos desde lejos, cruzamos los dedos, rezamos, esperamos el mensaje de “ya llegué” y confiamos en aquellas cosas que hemos enseñado. Quizás por eso nos cuesta tanto dejarlos ir. El cubo de hielo y el tiempo que no se detiene Hace poco escuché a Mel Robbins hablar precisamente de esto en uno de sus podcasts (https://open.spotify.com/episode/2qBeWxSgzPgYoydvF0ucYY?si=OD-K-SMKTpa2Wal0mua7Fg). Utilizaba una imagen muy sencilla: un cubo de hielo que dejamos sobre el mesón en la cocina. El hielo se está derritiendo, y aunque queramos detenerlo, no podemos. Así pasa con el tiempo. El tiempo se nos escurre entre las manos sin darnos cuenta. Cuando son pequeños queremos que sean grandes, y cuando son grandes, que vuelvan a ser pequeños. Ella comparte una manera de mirar los años que pasamos físicamente con nuestros hijos, que me hizo pensar mucho: cuando tienen alrededor de 12 años el cubo de hielo se ha derretido un 75%, gran parte del tiempo que tendremos físicamente con ellos ya ha pasado. Cuando llegan a la universidad, queda todavía menos de un 10% de convivencia diaria con ellos. ¿Te imaginas? No podemos volver a congelar los cubitos ni el tiempo, así que aprovéchalos si aún puedes hacerlo. No podemos acompañarlos a todas partes. No podemos controlar a las personas que conocerán. Ni evitarles todas las decepciones, las lágrimas, los errores o los corazones rotos. Y definitivamente no podemos construirles un mundo donde nunca exista el peligro. Ojalá pudiéramos. Pero no podemos. Lo que sí podemos hacer es prepararlos para vivir en este mundo: * Cuando son pequeños, los protegemos. * Después enseñamos. * Más adelante escuchamos. Y finalmente solo nos queda confiar en lo que hemos compartido con ellos y en lo que hemos sembrado a través de los años. Una conversación que no podemos seguir evitando Hace poco mis hijas estaban hablando de unas noticias que habían visto en redes sociales. Y mientras las escuchaba, pensé en algo que me cuesta incluso escribir, porque esto no empezó esta semana, ni en una universidad, ni con las redes sociales, ni con #MeToo. Las mujeres llevamos décadas hablando —muchas veces en voz baja— de situaciones de acoso, abuso, agresión y violencia sexual. Si nos sentáramos alrededor de una mesa entre mujeres y comenzáramos a hablar de verdad, probablemente descubriríamos que conocemos a más Janes Doe de las que imaginamos: una amiga, una hermana, una compañera de trabajo, una conocida, una familiar y posiblemente nosotras mismas. Alguien que nunca contó lo que le pasó, a quien no le creyeron, o que sintió vergüenza y miedo de que el mundo se volviera en su contra. Y muchas veces, antes de preguntar “¿Qué te hicieron?”, el mundo pregunta: * ¿Qué tenías puesto? * ¿Cuánto habías tomado? * ¿Por qué estabas ahí? * ¿Por qué no dijiste que no? Preguntas que terminan colocando sobre la persona agredida la responsabilidad de lo que otra persona decidió hacer. El movimiento #MeToo hizo visible en una escala enorme algo que llevaba décadas ocurriendo en silencio; lo que cambió fue que muchas mujeres finalmente comenzaron a sentirse acompañadas para hablar. Y todavía tenemos mucho camino por recorrer y cosas que aprender. ¿Cómo los protegemos sin cortarles las alas? Esta pregunta se volvió todavía más personal para mi cuando nuestras hijas comenzaron a crecer. Porque una parte de mi quería envolverlas en plástico de burbujas, pero otra sabía que no quería enseñarles a vivir aterradas del mundo. Nosotros queríamos que conocieran el mundo, que viajaran, que estudiaran donde quisieran, que bailaran, que se enamoraran, que se equivocaran y que vivieran la vida a su manera. Queríamos enseñarles a cuidarse, pero también a confiar en su intuición. Y eso empieza mucho antes de la universidad. Empieza en casa: * Desde pequeñas les enseñamos que su cuerpo les pertenece. * Que no tenían que dar un beso o un abrazo solo por “buena educación” si algo las hacía sentir incómodas. * Que podían decir que no, irse y contárnoslo todo. Y cuando llegaron a la universidad, especialmente estando lejos de casa, ya no podíamos estar físicamente ahí. Nos tocó confiar en las conversaciones de la cocina, en el carro, en los valores que tenemos como familia y en algo muy importante: que supieran que nuestra casa siempre sería un lugar seguro para volver. El pacto de las 3:00 de la mañana Antes de soltarlas al mundo real, nosotros hicimos un pacto claro y sin condiciones, y les dijimos: “Si alguna vez estás en un lugar donde no te sientes segura, me llamas. Si bebiste demasiado, me llamas. Si tus amigos están en problemas, me llamas. Si te dejan sola, me llamas. Si alguien cruzó un límite, me llamas. Si cometiste un error, me llamas. Si tienes miedo, me llamas. Si son las 3:00 de la mañana, me llamas.” (O a la hora que fuera). Ellas sabían que si estábamos cerca iríamos a buscarlas, y si no, encontraríamos la manera de solucionar la situación. Y dejamos algo muy claro: no pediríamos explicaciones en ese momento. Primero estarían a salvo; después hablaríamos. Porque si nuestros hijos tienen miedo de llamarnos porque temen que los juzguemos antes de ayudarlos, terminarán llamando a alguien más... o a nadie. Y nosotros preferimos mil veces recibir una llamada a las 3:00 de la mañana que descubrir al día siguiente que necesitaban ayuda y tuvieron miedo de llamarnos, cómo veían que sucedía con otros amigos. El código de las chicas También aprendimos que cuando están lejos de casa, sus amigos y amigas se convierten en una red vital de seguridad. Mis hijas nos contaban que entre ellas se cuidaban (no one gets left behind). Además pueden llamar al campus patrol de la Universidad, si necesitan ayuda. Por eso debemos recordarles que: * Lleguen juntas y estén pendientes unas de otras. * Presten atención a sus bebidas todo el tiempo. * No dejen sola a una amiga que no se siente bien. * Tengan una palabra, un código, un mensaje o un emoji que signifique: “Necesito que vengas por mí, que me ayudes.” * Si una amiga está en peligro, buscar ayuda no es traicionarla; guardar silencio ante una situación peligrosa nunca es lealtad. Lo que nos toca enseñar: consentimiento y límites claros Enseñarles a cuidarse también implica hablar con absoluta claridad sobre el consentimiento, tanto con nuestras hijas como con nuestros hijos: * Un “NO” es suficiente y no necesita explicación. * Un “SI” puede cambiar; una persona puede cambiar de opinión. * El silencio no es consentimiento. * Una persona demasiado intoxicada para tomar decisiones no puede ser considerada disponible solo porque no dijo que no. Si alguien cruza un límite, la responsabilidad pertenece siempre a quien decidió cruzarlo. No importa la fiesta, la ropa, el alcohol, el coqueteo o haberse arrepentido después. Nunca es responsabilidad de la persona agredida. Y educar a nuestros hijos hoy también significa criar hombres que no se ríen, no graban, no comparten y no miran hacia otro lado cuando ven algo incorrecto; hombres que intervienen, piden ayuda o se van. Porque el verdadero respeto es cuando alguien sabe tratar y respetar a cualquier mujer, incluso cuando ninguna de las personas que ellos aman estén allí mirándolos. La realidad que no podemos ignorar Y hay otra conversación que necesitamos tener. Vivimos en una sociedad donde muchas veces se habla de respeto, pero al mismo tiempo existen grupos de amigos —en chats, mensajes de texto, emails o redes privadas— donde se comparten fotografías de mujeres, comentarios no apropiados o imágenes íntimas como si fueran simples bromas. A veces de mujeres que conocen, a veces de mujeres que no. Y me pregunto: ¿En qué momento algo que sería completamente inaceptable decir frente a una hermana, mamá, novia, esposa, una hija, o una amiga se vuelve aceptable cuando están entre hombres? Lo más extraño es que muchos de esos hombres tienen madres, hermanas, novias, hijas, esposas, sobrinas, amigas, nietas... mujeres que aman y respetan, y que probablemente no querrán encontrar jamás una fotografía suya o de alguna otra mujer circulando por error en uno de esos grupos. Entonces, la verdadera prueba de respeto no es solo cómo tratamos a una mujer que amamos, sino cómo hablamos de una mujer que no conocemos y qué hacemos cuando nuestros amigos cruzan la línea. Tener el valor de decir: “No. Esto no está bien.” Lo que más me preocupa: el silencio A veces el abuso puede durar unos minutos, pero la vergüenza, el miedo, el trauma y el temor pueden quedar grabados de por vida. Por eso una de las cosas más importantes que podemos enseñarles es que pedir ayuda nunca debe convertirse en un segundo castigo. Quizás eso es parte de lo que estoy aprendiendo en esta etapa: ser mamá siempre fue proteger. Pero ahora, como cabeza de familia, también entiendo que proteger no significa evitarles todo, sino darles herramientas para navegar la vida, tomar decisiones, reconocer límites, decir no y pedir ayuda. Y después... nos toca confiar. En ellos. En lo que les enseñamos. En la relación que tenemos y seguimos construyendo, basada en el respeto, la compasión y la verdad. Lo que Aprendí Esta semana me quedo pensando en esto: ¿Mis hijas saben que pueden llamarme incluso cuando tengan miedo de decepcionarme? No necesitamos una conversación formal. Puede ser en el teléfono, mientras cocinamos o tomamos un café, y simplemente decirles: “Sabes que siempre puedes llamarme a cualquier hora. No importa qué haya pasado. Primero voy a ayudarte. Después hablamos.” A veces repetir lo que creemos obvio o no puede hacer la diferencia. Mis Tiny Pieces of Joy esta semana Esta semana quiero agradecer esas pequeñas cosas que me recuerdan que la vida también está hecha de momentos sencillos: * Una conversación con mis hijas, sincera escuchando sus puntos de vista sobre algo que es importante y más relevante en este momento. * Una invitación que me llegó a un cóctel, al que fui con mi hija como mi +1. Era de las más jóvenes y aunque no conocíamos a nadie, verla hablando con los otros invitados me recordó mucho a mi esposo, quien siempre hacía lo mismo. * Una charla por texto con mi amiga F y el regalo sorpresa que está haciendo para mí. * Un WhatsApp repentino de un par de amigas (F & C) de México, con quienes fui a Japón; estaban haciendo una carrera en Baja California y querían compartirla conmigo. * Un sobre sorpresa de un gran amigo de mi esposo con una carta de 4 hojas escrita a mano, donde nos contaba cómo se conocieron con mi esposo hace 35 años y sus aventuras juntos, para nuestros recuerdos; es priceless. Un paso a la vez: “Proteger no es vivir con miedo, sino sembrar confianza y darles alas sabiendo que siempre hay un lugar al cual regresar” Johanna Caldas-Garcia Habla con tus hijos y pregúntales: “¿Qué harías si te encuentras en una situación que no sabes cómo manejar?”. Escucha sin corregir de inmediato, y recuérdales: “Siempre puedes llamarme”. Aunque olviden muchas de nuestras conversaciones, quiero que esto lo recuerden. Aunque todavía estoy aprendiendo a navegar esta nueva etapa, casi un año después de la muerte de mi esposo. Llega el momento en que tenemos que dejar que nuestros hijos vuelen. No porque dejemos de tener miedo, sino porque entendemos que el amor también es confiar. Darles los cimientos y después dejarlos buscar su propio mundo. Recordárles que, aunque ya no podamos caminar cada paso a su lado, siempre pueden llamarnos para retomar, regresar o dar el siguiente paso juntos. Ahora las cartas también se escuchan. Si prefieres ponerle audio mientras caminas, manejas o te preparas un café, ya puedes encontrarlas en Spotify como Un Paso a la Vez con Johanna (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G) Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si tú también estás atravesando tu propio proceso para volver a empezar, quédate por aquí. Comparte con esa amiga en la que estás pensando o con quién lo necesite. Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you, my friend — te veo, amiga. A mi propio ritmo, Un día y un paso a la vez. Con cariño, Si quieres acompañarme durante la semana, también estoy en Instagram (https://www.instagram.com/johannacaldasgarcia/). Enlaces Te dejo el Podcast de Mel Robbins que menciono (Episodio 170: “Life Is Short (How to Spend It Wisely)” https://open.spotify.com/episode/2qBeWxSgzPgYoydvF0ucYY?si=9IMQrH8wSa2wMqNCNs0YzA (https://open.spotify.com/episode/2qBeWxSgzPgYoydvF0ucYY?si=9IMQrH8wSa2wMqNCNs0YzA) Libros para Niños: (https://link.amazon/B06YkNjiA) https://link.amazon/B06YkNjiA Libros para Padres: (https://amzn.to/4rVaP83) https://amzn.to/4rVaP83 Biblioteca personal: (https://amzn.to/4y8fXY0) https://amzn.to/4y8fXY0 P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

28 Sept 2026
El otoño, las hojas que caen y los recuerdos que se quedan
¿Recuerdas qué estabas haciendo hace un año? En estos días me he puesto a pensar y a recordar qué estaba sucediendo en nuestra vida hace un año. De hecho, desde que falleció mi esposo es una pregunta que constantemente pasa por mi mente. A veces miro fotos de aquellos días, busco las tarjetas, sus correos y los mensajes que nos enviamos, intentando conectar con lo que era y pasaba en esos momentos de nuestras vidas. Porque el tiempo pasa y pasa; a veces pensamos que va muy lento y otras, demasiado rápido. Algunas cosas se quedan grabadas en nuestra mente, mientras que otras simplemente se desvanecen hasta que un detalle o una foto las trae de vuelta. Como en la película Inside Out —la que vimos cuando mis hijas eran pequeñas—, a veces queremos aferrarnos a cada memoria a esos core memories para que nunca desaparezcan ni sean reemplazadas. Pensamos que el tiempo es indefinido, que tenemos la vida entera por delante y, por eso, dejamos tantas cosas para después. Pero la realidad, esa que a veces evitamos mirar, es que en cuestión de segundos todo puede dar un giro completo. En un instante, lo que creías que era tu realidad, lo que planeábamos y queríamos el año pasado, nuestros sueños y proyectos se desmoronaron en un abrir y cerrar de ojos. Sin llegar a imaginarnos que lo que empacamos para llevar a nuestro próximo destino, aquel lugar que estábamos mirando en la playa, en un instante dejó de ser relevante e importante, ya que esa vida que pensábamos ya no se daría. El último escalón y la decisión de volver a casa Hace un año, por este mes, ya habíamos estado en el hospital por 12 días. Llevamos con mi hija a mi esposo a emergencias en San Francisco, ya que no lo veíamos muy bien. Llegamos a UCSF pasada la medianoche; mi hija debía regresar a trabajar al día siguiente y yo me quedé en el hospital con él. Tuvimos un equipo de casi 30 personas que entraban y salían de todas partes, y exámenes de todo tipo en las siguientes 24 horas. Finalmente nos dijeron que debía quedarse hospitalizado. Así fue como durante dos semanas, después de ir a trabajar todo el día con mi hija, en las noches íbamos a San Francisco a visitarlo, llevando sorpresas y avisos que dejábamos en las paredes de su habitación, y pasábamos los fines de semana con él. Queríamos que supiera cuánto lo extrañábamos y darle ánimo, ya que nunca le gustaron los hospitales. Durante ese tiempo vimos televisión juntos, hablamos de todo; desde su habitación en la esquina se podía ver un tris del Golden Gate Bridge en los días que no estaban nublados. Recuerdo cómo tía Anita iba a visitarlo, le llevaba regalos y nos dejaba sopa de pollo para no tener que cocinar al llegar a casa. Estábamos muy ilusionados porque ya estábamos listos para empezar su siguiente tratamiento, los open house de nuestra casa ya habían terminado por fin, y ya teníamos varias ofertas en la venta de la casa para revisar, con la idea de mudarnos a vivir a Carlsbad, cerca de la playa y de nuestras hijas, como lo estábamos planeando desde el último año. Lo que no sabíamos era que a la semana después de salir del hospital, en la cita con su doctor, él nos diría que desafortunadamente ya no se haría el siguiente tratamiento, que no había más que él pudiera hacer y que nos enviaba a hospicio. Recuerdo que mi esposo le preguntó cuánto tiempo le quedaba; el doctor no le contestó eso, solo le dijo: “Desde que eres mi paciente siempre has mencionado el ir a vivir a la playa, y creo que este es el momento de hacerlo, pronto y sin pensarlo”. No dejamos una piedra sin voltear Recuerdo que al salir corriendo por mi carro al parqueadero para ir a recogerlo, con los ojos llenos de lágrimas, pensaba a quién podría llamar a contarle. Llamé a mi amiga E, quien había sido parte de nuestro día a día desde hacía tiempo. En el camino a casa no creo que habláramos mucho más allá de a quiénes quería que les compartiera las noticias; me dio los nombres de las 5 personas que estuvieron a nuestro lado durante este tiempo. Pensábamos en cómo se lo diríamos a nuestras hijas y todo lo que debíamos dejar listo. Estábamos en shock, no esperábamos esta noticia, no ahora, estábamos tratando de procesarlo y aún con la idea de que podíamos hacer algo, como lo habíamos hecho desde que todo esto empezó 20 meses antes. Ahora pienso en todas las opiniones y cosas que probamos, en todos los correos y mensajes a medianoche, o a cualquier hora del día que nos enviabamos, con cosas que leíamos, aprendíamos, encontrábamos, nos habían dicho, etc.; todos los libros que leímos, los suplementos, ejercicios, terapias, las citas con doctores en Colombia, México y Francia, además de todas las opiniones médicas en el área de la Bahía y en el sur de California, a donde viajamos constantemente. Como diría él: «No dejamos una piedra sin voltear». Nos prometimos no darnos por vencidos y hacer lo que estuviera en nuestras manos. Él y yo sabemos todo lo que hicimos e intentamos, y por eso sabíamos en el corazón que ya no teníamos más que hacer y que esta batalla la habíamos perdido. Al siguiente día firmamos la oferta de la casa y la vendimos; sabíamos que ya no debíamos posponer cosas y empezamos a preparar toda la parte legal y financiera. Recuerdo que me dijo: «Pretzi, lo siento...», porque él sabía lo que se venía y me veía corriendo con la venta de la casa, mi trabajo, los trámites, papeles, nuestras hijas y el hospicio. Un día, mientras amarraba sus zapatos, me dijo que lo llevara al hospital, así cuidarían de él. Lo miré a los ojos y le dije: ¿No estarías haciendo tú esto por mí? Me miró y me dijo: —Sí. Le dije: —Entonces olvídalo; si no necesitas ir al hospital, nosotras nos encargaremos de cuidarte. El aprendizaje a fuerza de amor y el adiós a la casa En los siguientes días, solicité licencia en mi trabajo para quedarme en casa y ser su cuidadora (caregiver) 24/7. Los doctores y enfermeras empezaron a llegar; recibí la silla de ruedas, el tanque de oxígeno y las medicinas que me explicaban cómo usar «en caso de...». Al parecer, para esta etapa de la vida no necesitas ningún entrenamiento médico; simplemente te toca aprender a mantenerlos cómodos, como me decían. Dos días antes de la cita con el doctor había sido el cumpleaños de nuestra hija menor. Sabíamos que debíamos traerla ese fin de semana para darle la noticia, tal como nos había pedido. Así que, después de cantar su cumpleaños, su dada le dijo lo que el médico nos había dicho: de inmediato se acabó la celebración y las dos solo querían pasar tiempo a su lado. Como ella me decía hace unas semanas, eso es lo que más recuerda de aquel cumpleaños número 20: cómo su dada le dijo que ya no quedaba mucho tiempo y que sería su último cumpleaños juntos. A pesar de todo, ella decidió regresar a la universidad, motivada por llamarlo por FaceTime para contarle que estaba estudiando mucho y sacando A’s. Ver la sonrisa de él escuchándola hablar era el momento más feliz del día. Viajaba de regreso a casa cada fin de semana, trayendo un nuevo peluche para dejar a su lado; los tres se quedaban dormidos en el sofá viendo películas juntos como antes, sin imaginar que solo serían dos viajes más antes de que él falleciera, tres semanas después de ingresar a hospicio. Al mismo tiempo, preparaba nuestra casa para entregarla tras venderla, con solo 30 días para desocupar. Esa misma casa que vio celebrar casi 20 años de cumpleaños con fiestas temáticas —desde Toy Story hasta la fiesta disco, la favorita de mi esposo, para la que hice un (https://www.instagram.com/p/CUqDfjXoh-B/)disco ball (https://www.instagram.com/p/CUqDfjXoh-B/) (https://www.instagram.com/p/CUqDfjXoh-B/)que él me decía que era otra extravaganza súper feliz, reviviendo sus años 70, prestándoles sus casetes, juegos y discos en vinilo, además de hacer el playlist de la fiesta para ella—. Recordamos todas las ocasiones especiales: ir a cortar el árbol de Navidad en Los Gatos (https://www.instagram.com/p/CmSyXr1IK-H/), cuando les enseñó a montar en bicicleta, patines, scooters y a manejar; el vecindario donde practicábamos para correr los 5K, las barbacoas, los cambios de uniforme y de colegio. Aquella donde hicimos cientos de fiestas —varias de margaritas—, navidades y graduaciones, desde el kindergarten hasta el high school. Toda nuestra vida estuvo allí, y en solo 30 días tuvimos también que dejarla ir. El vacío de los cumpleaños y las huellas que dejó Cuando celebramos la llegada del 2025, jamás nos imaginamos que lo terminaríamos sin su presencia, sin su voz, sin sus abrazos, contando el tiempo hacia atrás sin poder cambiar la realidad. Hace unos días fue el cumpleaños 21 de mi hija menor. Por más que estuvo rodeada de sus amigos que la celebraron varias veces, se siente un vacío que solo nosotras conocemos. Duele no verlo ser testigo de las hermosas mujeres en las que se están convirtiendo sus hijas, porque sé lo feliz que lo hacía; él estaba muy orgulloso de verlas trabajar duro, de ser responsables, y del corazón tan compasivo que tienen. Era él dada más orgulloso de todos, hablando de ellas con muchísima ilusión y amor. Ellas eran su adoración, y él, la de ellas. Ahora solo nos queda leer las tarjetas de cumpleaños y de ocasiones especiales que nos escribió, mirar aquellas fotos desde bebés en las que él las cargaba, las dormía, bailaba con ellas, tomaban siestas juntos, y las acompañaba en cada momento. Dar gracias a Dios por esos 20 y 22 años en los que ellas pudieron disfrutar de su dada en sus cumpleaños. Posiblemente serán muchos más los que cumplirán sin él, pero espero que sus cartas, sus fotos y las memorias de aquellos años en los que sí estuvo presente sigan en sus corazones, recordándoles que, sin importar si estaba cansado, había tenido un día difícil en el trabajo, o no era su mejor día, cada vez que las veía tenía una sonrisa y estaba listo para hacerles bromas, reír con ellas, abrazarlas, hacer desfiles de moda y escuchar cada cosa que tenían para contarle o mostrarle, estar presente en las competencias y en las prácticas deportivas, al igual que los eventos de padres de los colegios. En su mesita de noche tenía un cajón lleno de todas las cosas y manualidades que ellas le hacían; la ranita de cerámica para sostener el cepillo de dientes la usó hasta el último día, haciéndoles ver y sentir lo importantes que siempre fueron para él. Ahora, al soplar las velas de cumpleaños, no solo estaremos pidiendo deseos como lo hacíamos por tradición; ahora estaremos agradeciendo su amor, su dedicación y el ser humano tan lindo que fue, al igual que el esposo y padre que decidió ser. Estaremos deseando que esté tranquilo, feliz y que por fin haya podido descansar, dejando el dolor y las preocupaciones atrás. Al parecer, él siempre estuvo más adelante que todos, cumplió su misión en esta vida más rápido que todos nosotros y, como en los videojuegos, ya pasó al siguiente nivel. Celebramos una vuelta más al sol, más conscientes de que nuestro tiempo y cada día son un regalo de Dios. Así él y sus padres veían y vivierón sus vidas. Las hojas que caen y la llegada del otoño El cumpleaños de mi hija marca el inicio del otoño, y con él vemos cómo las hojas caen de los árboles. Era una de nuestras temporadas favoritas en casa: los colores, el frío que empieza a sentirse, el chocolate caliente que tomábamos juntos, el olor a clavo y canela que inundaba la casa, las películas que veíamos todos sentados en el sofá y las sopitas calientes en la cena. Ellas salían a barrer las hojas y luego se quedaban felices saltando en ellas... Cómo disfrutábamos decorando nuestra casa para recibir el otoño y como lo esperaban con Akira nuestro perro al llegar a casa. Lo que agradezco: * Agradezco cada uno de los años, las risas, las bromas, los abrazos y la complicidad que tuvimos la fortuna de compartir. * Los batidos que mi hija le hacia, mezclando lo que veía en la nevera cuando él ya no podia comer mucho, era la enfermera perfecta. * Doy gracias a Dios por los 20 y 22 años en los que mis hijas pudieron disfrutar plenamente de su dada, de su guía y de su orgullo incondicional. * Agradezco también la red de amor que nos sostuvo —la familia, los amigos y los detalles que hicieron más ligero este camino—, y el regalo de seguir adelante con la certeza de que su legado vive en cada paso que damos. * Agradezco los mensajes de felicitación que nuestros seres queridos le enviaron a mis hijas en sus cumpleaños, haciéndolas sentir lo importantes que son para ellos a pesar de la distancia. * Agradezco todas aquellas cosas que aprendí en este proceso, que me sacaron de mi zona de confort, y las que sigo aprendiendo ahora sin él. Lo que aprendí * Aprendí que el amor más verdadero no se mide en el tiempo que tenemos asegurado, sino en la intensidad y la entrega con la que lo vivimos cada día. * Aprendí que cuando la vida nos detiene de golpe, lo único que realmente importa son las huellas que dejamos en el corazón de quienes amamos y los recuerdos que construimos juntos. * También aprendí a soltar el control, a entender que hay misiones que se cumplen antes de lo que quisiéramos, y que la resiliencia son aquellos pequeños actos de amor cotidiano: desde amarrar unos zapatos hasta mantener una sonrisa a pesar del cansancio. Lo que me inspira: * Me inspira ver el reflejo de su amor, su resiliencia en la mirada y en las acciones cotidianas de mis hijas. * Me inspira saber que, aunque su presencia física ya no está, su forma de abrazar la vida, su optimismo ante cualquier adversidad y su devoción absoluta por nosotras siguen guiando cada uno de nuestros pasos. * Me inspira la certeza de que el amor verdadero no se acaba, sino que se transforma en raíces profundas para sostenernos y en ganas para seguir adelante, recordándome que cada nuevo amanecer es una oportunidad para honrar su memoria viviendo con el mismo corazón generoso con el que él vivió. Mis Tiny Pieces of Joy esta semana * Ver la fortaleza y el brillo en los ojos de mis hijas al recordar las historias de su dada. * Encontrar una foto antigua o una tarjeta que nos hizo sonreír recordándolo en medio de la nostalgia. * El atardecer que mi hija me invitó a ver cerca de casa, como lo hacíamos con él. * Mi hija mayor que viajó dos veces en una semana a celebrar el cumple de su hermana con sus amigos. * Sentir la paz de saber que él ya descansa y que, en cada pequeño logro de nuestras hijas, sus actos de amor y devoción hacia ellas siguen allí como si fuera ayer. We hold on to them to keep moving forward. * Las fotos de nuestra familia que hemos empezado a colgar en la casa, como las teníamos antes. Un paso a la vez: El amor verdadero se queda y se transforma en cada paso que damos. Johanna Caldas-Garcia ¿Qué recuerdo o pequeño detalle de amor te acompaña hoy para dar tu siguiente paso? Ahora las cartas también se escuchan. Si prefieres ponerle audio mientras caminas, manejas o te preparas un café, ya puedes encontrarlas en Spotify como Un Paso a la Vez con Johanna (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G) Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si tú también estás atravesando tu propio proceso de volver a empezar, quédate por aquí. Comparte con esa amiga en la que estás pensando o con quién lo necesite. Cada semana nos encontramos con un café para recordarnos que no hace falta tener todas las respuestas; solo con dar el siguiente paso. Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you, my friend — te veo, amiga. A mi propio ritmo, Un día y un paso a la vez. Con cariño, P.S. Si quieres acompañarme durante la semana, también estoy en Instagram (https://www.instagram.com/johannacaldasgarcia/) . P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

23 Sept 2026
El arte de enfrentar los miedos y volver a empezar
¿Cuántas cosas cotidianas de nuestra vida pasan desapercibidas? Esas que dejamos pendientes por miedo, o las que posponemos porque nos aterra enfrentarnos a lo desconocido, a tomar riesgos, a conocer gente o lugares nuevos, o preguntarnos qué vamos a comenzar a construir otra vez cuando nos toca reinventarnos, pensando que el tiempo es infinito. A veces la vida te empuja a lo que podría llamarse el miedo a la aventura. Tener la página en blanco para lo que será nuestra nueva vida y esta nueva etapa da muchísimo miedo; aun así, por dentro algo grita: no quiero, no puedo, no sabes por lo qué estoy pasando. Te rehúsas a querer salir a un nuevo mundo, a ese lugar que ya no se parece en nada a cómo pensabas que era la vida, tu vida. Lo más extraño es ver que todo a tu alrededor sigue exactamente igual; todos seguimos en lo nuestro cuando nuestras realidades no se ven directamente afectadas por la ausencia de esas personas que hacen parte de nuestro círculo 24/7. Las vidas y rutinas continúan, hacemos check-ins y seguimos adelante. Es la naturaleza y la realidad de la vida: cada quien en su propio mundo. Y de pronto, te encuentras ahí, con la página en blanco, iniciando un camino sin saber exactamente a dónde vas. Como decía el personaje de Sócrates en el libro El guerrero pacífico (https://link.amazon/B02I8ieLF) de Dan Millman, ese es un buen camino, porque aun sin saber cómo, tenemos la capacidad de volver a empezar. Afrontar esto remueve todo. Durante muchos años decía “sí” cuando en realidad quería decir “no”, estirándome más de lo que necesitaba y buscando siempre estar disponible. Hoy reconozco que muchas veces me imponía tareas, pensando que alguien haría lo mismo por mí. Pero la vida me sacudió mi zona de confort de una forma tan profunda que hoy, al mirar atrás, sigo intentando recoger lo que quedó y asimilar la magnitud de nuestra pérdida. El reto de enfrentar los miedos y aprender a saltar Hace unos años conocí el proyecto de Michelle Poler “100 Days Without Fear” (100 días sin miedo). En su TED Talk (ver aquí (https://www.youtube.com/watch?v=2dbNRGiqaaM&utm_source=gemini)), ella habla de cómo durante 100 días enfrentó cada uno de sus miedos, lo cual resonó tanto conmigo que ordené su libro Hello Fears (https://link.amazon/B05SNoCWv) para mí y para mis hijas. Al leerlo me preguntaba cuántos miedos he atravesado y cuántos me faltan, viendo cómo sigo acá de pie, preguntándome: ¿qué es lo peor que puede pasar si no lo hago? Y como ella dice en su libro: ¿Cuál es la mejor parte de lo que puede pasar? Cuando la vida sacudió mi seguridad, mi identidad y mi hogar, ella misma decidió cuál era mi nuevo camino, obligándome a empezar de nuevo. Me quedé en shock, confundida, congelada y con miedo a todo: a tomar decisiones o a no tomarlas, a decir sí o no, a mirar hacia un futuro que ya no reconoces. Ser valiente no es no tener miedo, sino tener el coraje de actuar a pesar de él. A lo largo de mi vida he tomado saltos de fe increíbles, cruzando los dedos y esperando el mejor resultado, y me he dado cuenta de que a veces las cosas que más queremos, soñamos y deseamos están solo a un acto y a un salto de valor de distancia. Creo que esto es lo que nos motivaba con mi esposo a seguir saltando y decir: ¿por qué no? Si no funciona, regresamos al lugar donde empezamos. Aunque no he hecho un reto de cien días, estos son algunos de los miedos que he tenido a lo largo de mi vida: * Renuncié al trabajo y a la carrera profesional que pensé haría por el resto de mi vida en publicidad. * Viajé a un nuevo país sola, sin conocer a nadie ni hablar el idioma, cargando solo con mis maletas y mis ahorros. * Sobrevivimos al miedo cuando nuestra primera hija nació por cesárea de emergencia y no respiró durante siete minutos. * Afronté el diagnóstico de artritis reumática a los 32 años, y en aquellos días en que despertaba sin poder moverme, mi esposo me ayudaba a rodar de la cama, a vestirme y a cuidar de lo que necesitábamos. * Superamos el miedo a una cirugía cerebral cuando le diagnosticaron un tumor, reinventándonos una y otra vez. * Tuvimos miedo cuando nuestras hijas decidieron ir a la universidad en otra ciudad, sabiendo que era tiempo de dejarlas volar. * Nos tomamos de la mano con fuerza ante su diagnóstico de cáncer, intentando todo lo que pudimos, por encima y por debajo de la mesa. * Tuvimos miedo cuando nos enviaron a hospicio y debimos decirle a nuestras hijas que esta batalla la habíamos perdido. * Tuve miedo de preguntarle, en nuestra última cita con el doctor, a quiénes quería ver y cuáles eran sus deseos finales. * Mi esposo y yo tuvimos miedo de despedirnos presentes y conscientes, hasta que ya no pudo decirlo sin palabras. * Tuve miedo de preguntarle qué harían nuestras hijas sin él, sin su guía, sin su amor... y tuve miedo de decirle que tenía miedo a vivir por el resto de mi vida sin él. El eco de la ausencia: Hoy, once meses después Y ahora, a 11 meses de su partida, he vivido con miedo todos los días: a tomar decisiones financieras, a ser una viuda, a no tener su validación o su primera llamada para todo. He llorado y sigo llorando mucho. Todavía cuento “5, 4, 3, 2, 1” para obligarme a salir de la cama, y me duermo diciéndole buenas noches a una respuesta que ya no llega. Me da miedo la soledad. Recuerdo que después de ver la película The Notebook nos imaginábamos envejeciendo juntos y disfrutando de nuestro retiro, viajando a esa lista de lugares que teníamos. Aún duele recordar lo que él le decía a nuestra hija mayor con un nudo en la garganta: “Lo siento por no estar con ustedes”, pensando en lo duro que habría sido para él perder a sus padres a los 20 y lo que significaria para ellas. Duele también recordar el miedo a tener que soltar su mano para siempre, su cremación, su entierro y el temor a olvidar su sonrisa, su voz, a él. Supongo que mi cortisol está por las nubes por todos los cambios tan radicales, mudanzas y el estrés acumulado. Solo pido que mi cuerpo sane físicamente, recupere la fuerza para caminar sin dolor y dejar atrás lo que pesa. Esto es temporal, y sé que mi cuerpo se pondrá fuerte otra vez. Lo que éramos y el amor que nos sostiene No éramos la familia perfecta; tuvimos nuestros desacuerdos, nuestros “sís” y nuestros “nos”, las fricciones del día a día como cualquier hogar. Pero al mirar con más detenimiento los detalles que mi esposo tenía con nosotras, su amor incondicional y nuestros rituales, nos damos cuenta de lo valioso y único que fue lo que construimos. Estábamos profundamente enamorados los unos de los otros. Como dice María José Flaqué en Regreso al hogar (https://link.amazon/B09NuTlUM), (https://link.amazon/B09NuTlUM) necesitamos limpiar nuestro canal y abrir el corazón para estar conectadas con nuestra verdad. Pero a los 11 meses de su ausencia sé que hay dolores que no se superan del todo, vacíos que no se reemplazan o se llenan; solo aprendemos a llevarlos con nosotras. El duelo vive en la llamada que ya no podemos hacer, en los abrazos que quisiéramos darle y que nos diera cuando estamos felices, tristes o just because, y en las bromas que aún nos hacen reir y sus dichos que guardamos en nuestra lista para no olvidarlos. El camino del héroe tras la pérdida Escuchaba hace poco a Gaby Vargas hablar sobre el “camino del héroe” tras la pérdida de su esposo. Pensar en nuestra travesía así nos cambia la perspectiva: la vida nos empujó a cruzar el umbral hacia lo desconocido. Obligándonos a descubrir una resiliencia que ni nosotras sabíamos que teníamos. El héroe no es el que no tiene miedo, sino el que atraviesa el abismo un paso a la vez, cargando el amor como armadura. El tamaño del duelo es exactamente el tamaño del amor que nos tuvimos. El amor que no se va El amor no se acaba. Aunque ya no podamos abrazarlo, tenerlo en casa nos da paz. Sigo soltando, confío, y escojo dar el primer paso antes de preguntarme cómo hubiera sido si no lo intentaba. Pienso que esto es como cruzar un puente: aunque mi esposo no está sosteniendo mi mano como antes, tengo la certeza de que él ya saltó primero y está esperándome al otro lado con la mano extendida. En medio de todo este proceso, la vida también nos ha enseñado a mirar con otros ojos y con otra perspectiva cada día. Lo que agradezco: * Los días sin dolor, el café de las mañanas y la certeza de haber vivido un amor inmenso. * Mis sesiones de terapia física y la posibilidad de hacer los exámenes necesarios. Lo que aprendí * Que la fuerza no es no caerse, sino tener el valor de levantarse despacio, respetando los días grises y entendiendo que el cuerpo y el alma necesitan su propio tiempo para sanar. * A soltar y a confiar en las decisiones de mis hijas, dejando atrás la idea de vivir en función de los demás. Lo que me inspira: * La resiliencia de mis hijas, saber que nuestro hogar sigue lleno de amor —de ese amor infinito—, y la fortuna de escucharlo aconsejándonos o diciéndonos qué debemos hacer, ya sea porque nos lo había dicho antes o porque lo conocíamos tan bien que podemos imaginar lo que diría. * Ver a tantas mujeres que deciden empezar de nuevo sin miedo a equivocarse. * Seguir motivando a mis hijas a perseguir y alcanzar sus sueños, tal como lo queríamos con su dada. * El mensaje en mi libro de Hello fears de Michelle Poler. (https://link.amazon/B05SNoCWv) Mis Tiny Pieces of Joy esta semana * El sueño de mi hija, donde lo vio sonriendo. * Los preparativos de la celebración de cumpleaños de mi hija con sus amigos en la universidad. * Hablar y recordarlo con mis hijas como si estuviera aquí con nosotras, manteniendo su memoria viva. * Los voicemails que se quedaron sin borrar, y que escucho, aunque sean los rutinarios de “hola, llámame cuando puedas”. * Gastar más de una hora en la sección de autos, aprendiendo y comprando los productos para mantenerlos, pensando en lo que el tenia en casa y recordando sus consejos. * Ver a Celine Dion —mi favorita— regresar a cantar después de ver su documental I Am: Celine y de verla en concierto con mi esposo en Las Vegas. * Los K-dramas que veo con mis hijas y que nos entretienen y desconectan de nuestro día a día. * Mis ejercicios de terapia que hago todos los días, que ahora no son negociables. Todas las mañanas extiendo mi mano al cielo para él que pueda tomarla y siga guiándonos. Un paso a la vez: “El tamaño del duelo es el tamaño del amor que tenías por esa persona.” Johanna Caldas-Garcia Amándote hasta el infinito y hasta nuestra próxima vida juntos. ¿Cuáles son esos miedos o esas cosas que has querido hacer pero no te has atrevido a dar el salto? Ahora las cartas también se escuchan. Si prefieres ponerle audio mientras caminas, manejas o te preparas un café, ya puedes encontrarlas en Spotify como Un Paso a la Vez con Johanna (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G) Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si tú también estás atravesando tu propio proceso de volver a empezar, quédate por aquí. Cada semana nos encontramos con un café para recordarnos que no hace falta tener todas las respuestas; solo con dar el siguiente paso. Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you, my friend — te veo, amiga. A mi propio ritmo, Un día y un paso a la vez. Con cariño, P.S. Si quieres acompañarme durante la semana, también estoy en Instagram (https://www.instagram.com/johannacaldasgarcia/) . P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

16 Sept 2026
On the road again: Cuando una persona puede cambiarlo todo
“Small things really count; the simple things deliver the simple needs.” Los pequeños detalles cuentan de verdad; lo sencillo cubre lo esencial. ¡Wow, qué semana! Sin duda ha sido de esas en las que te preguntas si podemos simplemente brincárnosla y pasar a la siguiente. Con el calendario a tope y varios imprevistos que no dejaban otra alternativa más que navegar sobre la marcha, los días se llenaron al punto de hacerme pensar cuántos cafés —o cuántas tazas de paciencia— necesitaría para llegar al domingo. Sabía que debíamos viajar a San José para citas de seguimiento que no se pueden mover, así que traté de acomodar todo lo demás alrededor de eso para poder chulear varias cosas de mi lista de pendientes, incluyendo ir por fin a recoger las bicicletas que nos regaló mi esposo y que aún estaban allá. El plan inicial era salir en la madrugada del viernes para estar a las 10 a.m. en San José. Mi hija tomaría el tren desde su universidad y llegaría a casa para salir, pero con las alertas de fuertes vientos y oleaje en el sur de California, muchos trayectos fueron cerrados o desviados en autobuses. Pensar en ella lidiando sola de noche con rutas que no conocía, después de un día de trabajo y clases, me dio más estrés y, como toda mamá gallina, decidí ir por ella. Siguiendo mi instinto como lo he hecho desde que este nuevo camino empezó, dejé todo lo que estaba haciendo y, en la noche, manejé la hora y media de ida, y ella la de regreso a casa. El resto del horario ya se acomodaría; como dicen, primero lo primero. Abrazos en el camino que recargan el alma Aprovechando un par de breaks que tenía entre las citas de mi hija, decidí enviar un mensajito a un par de amigas que estaban en mi ruta. Tenía la firme intención de ir recogiendo por el camino esos abrazos que tanto he extrañado desde que nos mudamos. Me dio mucha emoción saber que nos veríamos, así fuera unos minutos. En mi primera parada me encontré con dos personas muy especiales que conocí en la escuelita donde trabajé y que han sido incondicionales desde el primer día: llenándome de detalles, cariño y ayudándonos incluso con la mudanza y todo lo que necesitábamos. Hemos seguido en contacto, y sabía que tenía que hacer un espacio para vernos. Hablamos como en los viejos tiempos, nos actualizamos en nuestras vidas y, al despedirme, una de ellas me entregó una bolsa con aguas frías —¡cómo si hubiera leído mi mente de que sería mi siguiente parada!— y una deliciosa ensalada que había preparado pensando en mi largo camino. Al mirar la bolsa en el carro con las aguas y la ensalada súper variada, hecha con tanto detalle y con todo lo que podríamos necesitar en nuestro road trip (¡hasta el Tajín!), se me aguaron los ojos y agradecí por mis real ones, aquellas personas que nos leen la mente, van más allá sin la necesidad de pedirlo ni esperarlo; solo les nace hacerlo por el cariño que te tienen. Aquella ensalada fue nuestro snack perfecto entre parada y parada. Gracias M. Seguí hacia uno de mis lugares favoritos para ver a mi amiga Y. Nos conocemos desde que mi hija mayor estaba en sexto grado y desde el primer momento hicimos clic. Aunque después hayamos pasado por otros colegios y diferentes universidades, seguimos en contacto. Ella tiene un canal de YouTube súper exitoso y somos accountable partners de nuestros negocios en línea. Al encontrarnos, me compartió que una de sus mejores amigas de la secundaria había fallecido recientemente y que acababa de regresar de su país de origen tras despedirla. Hablamos como en los viejos tiempos, pero con una mentalidad distinta, ahora apreciando aún más el valor real del tiempo, de las verdaderas amistades y de nosotras mismas como mujeres. Ver cómo la vida nos ha llevado por caminos diferentes nos hizo darnos cuenta de lo importante que es vivir presentes y rodeadas de lo que llene nuestros tanques de amor, las clases de Zumba y los cafecitos de un par de horas cuando voy de visita; nos propusimos empezar la tradición de hacer un viaje juntas al menos una vez al año. Nos abrazamos como mil veces, nos dijimos hasta pronto y seguí mi ruta recogiendo abrazos. Nostalgia en la playa y señales que abrazan Luego fui a recoger a mi hija para nuestra siguiente cita y, bueno, el mood estaba un poco down. A veces las cosas simplemente no salen como planeábamos, y es difícil procesarlo, más aún cuando tienes 20 años. Ya el día estaba súper largo y debíamos manejar a la playa donde nos quedaríamos esa noche, pero aún me faltaba una parada más. Le escribí a mi amiga I. y le comenté que pararía a poner gasolina; de inmediato, me contestó: “¿Quieres un abrazo en la estación?”. Por supuesto que SI, le dijé. Vernos unos minutos, reírnos y hablar sin filtros recordando a nuestros soulmates en el cielo hizo que el viaje cobrará otro brillo. ¡Hasta hicimos pinky promise para ser pen pals de ahora en adelante y enviarnos cartas escritas a mano como en los viejos tiempos! Luego, manejar hacia la playa fue recorrer la misma ruta que durante las semanas de hospicio y las navidades manejamos una y otra vez. Cada esquina y cada curva guarda memorias de cómo nuestra vida dio un giro total sin saber lo que venía ni a dónde nos llevaría. Amistades que trascienden en el tiempo Llegamos a la casa de una de las mejores amigas de mi hija de la secundaria. Con mis hijas hablamos mucho de las amistades: las de su dada, las mías a través de la distancia y el tiempo, y las que ellas están formando y conociendo. Mis hijas decían cómo les gustaba regresar a casa después de un tiempo en la Universidad, porque era como recargarse de good vibes, viendo a los amigos de siempre que se reencuentran, sin importar las distancias universitarias. En su casa cenamos; entre risas y postre estuvimos recordando fiestas de cumpleaños, anécdotas de los deportes y las actividades que hicieron juntas en el high school. Al ver cómo han crecido —con su cariño por la otra y esa esencia intactas, aprendiendo el verdadero significado de la amistad mientras descubren el mundo y fortalecen un vínculo como de hermanas—, sentí muchísima felicidad y entendí cuando mi hija habla de sus real ones. Manejaríamos de regreso a casa pasando a recoger las bicicletas, así que después de tantos kilómetros recorridos, no podía esperar a leer un rato y escuchar mis meditaciones antes de dormir. En mi habitación me esperaban cobijas calientes y súper suaves que me había dejado mi amiga M., lo que me recordó mi bata muy fluffy que mi esposo me regaló para una Navidad, sabiendo lo friolenta que soy; desde que él falleció duermo abrazada a ella. Sonreí y pensé: “Tú sabías que necesitaba algo fluffy”. Las abracé, le conté sobre nuestro día y le agradecí por las señales que él puso en el camino para llenar nuestro tanque de amor. Al día siguiente le cantamos el cumpleaños adelantado a mi hija, y con mi amiga M. nos despedimos compartiendo series y libros que nos gustan. Cuando me iba de la playa, la última vez ella me había regalado un libro que le encantó, y esta vez hice lo mismo: le llevé (https://link.amazon/B00OZkS7q)The Five-Star Weekend (https://link.amazon/B00OZkS7q). (https://link.amazon/B00OZkS7q) Creo que los libros serán nuestro nuevo lenguaje en este book club de dos. Me voy con el alma llena de abrazos, planeando más road trips con paradas a recoger abrazos de ahora en adelante, y con la certeza de que somos bendecidas al rodearnos de raíces profundas, listas para seguir creando la vida que merecemos vivir, un día y un abrazo a la vez. Soltar el control y dejarlo en manos del cielo Antes de irnos de Capitola, decidí que pasaríamos a nuestro lugar en la playa a dejarle flores a mi esposo. Al parquear exactamente donde lo hacíamos, vimos que el reloj marcaba las 11:11. Sabíamos que él estaba ahí con nosotras. Nos sentamos en la banca cercana a la que fue nuestra casita temporal, conversamos con él, mi hija le contó sus planes para celebrar su cumpleaños 21 en unos días, miramos el mar que lo acompañó en sus días finales y le dejamos las flores. Aunque solo fue nuestra casa por tres meses, es un lugar al que siempre regresamos porque allí vive y dejamos parte de nuestro amor infinito y nuestra historia. Nos despedimos y seguimos nuestro camino hacia otra ciudad para recoger las bicicletas. ¿Bicicletas? Cuando le comenté a un par de amigas que haríamos esa parada al día siguiente, me preguntaron si tenía un rack para llevarlas en el carro. Les contesté: “Ummm, ¿no?”. Pensé que tal vez necesitaría uno, pero tuve tantas cosas esa semana que me dije: “Una cosa a la vez, voy con el flow”. Esa noche, ya rendida de cansancio, le dije a mi esposo: “Bueno, sweetie, yo suelto. Confío en que ustedes se harán cargo de que quepan en mi baúl. Night, night”. Hay cosas en las que simplemente no tenemos el control o para las que no queremos estar disponibles: “I am not available for that”. Desde que todo esto empezó, aprendí a soltar y a decirle a Dios: “Dejo esto en tus manos”. Y al recordarlo, me vino a la mente esa frase que a mi esposo le encantaba escuchar de la directora de Notre Dame, el colegio de secundaria de mis hijas; cada vez que hablaba, la escuchábamos decir: “God is good all the time, all the time God is good”. (Dios es bueno todo el tiempo, todo el tiempo Dios es bueno) Aquel día pensé en cómo mi “yo” de hace unos años se habría estresado enormemente imaginando esta logística de fin de semana, con diez checklists para no olvidar nada. Posiblemente habría cancelado el viaje o todas las paradas, angustiada por no tener un rack para las bicicletas y por las cosas que se salían del plan. Me imaginé al borde de un ataque por no tener un plan A, B y C por si acaso, como solía ser mi vida. Pero desde que mi esposo enfermó y tuvimos que navegar tantas situaciones inesperadas y difíciles al mismo tiempo, aprendí a pedirle a Dios claridad y enfoque. Y ahora, cuando todo se vuelve demasiado para asimilar, manejar, decidir y hacer, al NO tener otra opción más que soltar el control, el agobio y la ansiedad, solo miro al cielo recordando todo lo que hemos vivido y digo: “Ok, ya se solucionará, lo dejo en tus manos”. Es como si le hubiera entregado las llaves de mi vida al universo y al destino. I trust. Confío en lo que no puedo cambiar, tal como dice la Oración de la Serenidad, que me regaló la persona en el check in en Kaiser, cuando solo me dijo “espera un momento”, sacó una copia de la suya y me la dio. Al llegar por las bicicletas, nuestro amigo J. nos ayudó a acomodarlas en el baúl de mi carro. Cuando vi que cerró perfectamente y entraron a la perfección, solo pude decir: “Wow, hecho está. Gracias”. Nos despedimos y empezamos el camino de regreso a casa. Manejamos por otras siete horas, llegando muy tarde, pero con la absoluta certeza de que llegaríamos cuando debíamos llegar; no había afán y ya podía tachar de mi lista algo más al recoger lo último que aún no había llegado a nuestro nuevo destino: nuestras bicicletas. Las pequeñas cosas que en realidad son las grandes cosas El domingo empecé a escribir esta carta. Mi hija menor debía regresar a su universidad y yo estaba mental y físicamente agotada, así que mi hija mayor se ofreció a llevarla. Me aseguré de que el carro y todo estuviera listo para ellas, y me senté a escribir mientras se iban. Normalmente me toma mucho tiempo escribir estas cartas, elegir las fotos y editarlas, así que ya he hecho las paces con la idea de que fluyen a su propio ritmo. Está bien si salen un poco más tarde; estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo, y eso es suficiente. Hoy, en mi terapia física —donde me duele hasta la punta de todo—, siempre tienen una emisora con la música que le gustaba a mi esposo: clásicos del rock, obviamente :-). Mientras me ponían el hielo ya terminando la sesión, sonó una de las canciones de The Eagles que me dedicó. No pude evitar llorar mientras sonaba, imaginando que me decía: “Pretzi, esta es para ti”. En una semana será el cumpleaños 21 de mi hija menor y sé que estas fechas, al igual que cada día, siguen siendo muy difíciles. Su ausencia, los recuerdos, las fotos que tomamos y las que no tomaremos de ahora en adelante, las risas, los consejos, los abrazos o las tomadas de mano que ya no se darán, hacen que los días sean muy, muy pesados. Extrañándolo cada segundo y haciéndonos pensar que vivimos en dos realidades, como en mundos paralelos. Este fin de semana tan largo me dejó claro que son precisamente esos pequeños detalles, esas memorias, esos recuerdos, esa vocecita en nuestro subconsciente que aún nos dice lo que él nos hubiera dicho, las que nos recargan para continuar hacia la siguiente parada en este juego de la vida, creando nuevas memorias y atesorando las que creamos juntos. Hace tiempo, una profesora de mi colegio me regaló un cuadrito con la historia de la estrella de mar que dice: “One person can make a difference” (Una persona puede hacer la diferencia). Me escribió una tarjeta hermosa dejándome saber lo especial que yo había sido para ella y sus estudiantes durante los cuatro años que trabajamos juntas. Muchas veces no sabemos lo que nuestras palabras, nuestras acciones o nuestra simple presencia dejan en los demás, y sin darnos cuenta, hacemos una diferencia increíble en la vida de alguien y ellos en la nuestra. Al vivir cada uno de estos días que Dios nos regala, honramos el amor tan grande que mi esposo tenía por la vida y por cada instante. Nuestro sueño ahora es hacer que cada día sea más significativo (meaningful) y valga la pena. The small things in life are actually the big things. Agradecer por marcar la diferencia todos los días (making the difference every day). Lo que agradezco: * La generosidad y el amor de mis amigas, que aparecieron en mi ruta con abrazos, aguas frías, cafecitos, cenas, cobijas calientes y ensaladas preparadas con el corazón. * Las pequeñas señales sincronizadas, como ver el 11:11 justo al llegar a la playa a visitar a mi esposo, sus flores o nuestras canciones que aún me pone en lugares inesperados. * La complicidad inquebrantable con mis hijas y la certeza de que las verdaderas amistades se quedan sin importar la distancia o el tiempo. Lo que aprendí * Que no necesitamos tener el control absoluto de los planes; cuando soltamos y confiamos, el camino siempre encuentra la forma de acomodarse. * Que el valor de la vida se esconde en los pequeños detalles: una cobija suave, un libro compartido y una charla de horas o de unos minutos en la estación de gasolina con quienes de verdad importan. * Que 3 bicicletas caben perfectamente en el baúl de un SUV de tamaño mediano. Lo que me inspira: * La idea de empezar nuevas tradiciones, como nuestros propios viajes con mis hijas, los road trip para ir a recoger abrazos de mis amigas raices, hacer un intercambio de cartas escritas a mano (pen pals) y compartir libros con amigas. * La enseñanza de mi cuadro de las estrellas de mar: cada pequeña acción hecha con amor marca la diferencia en el mundo de alguien. Mis Tiny Pieces of Joy esta semana * Ver las bicicletas en nuestro garaje y la ilusión de mis hijas de salir en ellas como lo hacían con Dada. * Tachar una a una las cosas que aún tengo pendientes de mi lista. * Descubrir aquellas cosas que me hacen sonreír. * Dormir abrazada a mi bata, hablando con mi esposo, imaginando su sonrisa, sus abrazos y su paz. Un paso a la vez: No necesitas tener el control absoluto para avanzar; suelta la carga, confía en el proceso y haz lo mejor con lo que tienes hoy Johanna Caldas-Garcia Gracias por caminar conmigo a mi ritmo, un paso a la vez. Y tú, ¿qué crees que puedes soltar y dejar que fluya HOY? Nos leemos la próxima semana. Te mando un abrazo gigante. I see you my friend - te veo amiga. Con cariño, P.S. Si quieres acompañarme durante la semana, también estoy en Instagram (https://www.instagram.com/johannacaldasgarcia/) . Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

7 Sept 2026
¿Quién te sostiene cuando la tormenta llega?
A lo largo de la vida, enfrentamos circunstancias que nos sacan de nuestra zona de confort, pero hay mudanzas que no sólo cambian tu código postal: sacuden los cimientos enteros de tu realidad. Para mí, dejar atrás la ciudad que fue nuestro hogar durante casi dos décadas —en uno de los momentos de transición más fuertes de nuestra vida— significó decir adiós a aquellos rincónes seguros donde no necesitaba mapa o direcciones porque todas las rutas siempre nos llevaban a casa y a lo que era nuestro mundo. Significó dejar ir a los médicos y los servicios de confianza, las paradas conocidas, nuestros lugares favoritos, el trabajo estable, una casa donde ya sabía qué había en cada cajón, nuestra red de amigos que nos acompañó durante tantos momentos y, lo más doloroso, la estructura familiar que había sido nuestro pilar y nos había sostenido contra viento y marea. En ese punto, todas las alarmas de mi cerebro estaban encendidas. Estaba en shock; en tres semanas todo desapareció. Asumí con mano firme, enfocada y fuerte cada una de las decisiones y los siguientes pasos: la venta de la casa, la mudanza a la playa, los servicios de hospicio, los temas legales de lo que se venía, mi licencia del trabajo, mis hijas en sus universidades, además de ser el caregiver de mi esposo 24/7 y sostenerlo mientras asimilábamos lo que esto significaba para nuestra familia, ponerme al día con todos los pagos y organizar el funeral. Ahora que lo pienso y veo los papeles, todo lo que gestioné, hice y manejé, me doy cuenta de que nada nos puede quedar grande. Entiendes que, así no tengamos ni idea de cómo hacerlo, es más fuerte nuestra necesidad de supervivencia; hacemos lo que hay que hacer y los miedos y las excusas simplemente se hacen a un lado. Fue como perder nuestra identidad. Pero lo único que podía hacer era seguir moviéndome: por mí, por mi esposo, por mis hijas. Empezar de nuevo en un lugar desconocido siempre viene acompañado de ese miedo profundo a lo incierto, a perder tu polo a tierra y aquello que te da la seguridad para aferrarte mientras esta tormenta pasa, como decíamos con mi esposo: the Perfect Storm. Todo esto nos pone a reconsiderar cómo manejamos —o qué haríamos— cuando ocurren cosas como terremotos o noticias que borran nuestra realidad de golpe y nos tiran al vacío sin chaleco salvavidas, cuando ya solo queda soltar pues hemos perdido el control. Sin manual ni pupitres: el arte de construir comunidad (y decir NEXT) Pero a través de los años y de esta nueva etapa he empezado a ver las cosas desde una perspectiva distinta. Durante este tiempo he notado aquellas personas que se han aferrado a nosotros para sostenernos y otras que nos han dejado ir, y lo entiendo: no es personal, como me lo decía mi esposo. Cada quien transita su propio mundo, sus prioridades y sus realidades. Muchas veces, al llegar a una ciudad nueva, cargamos con el miedo invisible de no encajar. Me preguntaba si mi inglés era suficiente, si el grupo que se conoce desde Kinder funciona en una frecuencia diferente a la mía, o permitía que el miedo al juicio de los demás me aislara. A veces el miedo a ser juzgados es lo que nos mantiene solitarios, atrapados en la trampa de creer que las amistades adultas deben darse por arte de magia, como en la escuela o los deportes, sin requerir esfuerzo. Sin embargo, la realidad es otra: de adultos ya no nos asignan pupitres ni proyectos de grupo. Construir comunidad requiere intención, superar el miedo a ser rechazados y entender que no necesitamos caerle bien a todo el mundo ni practicar el people pleasing perpetuo. Si no funciona o no se da, NEXT. Cuando el mundo se reduce a los que se quedan En los momentos más duros, como cuando mi esposo enfrentó su diagnóstico final y su paso por el hospicio, comprobamos el valor real de los vínculos cercanos. Mientras muchos conocidos no sabían lo que estábamos viviendo, su círculo de amigos-hermanos del alma, y mis amigas más cercanas, se mantuvo firme, acompañándonos con un amor y una dedicación incondicionales hasta el final. Recuerdo que, en medio de esas semanas tan abrumadoras, él prefirió mantener nuestro círculo muy pequeño y reservado. Las hojas, las ramas y las raíces: ¿de qué tipo son tus amistades? Hace un tiempo leí sobre esto, y es que a lo largo de la vida, miles y miles de personas forman parte de este camino. Algunas son como hojas en un árbol: frágiles, ocupando el espacio verde de los buenos momentos, pero cuando llega el invierno o sopla el viento, se marchitan y se van. Solo cumplen su ciclo de dar color y sombra por un tiempo. Otras personas llegan a ser como ramas: te dan soporte cuando necesitas apoyarte, parecen fuertes, pero cuando te enfrentas a tormentas más grandes —o cuando todas llegan de golpe— te das cuenta de que solo pueden sostenerte hasta cierto punto, pues continúan con su propia agenda. Algunas se quiebran o se distancian porque el peso es demasiado. Pero muy, muy pocas personas son como las raíces. Están por debajo de la tierra, un poco ocultas, sin la necesidad de hacer ruido ni llamar la atención. Son las que realmente te sostienen cuando todo lo demás empieza a desvanecerse. No importa si pasa el tiempo, si cambia la distancia, si no contestas una llamada o si los planes de la vida cambian, saldrán de su camino sin pensarlo para correr a encontrarte en el tuyo: son las raíces las que siguen conectadas en lo más profundo como un hilo invisible, dándote estabilidad, estando presentes y recordándote que están ahí contigo, sin importar qué tan alto llegue el agua. Limpiar la pantalla, aligerar la maleta Revisando el teléfono de mi esposo y su correo, vi listas y listas de contactos de personas que acumulamos durante años. La gran mayoría no hacía parte de nuestra órbita desde hace muchísimo tiempo, al igual que la clásica lista de las tarjetas de Navidad. Y te das cuenta de algo inevitable: en esos momentos de reflexión o tristeza, cuando haces scroll y scroll, la gran mayoría de esos nombres solo ocupan espacio. Un espacio vacío, porque ya no hacen parte de tu vida, ya no hay razón para reconectar; están transitando nuevos caminos al igual que tú, ya no hay nada en común y es tiempo de limpiar y borrar. A veces nos conformamos con estar rodeados de gente por miedo a la soledad, a dar explicaciones innecesarias o a mantener relaciones que no nos aportan y, en lugar de recargar nuestra energía, la drenan. Pero la vida te enseña que la verdadera tribu no se mide en la cantidad de contactos que tienes en el teléfono o en tu correo, sino en quiénes tienen la capacidad de quedarse, de sostenerte cuando te estás tambaleando y de acompañarte cuando la tormenta empieza a sacudir todos los cimientos. Y está bien. Cerrar ciclos, soltar apegos y dejar ir lo que ya no es, es la única forma de caminar con la maleta más liviana. Al final, se trata de ser fiel a ti misma y rodearte de quienes están siempre listos —como los scouts— para dejarlo todo y correr a tu lado si lo necesitas, sabiendo que tú harías exactamente lo mismo por ellos. Los real ones, como los llama mi hija. Del Checklist agotador a mi propio Five-Star Weekend Cumplir 50 años vino acompañado de una claridad increíble. Me di cuenta de cuánta energía he gastado durante años en el people pleasing: me gustaba ser la que se acordaba de todos los cumpleaños, la que hacía algo en fechas especiales para los demás, la que cargaba detalles cuando viajaba, o la que llenaba sus viajes de un maratón de cafés agotadores solo para cumplir con un checklist y asegurarme de ver a todos los que “consideraba mis amigos” en ese entonces. Con el tiempo empecé a darme cuenta de que muchos de esos cafés eran más por cumplir que por un genuino interés de retomar donde habíamos quedado, y se volvieron tediosos. Así que poco a poco empecé a dejarlos desaparecer, ya que eran relaciones que solo iban de un lado: el mío, y no aportaban a mi nueva realidad. Tomé la decisión de abrir espacio para lo nuevo, de hacer declutter de amistades y de soltar la culpa de no encajar en donde ya no vibro. Eso incluyó dejar de frecuentar redes sociales donde gastaba tiempo mirando las actualizaciones de personas con las que ya no tenía conexión y con las que tampoco me interesaba compartir lo que sucedía en nuestra vida. Decidí rodearme de cosas que me llenen y que sean reales. Hace poco terminé de leer el libro The Five-Star Weekend (https://amzn.to/4zX32tY) de Elin Hilderbrand (https://amzn.to/4zX32tY) y vi la serie en televisión —donde una mujer que ha perdido a su esposo invita a un fin de semana a las amigas más significativas de cada etapa de su vida—. Eso me puso a reflexionar profundamente y a preguntarme: si yo organizara mi propio fin de semana de cinco estrellas, ¿quiénes serían esas personas clave que han sostenido mi historia y mi camino? Y me hice el compromiso de crear nuevos espacios para verlas. No puedo esperar a crear mis propios Five-Star Weekends, ya sea compartiendo un café de horas virtual o en persona, planeando esos viajes de fin de semana como los que hizo mi esposo por años con sus grandes amigos y familia. Como bien reflexiona Joce Vidanes, cuanto más envejeces, más te das cuenta de que alguien haciendo tiempo para ti es una de las señales más claras de que le importas. Todos están ocupados, todos tienen responsabilidades y sus propias batallas; por eso, cuando alguien elige constantemente pasar tiempo contigo, te busca y hace espacio para ti, significa algo. El tiempo es lo único que nunca recuperamos y la gente no lo regala a la ligera. Esta semana, mientras pensaba en esto... empezaron a llegar uno a uno mensajes y señales de mis amigas-raíces: aquel voicemail mientras iban manejando, textos con recetas… o algo que vieron y quisieron compartir conmigo, un emoji, un “llámame”... Reconectar con cada una de ellas me ha llenado el corazón toda la semana y me ha dejado el tanque de amor completamente lleno para los días donde mi corazón aun duele montones. El legado de elegir nuestra paz Para mí, una de las lecciones más importantes en este camino es que mis hijas puedan ver y entender esto mismo: la importancia de aprender a identificar cuáles son nuestras raíces, nuestras ramas y nuestras hojas a lo largo de las diferentes etapas de la vida. Saber distinguirlas es lo que nos salva de la frustración de intentar retener lo que solo vino a cumplir un ciclo, de dejar de sentir que no somos suficientes, o de creer que debemos conformarnos con pertenecer a algo donde no vibramos por miedo a la soledad o al FOMO (Fear of missing out). Ellas están descubriendo este nuevo territorio de relaciones interpersonales, y sé que si yo hubiera tenido más conciencia de esto, me habría ahorrado muchos tragos amargos e historias que solo en mi cabeza se hacían nudos. Si pude asumir todo esto sola, entendí que ya no necesito cosas que me drenen, situaciones que pidan explicaciones, o dónde deba dejar de ser yo misma para encajar. Siento que mi paz y mi energía ya no son negociables. I am not available para situaciones que ya no vibran con mi nueva realidad. Me he vuelto un poco ermitaña, y hoy entiendo que eso está bien. Es el arte de aprender a decir que no, de ser selectiva con mis espacios y mi tiempo, de dejar de aparecer por pura obligación y de soltar la costumbre de fingir para no incomodar la agenda de los demás. Al final, elegirte a ti misma no es cerrarle la puerta al mundo; es abrirle espacio únicamente a la verdad, a aquellas cosas que te aportan y te hacen crecer. Hoy ya no tengo miedo de caminar sola en esta nueva ciudad; sé que las personas correctas llegarán a mi camino en los tiempos perfectos. Mientras tanto, seguiré encontrando mis nuevos lugares especiales, mi nuevo rumbo, rodeándome de la luz de mis raíces y de la libertad de empezar a escribir esta página en blanco con mi nueva historia, mis nuevos sueños, mis metas, mis ilusiones y aquellas cosas que llenen mi alma, mi corazón y me hagan sonreír como cuando era niña y pasaba horas coloreando y trazando dibujos animados, lo que me hacía inmensamente feliz. Porque de eso se trata la vida: de encontrar aquellas cosas que nos hagan felices, aún en los momentos tristes. Lo que agradezco: * La existencia de ese pequeño círculo de real ones —nuestras raíces— que se mantuvieron firmes, sosteniéndonos con amor incondicional en los momentos más difíciles. * Las señales inesperadas, los mensajes del alma y la sincronía de la vida que me llenaron el tanque de amor durante toda la semana. * La inspiración de mi amiga de empezar a compartir mis Sunday Letters en audio, aprendiendo cómo hacerlo —¡ya tengo una arriba y en Spotify mi podcast Un paso a la vez con Johanna (escúchalo aquí (https://open.spotify.com/show/5EG7bi19Le8u9GxwKUDF4G))!—. Lo que me inspira * La idea de diseñar mis propios Five-Star Weekends, ya sea compartiendo cafés de horas o alistando esos viajes a lugares que queremos visitar con mis hijas o con mis amigas, o ese viaje especial de fin de año con quienes de verdad importan. * La certeza de que mis hijas puedan aprender a transitar sus propias relaciones eligiendo siempre desde el bienestar y no desde el miedo a no ser suficientes o a tener que cambiar su naturaleza. Lo que aprendí * Que cuando la vida te sacude los cimientos, descubres una fuerza interior insospechada; nada nos queda grande cuando la supervivencia y el amor guían tus pasos. * Que el people pleasing y los checklists sociales solo drenan energía, y que el verdadero arte de la amistad adulta radica en cultivar raíces y soltar aquello que ya cumplió su ciclo con un simple NEXT. Mis Tiny Pieces of Joy esta semana * Tomar mi té mientras escribo esta Sunday Letter en mi taza de mariposas que compré con mi hija cuando estaba en Pre-K para su Mother’s Tea celebration. * Escuchar el episodio del podcast de Jay Shetty sobre las amistades adultas (https://open.spotify.com/episode/7DQvXzTfMM7g3fFXKOjikm?si=1d4b8b6b6da7409f), que resonó tanto con todo lo que vengo pensando y sintiendo. * Pasar horas leyendo un libro que me está encantando y sobre el cual quiero escribir Age Like a Girl (https://amzn.to/4igoc02) por Dr. Mindy Pelz (https://amzn.to/4igoc02) * Seguir asistiendo y recuperando mi movimiento con mis medicinas, terapias y ver que cuando te dicen que hay que usar el bastón y ves a tu alrededor, eres consciente de que harás lo que sea por recuperar tu cuerpo, tu salud mental y física. * Compartir historias, charlas y conversaciones profundas con mis hijas sobre la vida, las amistades y cómo mantenernos fieles a nosotras mismas. “Las amistades verdaderas no se miden en cantidad., sino en quienes detienen su mundo para sostener el tuyo” Johanna Caldas-Garcia Un paso a la vez: Y tú, ¿cuántas raíces verdaderas tienes cuidando de tu jardín? Recordar que las relaciones verdaderas no se miden en cantidad, sino en quiénes eligen detener su mundo para sostener el tuyo. Guarda esta carta para cuando necesites limpiar tu maleta y rodearte solo de lo que es real. Compártela con alguien que quiera hacer lo mismo. Gracias por sentarte a leerme, por estar del otro lado y por caminar conmigo a tu propio ritmo. A mi ritmo. Un paso a la vez. Con cariño, P.S. Si quieres acompañarme durante la semana, también estoy en Instagram (https://www.instagram.com/johannacaldasgarcia/) . Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

10 May 2026
¿Quién eres cuando dejas de ser 'la mamá de'?
Hola, soy Johanna. HOY será un día difícil y diferente. Mis hijas han buscado maneras de hacerlo especial como siempre, ya me han regalado el ramo de rosas rojas en nombre de mi esposo, él me las regalaba con motivo o Just Because… esos detalles que nunca me faltaron y que hacían que nuestra relación fuera a otro nivel. Él me veía y yo lo veía. Hace unos días, ellas me preguntaron qué quería hacer para el Día de las Madres?. Me quedé en silencio. Sé perfectamente cómo les gustan las cosas a cada uno o los detalles que los hacen sentir especiales. Pero al pensarlo no encontré una respuesta fácil. Hoy daría lo que fuera por escuchar su voz, verlo reír, verlos susurrando y planeando aquellas “misiones secretas” con mis hijas de cómplices, y por tener un día como los de antes. Pero presto atención y cada día lo veo en el brillo de sus ojos, su sonrisa, su manera de pensar. Ellas son su reflejo, pero también las testigos de mi propia transformación. Quiero que vean a una mujer que, aunque tenga un camino incierto o “en hold”, sigue en busca de su nueva versión. Después de caminar en equipo durante 25 años, ahora me toca hacerlo sola, y confieso que eso aún me “ralla un poco el disco”. Es caminar cada espacio por primera vez, buscando mi propia voz. ¿Qué respondes cuando te preguntan quién eres? ¿Eres la mamá de, la esposa de, la hija de...? Al ser madres, giramos nuestra vida hacia los demás y nos ponemos de últimas en la fila, somos las primeras al levantarse y las últimas al ir a la cama asegurándonos de que todo esta bajo control para el siguiente día, olvidando quiénes éramos y quiénes queremos ser. Pero esa mujer, esa niña, aún sigue allí dentro nuestro... esperando su turno para ponerse la máscara de emergencia y recobrar su voz. Para encontrar mi respuesta, he aprendido a estar en el presente de una forma nueva. Recordé ir en el tren bala en Japón a nuestro siguiente destino, mi amiga Twinsie a mi lado y como empezamos escuchando una canción que a ella le encantaba y luego otra mía, compartiendo los airpods nos pasamos casi 2 horas, cantando desde Maná hasta Juan Luis Guerra como si tuviéramos 15 años muertas de risa. Allí aprendí que la verdadera riqueza son los instantes: las conversaciones a susurro, los juegos de mesa eternos y esas tarjetas que hoy leo como si fueran su propia voz eterna. (Si te perdiste las cartas anteriores, puedes leer: El arte de volver a empezar (http://El arte de volver a empezar) y Lo que sucedió hace 6 meses (http://Lo que sucedio hace 6 meses), Sin respuestas… (https://johannarenace.substack.com/p/sin-respuestas-pero-con-el-rumbo) entre otras Hoy confieso que el alma todavía duele. El corazón sigue roto y sigo pegando mis pedazos. Los días tienen altibajos, pero sigo como los girasoles: girando siempre hacia el sol. I AM STILL HERE, BECOMING MY NEW SELF. Como dice el libro de (https://amzn.to/4nibwpA)Come, Reza , Ama (https://amzn.to/4nibwpA): (https://amzn.to/4nibwpA) “Deja ir lo que fue, acepta lo que es y ten fe en lo que será” que estoy leyendo de nuevo, para ver la película con Julia Roberts. Lo que me inspiró esta semana * Reconstruirse con los pedacitos: “El mundo se derriba, pero una mujer fuerte siempre encuentra la manera de reconstruirse”. Esto me recordó que lo roto no es el final, sino la base para seguir construyendo nuestra mejor versión. * El poder del “No”: Decir “I am not available for that” “No estoy disponible para eso” y sentir la paz que eso trae. No es negociable. NO is a complete sentence. * Lo simple: El silencio de una sopa de letras, armar ramos de flores para regalar, explorar mi nueva ciudad y todas las playas a su alrededor con mis hijas. * Asistir a la obra producida por el equipo de Brown Bag (https://www.instagram.com/brownbagtheatre/)de la Universidad UC Irvine, “Our Lady of San Diego Convention” sobre las niñas en centros de inmigración durante la pandemia, lejos de sus mamás y familiares, fue un recordatorio: nuestra presencia y nuestra voz son el regalo más sagrado. Un paso a la vez * Habita un lugar nuevo: Ve a un café o un parque sola por primera vez. Aunque “ralle el disco”, en ese silencio es donde vas a encontrar tu nueva voz. * Suelta una maleta: Identifica una conversación o compromiso que ya no vibra contigo y, simplemente, déjala ir. Camina más ligera. El libro LET THEM (https://amzn.to/4ddIN0G)de Mel Robbins el mejor, es uno de mis favoritos. En mi vuelo a Bogotá, al entierro de mi hermano menor en Junio (https://www.instagram.com/p/DMPXaHxuawm/)del año pasado, esta mariposita estaba en mi ventana y luego se paro en mi libro la Teoría de Let Them durante todo mi viaje se mantuvo cerca a MI. Algo para Recordar… * Tus hijos aprenden de TÚ valentía para estar sola, no solo de tu capacidad para estar acompañada. * Tu intuición es el mejor GPS en este camino incierto. * HOY, la protagonista que decide qué soltar y qué abrazar, ERES TÚ. No Puedes dar lo que no tienes. Si no te cuidas a ti misma, no tienes nada que ofrecer a los demás. El autocuidado no es egoismo: es supervivencia— Eleanor Roosevelt Y tú, ¿quién eres? ¿Qué hace brillar tus ojos hoy? A ti, que hoy te sientes en pedazos: Vuelve a ti. No dejes que una noticia o un diagnóstico se lleve tu voz. HOY, disfruta del pan blandito recién hecho, del chocolate caliente, canta esa canción de tu época a grito entero que aún te sabes de memoria, abraza y disfruta a los tuyos. Al final, lo que llena el alma son los instantes; esos que, cuando la vida cambia en un segundo, desearías haber retenido un poco más. Vivamos HOY MÁS PRESENTES Y MENOS AUSENTES. Por eso, en este Día de las Madres, te invito a ponerte tu propia máscara de emergencia y a unirte a “Mujer Renace”, un nuevo espacio que estoy creando. Un lugar para recuperar nuestra voz, un paso a la vez. PORQUE CADA HISTORIA ES IMPORTANTE Y NOS HACE UNICAS. FELIZ DIA DE LAS MADRES, a ti mujer valiosa, trabajadora, dedicada, fuerte, inteligente, llena de amor, confianza y de sueños por cumplir. CELEBRATE A TI. Si quieres saber más detalles, envíame un mensaje. Reconstruyámonos y acompañemonos juntas. Te invito a seguirme en Instagram (https://www.instagram.com/sabiduriademami/). allí comparto aquellas cosas que me gustan, me ayudan y me inspiran cada día. Haz clic aquí para (https://www.instagram.com/p/DXU9_QpkoB6/)ver mi página. Nos vemos con un café el próximo domingo. I see you and give you a Hug, My Friend. Te veo y te abrazo Amiga. Caminemos juntas. Unidas somos más fuertes. Con cariño, P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

3 May 2026
El Milagro del video perdido
Hola, soy Johanna. Queremos creer que el tiempo es eterno. Pasamos la vida postergando, dejando para después el "te quiero", el "te veo" el "te admiro" o el “lo siento”. Postergamos nuestros sueños y esos planes que siguen quedando atrás. Creemos que habrá tiempo, para cuando estemos listos, pero la verdad es que vivimos cada día más ocupados, rodeados de ladrones de energía que se llevan el tiempo y el aliento. Como decía Steve Jobs: “¿Qué harías si hoy fuera tu último día?”. (Si te perdiste las cartas anteriores, puedes leer: El arte de volver a empezar (http://El arte de volver a empezar) y Lo que sucedió hace 6 meses (http://Lo que sucedio hace 6 meses), Sin respuestas… (https://johannarenace.substack.com/p/sin-respuestas-pero-con-el-rumbo) Hoy es el cumpleaños de mi esposo. En casa, los cumpleaños siempre fueron nuestra fecha sagrada. Mi tradición era decorar la casa de noche para que fuera una sorpresa al despertar: pegaba notas en el espejo del baño, en la cafetera y llenaba todo de globos azul y dorado, los colores de su universidad, Berkeley. Mis hijas también tenían listos sus regalos y tarjetas desde temprano. Nuestro ritual no era complicado: donuts al salir de misa, un rico brunch, caminar por algún downtown buscando cafecitos nuevos y música en vivo. Terminábamos con su cena favorita y una torta de tres leches frente a una película. Mi deseo hoy es que esté celebrando en grande, con sus padres y su primo Louie, en una fiesta con margaritas y música de Jimmy Buffett. Eso lo haría muy feliz. Haz clic aquí para (http://Haz clic aquí para ver mi página.)ver el video que le hice en mi Instagram La canción que no debía perderse El año pasado lo sorprendí con un fin de semana en Pacific Grove. La noche anterior, en una reunión con amigos, sucedió algo inesperado. Él era un hombre reservado, pero esa noche, mientras mi amiga Elsa tocaba la guitarra y todos cantábamos, él dijo: “Tengo una canción para mi esposa”. A capela, cantó esa estrofa en español que siempre me cantaba solo a mí. No sé de dónde la sacó o cómo la aprendió, pero era nuestra canción. Una amiga lo grabó, pero meses después borré el video por accidente al intentar liberar memoria en mi teléfono. Lo busqué por todas partes sin éxito, hasta que en octubre, el video apareció en el teléfono de mi amiga Erika de forma inexplicable. Ver su expresión de felicidad absoluta cantándome frente a todos es un tesoro que ahora guardo con cuidado. En ese último cumpleaños también grabé el momento en que soplaba su vela. Le pregunté si había pedido un deseo y, con esa sonrisa que lo iluminaba todo, me dijo que sí. Lo que he aprendido La vida no necesita grandes planes, solo presencia. Estar ahí para los detalles que hoy, aunque traigan nostalgia, me hacen dar gracias: las tarjetas guardadas, las fotos, los videos, los mensajes de texto diarios y los correos que aún conservo. Extraño los taco nights de los martes, nuestros dancing nights de los viernes y los atardeceres caminando por su playa favorita. Como dice El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Son esas cosas simples las que me ayudan a dar un paso cada día, imaginando que él sonríe a mi lado. Solo con el corazón, se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos— El Principito Feliz Cumple, Precioso. Dicen que el amor trasciende. Hoy no puedo abrazarte, pero te hablo a través del viento y te encuentro en el atardecer. Gracias por haberme apoyado y querido como lo hiciste. Hoy celebraremos tu vida haciendo lo que habríamos hecho juntos, mirando el mar y soplando tu vela, deseando que estés en paz. Forever & Always Algo para Recordar… La vida tiene fecha de expiración. La ausencia es difícil de explicar si no se ha vivido; el vacío sigue ahí aunque estemos ocupados, trabajando, divirtiéndonos. Por eso, hoy te digo: VIVE EL AHORA. Di lo que tengas que decir, da el primer paso a lo que sueñas y anhelas, dejando el miedo atrás Como dice Wayne Dyer, uno de nuestros autores favoritos: “Don’t die with your music still in you” (No mueras con tu música aún dentro de ti). Él no lo hizo. Mi esposo me cantó su música hasta el final y vivió su vida a su manera. Un paso a la vez. Yo también estoy aprendiendo. Y lo estamos haciendo juntas. ¿Cuál es ese detalle 'invisible' o pequeño momento de tu rutina que hoy agradeces tener? Comparte con esa amiga especial. Te invito a seguirme en Instagram (https://www.instagram.com/sabiduriademami/). allí comparto aquellas cosas que me gustan, me ayudan y me inspiran cada dïa. Haz clic aquí para (https://www.instagram.com/p/DXU9_QpkoB6/)ver mi página. Nos vemos con un café el próximo domingo. I see you and give you a Hug, My Friend. Te veo y te abrazo Amiga. Caminemos juntas. Unidas somos más fuertes. Con cariño, P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

26 Apr 2026
Sin respuestas, pero con el rumbo claro
Hola, soy Johanna. Hoy te escribo con parches en mis manos, pero con una gran sonrisa. Sus mensajes de estas semanas han sido una gran motivación para seguir escribiendo estas Sunday Letters; gracias por acompañarme en este renacer. Escribir para ustedes es mi Ikigai del momento. (Si te perdiste las cartas anteriores, puedes leer: El arte de volver a empezar (http://El arte de volver a empezar) y Lo que sucedió hace 6 meses (http://Lo que sucedio hace 6 meses)). Si me seguías en Sabiduría de Mami, tal vez recuerdes que hace poco más de 20 años —cuando mi hija menor era un bebé— me diagnosticaron artritis reumática. A veces, las tareas más simples inflaman mis articulaciones y me obligan a parar. Eso es lo que está pasando ahora: después de mudar a mi familia por tres ciudades y desempacar tres casas (sí, ¡aún sigo desempacando!) y al pasar tantas horas en el computador con mil cosas aún pendientes, hace que mis manos estén muy adoloridas. Junto a mi esposo aprendí a manejar esta enfermedad durante años. Él fue mi mayor apoyo, su manera de afrontar la vida es mi inspiración para encontrar mi nuevo camino. Sigo aplicando todo lo que aprendimos juntos (https://www.instagram.com/p/C5CFFzGvNHa/)para manejar mis flare ups; así que aquí estoy, con mis parches de Salonpas (https://amzn.to/4sP2eT9), escribiendo para ustedes paso a paso y palabra por palabra. Mi realidad física no me ha definido ni me ha detenido para hacer lo que quiero: desde correr el 5K de Girls on the Run durante muchos años, viajar a Japón por 14 días, caminar + de 10.000 pasos diarios y caminar las montañas del Kumano Kodo por 4 días {Este artículo de Japonismo (https://japonismo.com/blog/camino-de-kumano-kumano-kodo-ruta-de-peregrinacion-de-japon)esta genial}. Cada día iba a mi propio ritmo y tiempo; es así como he manejado todos estos cambios y así seguiré de ahora en adelante. ¿Cómo me siento realmente? Muchos me preguntan cómo me siento?. Nadie nos enseña a vivir después de una pérdida, el mundo sigue aunque TÚ no puedas. Durante meses, mi única respuesta era que el mundo que conocía se había derrumbado; me sentía como congelada en medio del océano a la deriva. Han sido seis meses lanzándome al agua en todos los frentes sin saber nadar, aprendiendo y manteniéndome a flote. Si les soy sincera, aún no entiendo el ‘porqué’ ni el ‘para qué’, ni lo que hay que aprender, como muchos dicen que debería hacerlo, porque en verdad no quiero aprender nada de esto, lo que más deseo es que no hubiera sucedido. Simplemente no tengo respuesta. He descubierto que no necesito entenderlo todo para seguir caminando, y que nadie puede estar en nuestros zapatos a menos que haya perdido a alguien así de especial. En mi Instagram (https://www.instagram.com/sabiduriademami/) habrás visto un video muy especial que compartí. Si no, puedes hacer clic aquí para verlo (https://www.instagram.com/p/DXU9_QpkoB6/) Como dice mi amiga Ingrid, si no eres parte de “este club”, es difícil comprenderlo. Hoy trato de adaptarme a mi nueva realidad, aunque a veces no quiera; el mundo no se detiene por tu dolor, así que eres tú quien debe aprender a caminar en él. Si tú también eres parte del club, quiero que sepas que te veo. Por eso, elijo transformar mi dolor en un recurso para ti. A veces TODO lo que puedes HACER es VOLVER a empezar — Shauna Niequist Lo que estoy aprendiendo: * Que no quiero ser resiliente todo el tiempo. A veces, la fuerza también cansa. * Que aceptar mi realidad duele la gran mayoría del tiempo. Es difícil diferenciar qué es verdad y qué es un sueño; es como vivir dos vidas en paralelo. Una donde me ocupo, río y soy feliz como antes; y otra donde me golpea la realidad de que mi pérdida es real y, además, para siempre. Un Paso a la Vez En mi curiosidad infinita, he acumulado más de 40 cursos en los últimos años —entre libros, masterclasses y podcasts—. Si soy honesta, pocos han llegado al final porque la vida siempre se atravesaba en el camino. Hoy he decidido cambiar el enfoque: uno a la vez. Estoy haciendo el que acabo de comprar de Dow Janes en finanzas para mujeres. Me he propuesto dedicarle un tiempo diario no negociable, aunque sean solo 15 minutos, hasta terminarlo. Ya hoy termino el Summit de Inteligencia Artificial de Tony Robbins. Para mantenerme motivada, estoy usando mi checklist de Habit Tracker donde registro mi progreso manualmente {Si quieres que lo comparta contigo, déjame un mensaje en los comentarios). Cada hábito es una forma de volver a empezar. No Olvides… Si hoy no sabes por dónde seguir, respira y vuelve a empezar. Si hoy te duele el cuerpo, toma un break y vuelve a empezar. Si hoy te pesa el alma, agradece y vuelve a empezar. Si hoy no tienes respuestas, suelta y vuelve a empezar. Yo también estoy aprendiendo. Un paso a la vez. Y lo estamos haciendo juntas. Comparte con una amiga que creas pueda necesitarlo HOY Te invito a seguirme en Instagram (https://www.instagram.com/sabiduriademami/). Nos vemos con un café el próximo domingo. I see you and give you a Hug, My Friend. Te veo y te abrazo Amiga. Caminemos juntas. Unidas somos más fuertes. Con cariño, P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Sunday Letters Anteriores Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

19 Apr 2026
Lo que sucedió hace 6 meses cambió mi vida por completo
Hola, soy Johanna. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi mensaje el Arte de Volver a Empezar, el domingo pasado. (https://johannarenace.substack.com/p/el-arte-de-volver-a-empezar?r=85qf34) Como habrás notado, el contenido de lo que un día fue Sabiduría de Mami ha cambiado, transformándose al ritmo de mi nueva etapa y del camino que hoy intento encontrar. Siempre me dio seguridad tener un plan, una estructura y una ruta clara. Pero hoy, nada de eso tiene la misma importancia porque el camino desapareció de repente y ahora solo se ve nublado. He aprendido que la neblina no se despeja desde lejos. Hay que caminar hacia ella para empezar a ver, poco a poco, el camino que está detrás. Hoy confío, fluyo y suelto. 180 días de una ausencia difícil de llenar Si pasaste por mi Instagram hoy, (https://www.instagram.com/p/DXU9_QpkoB6/) habrás visto un video muy especial que compartí. Si no, puedes hacer clic aquí para verlo (https://www.instagram.com/p/DXU9_QpkoB6/), pero quería escribirte esto porque hay sentimientos que no caben en un Reel de pocos segundos. Hoy se cumplen seis meses. 180 días desde que el reloj se detuvo y nuestra vida, tal como la conocíamos después de 25 años, cambió para siempre. Es fácil decirlo, pero aún después de estas 4.320 horas, se nos corta la voz al hablar de este padre maravilloso que llenó cada segundo con amor, bromas y risas; aquel compañero de vida con el que pensé compartiría mi vejez. Es imposible no llorar al recordar nuestros rituales y su forma de asegurarse de que estuviéramos bien. Esas “pequeñas cosas”, que fueron los cimientos de nuestro hogar, son las que hoy nos sostienen. Al final, los detalles y recuerdos son los que nos dan la fuerza para seguir. Él fue MI fan número uno. Recuerdo cómo nos quedamos hasta el amanecer recuperando blogs, fotos y videos para Sabiduría de Mami, él era el primero en conocer cada idea nueva. Me escuchaba con una paciencia infinita. Él vio mi esencia antes de que yo misma lo hiciera y me enseñó que lo único que nos limita son nuestros propios miedos. Nos mirábamos y decíamos “Bueno, ¿y por qué no?”. Hoy, en medio del vacío, encuentro su mayor lección: vivir la vida a nuestra manera, haciendo lo que amamos y con la mejor actitud. He colocado sus tarjetas del día de San Valentín en una pared de mi nueva casa; leer sus palabras es como seguir escuchando su voz recordándome que yo puedo con esto. “No se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.” — Mateo 6:34 Lo que me está ayudando a avanzar: Inversión en mí: Finanzas con propósito Durante estos 6 meses he navegado temas legales y financieros que antes manejaba mi esposo. Aunque siempre tomamos decisiones juntos, ahora me toca estar al frente al 100%. He decidido que, para asegurar mi futuro y el de mis hijas, la mejor inversión soy yo misma. Estoy tomando cursos y certificaciones para convertirme en una mujer cabeza de familia empoderada financieramente. No me agobio; hago un módulo a la vez. Pronto les compartiré lo que voy aprendiendo en este camino. Algo que me inspiró: As I Sit in Heaven Este es un poema que encontré para el memorial de mi esposo, lo colocamos impreso en marcos al lado de sus favoritos “ Desiderata’ y “If” el nombre original es “As I Sit in Heaven” por Hazel Birdsall. Mientras descanso en el cielo y te observo cada día, intento que sepas, con señales, que nunca me alejé. Te escucho cuando ríes y te observo mientras duermes; incluso te abrazo para calmarte cuando lloras. Veo que deseas que pasen los días, suplicando que regrese a casa, así que trato de enviarte señales para que sepas que no estás sola. No te sientas culpable por vivir la vida que a mí me fue negada; el cielo es verdaderamente hermoso, solo espera y verás. Así que vive tu vida, ríe de nuevo, disfruta, sé libre. Entonces sabré que, con cada aliento que tomes, estarás tomando uno por mí. As I Sit in Heaven As I sit in heaven and watch you everyday, I try to let you know with signs I never went away. I hear you when you’re laughing, and watch you as you sleep. I even place my arms around you to calm you as you weep. I see you wish the days away, begging to have me home. So I try to send you signs so you know you’re not alone. Don’t feel guilty that you have life that was denied to me. Heaven is truly beautiful, just you wait and see. So live your life, laugh again, enjoy yourself, be free. Then I know with every breath you take, You’ll be taking one for me. Un hábito simple: Pudín de Chía para la semana Buscaba algo nutritivo que pudiera tomar de la nevera sin pensar mucho. Preparo 5 frascos los domingos y así tengo mis mañanas resueltas, corto fruta y pongo mis toppings favoritos y listo es nutritivo, delicioso, fácil de hacer y no es costoso. Paso a Paso Para obtener la textura ideal (ni muy líquida ni muy espesa), te recomiendo esta receta: * 2 o 3 cucharadas de semillas de chía. * 1 taza de leche (avena, almendra, coco o vaca). * 1 chorrito de miel, sirope de agave o stevia al gusto. * ½ cucharadita de esencia de vainilla. (Opcional) * SimpleTips Mezcla bien la chía con la leche, espera 5 minutos y vuelve a mezclar. Esto evita que las semillas se queden pegadas en el fondo. * Aunque está listo en 2 horas, lo dejo toda la noche en la nevera (refrigerador) * Yo preparo de 4 a 5 frascos de vidrio el domingo y me duran en perfecto estado toda la semana. * Si vas a usar frutas, a MI me gusta añadirlas la mañana que voy a comerlo, las uso frescas o congeladas {las saco del congelador la noche anterior y las dejo en la nevera en un frasco de vidrio} también me gusta ponerle un poco de canela en polvo y coco rallado. Mi Ikigai: La meditación Todos los días escucho mis meditaciones en Insight Timer (https://insig.ht/XpBDNDASs2b), mi aplicación favorita, mientras hago yoga. Puedes descargar la aplicación gratis; también tiene una versión de pago con todo tipo de meditaciones, música, yoga en vivo, puedes escribir un diario, cursos y desafíos. Esta es una de las que más me gusta. “The Path Ahead / Meditation for when I feel lost” (https://insig.ht/2AuD44MSs2b) en la app Insight Timer (https://insig.ht/XpBDNDASs2b). Me recuerda que solo necesito ver el siguiente paso, no el destino final. No Olvides…It’s OK to not be OK (Esta BIEN no estar BIEN) Estoy aprendiendo a vivir sin él físicamente. Hay días de sol y otros donde el suelo desaparece. Mi duelo es, en realidad, todo ese amor que ya no tiene a dónde ir... y todo el que ya no voy a recibir de él. Estas son algunas de las lecciones que he aprendido en estos 6 meses. (https://www.instagram.com/reel/DYG8xRdCSEU/) Gracias por acompañarme a redescubrir mi voz y por permitirme compartir mi nuevo proceso contigo cada domingo. Si este mensaje ya no resuena contigo, lo entiendo y te agradezco por haberme acompañado hasta AQUÏ. Pero si ha conectado contigo, compártelo con alguien que creas que lo necesite HOY. Te invito a seguirme en Instagram (https://www.instagram.com/sabiduriademami/). Nos vemos con un café el próximo domingo. I see you and give you a Hug, My Friend. Te veo y te abrazo Amiga. Caminemos juntas. Unidas somos más fuertes. Con cariño, P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)

12 Apr 2026
El Arte de Volver a Empezar
Hola, soy Johanna. Si este episodio resuena contigo hoy, recuerda que puedes dejar tu corazón o compartirlo con alguien que lo necesite aquí arriba. Escucha el audio ARRIBA Durante mucho tiempo nos conectamos a través de Sabiduría de Mami, simplificando el hogar. Hoy, mi vida me ha llevado por un rumbo distinto: una nueva ciudad, una nueva casa y un sendero que aún estoy descubriendo. Es un camino que ahora recorro como cabeza de familia, tras haber caminado 25 años de la mano de mi compañero de vida, quien partió hace casi seis meses. He decidido llamar a esta nueva etapa “El arte de volver a empezar”, porque he aprendido que reconstruirnos es, precisamente, una obra de arte. El último año fue un torbellino en el que nuestra realidad se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos. Siento que la vida pasó frente a mí como una película, ví allí sentada cómo mi mundo desaparecía. Tras la pérdida de mi hermano de solo 28 años en junio, todo comenzó a caer como una torre de naipes: pusimos nuestra casa en venta y mi esposo inició un ciclo de hospitales que terminó en cuidados de hospicio. En apenas tres meses, mudé a mi familia tres veces por tres ciudades distintas mientras gestionaba trámites legales, financieros y el funeral de mi soulmate. Después de las navidades, mi corazón sabía que no podía quedarme en San José, la ciudad que llamamos hogar por 19 años. Decidí dejar atrás la casa que vio crecer a mis hijas, los amigos del alma que nos sostuvieron durante todo este tiempo y el trabajo que me hizo inmensamente feliz. Necesitaba estar cerca de mis hijas que regresaban a la universidad; necesitaba un tiempo para respirar y encontrar mi Ikigai y mi nuevo camino. Así apareció Japón y el peregrinaje al Kumano Kodo. Hace poco, en mi viaje a Japón, el arte del Kintsugi me enseñó que las grietas rellenas de oro hacen a la pieza más valiosa. Esta semana ha sido difícil; de esas donde la cama se siente pesada. Pero recordé que no tengo que correr. Solo tengo que dar el siguiente paso. Kintsugi: Belleza en las grietas Es el arte japonés de reparar cerámica rota con polvo de oro. En lugar de ocultar las fracturas, las resalta, enseñándonos que nuestras cicatrices no nos hacen menos, sino más valiosas. El Kintsugi nos recuerda que haber sido quebradas por la vida no nos quita belleza; nos otorga una historia de resiliencia única y una nueva forma de brillar. Durante todo este tiempo, me he dado cuenta de la falta de recursos y herramientas en español para mujeres que, como yo, están transformándose y empezando de nuevo. Esa es hoy mi mayor motivación con Saber Crecer - Mujer Renace: compartir contigo lo que he aprendido, lo que he conocido en este proceso y lo que estoy creando para ayudarnos a sanar y reconstruirnos. Para empezar la semana: La regla de los 5 segundos Esta semana, cuando la cama se sienta pesada o el corazón duela demasiado para moverme, aplicaré lo que enseña en su libro el Poder de los 5 segundos (https://amzn.to/4eeXrqu) {The 5 second rule} (https://amzn.to/4sZECMC) Mel Robbins: 5 - 4 - 3 - 2 - 1... y me muevo. No pienso, no dudo. Solo cuento y doy el primer paso. Como los girasoles, hoy decido seguir girando hasta encontrar el sol. Un minuto a la vez — Johanna SimpleTip - Un día a la vez En estos días donde todo parece demasiado, escojo simplificar mi rutina de limpieza en casa y hacer solo una cosa por día. Si necesitas ideas este post te dará opciones 50 cosas para limpiar en Abril (https://www.instagram.com/p/DH_dy_Bvn5a/) * Lunes: Tender la cama apenas me levanto. * Martes: Despejar una sola superficie (la mesa o el mostrador). * Miércoles: Abrir las ventanas para que entre aire nuevo. Ideas de Rutina (https://www.instagram.com/p/DHRtsWDyN7H/) * Jueves: Tirar o donar 3 cosas que ya no necesito. Menos es Mas * Viernes: Comprar flores para MI, disfrutar de algo que me haga sonreir. * Sábado: Organizar un rincón pequeño (un cajón (https://www.instagram.com/p/DEjIqniJhzi/)). * Domingo: Respirar y agradecer el camino que he recorrido esta semana. Algo que me inspiró En el libro de Healing After Loss (https://amzn.to/4dHoavR), Sanar una pérdida (https://amzn.to/4vnjukW) que me regaló mi amiga Ingrid, encontré esta reflexión donde Kathleen R. Fischer resume un poco mi último año: “En cada punto del viaje humano encontramos que tenemos que dejar ir para avanzar: y dejar ir significa morir un poco... Reconocer que una parte de mí murió con él es lo que me permite, finalmente, dejar espacio para que algo nuevo nazca”. Que estoy escuchando (Mi Playlist) También he creado para nosotras un playlist en Spotify titulada ‘El Arte de Volver a Empezar’ (https://open.spotify.com/playlist/3BIcvC1BgpC5oZvuCkIfAW?si=5ExV_X8lReWy1skFqNpF8Q&pi=jOCrkjV1RVuEf). En ella he reunido canciones que han sido refugio y motor en mi propio camino; desde temas que en su momento dediqué a mi esposo, como ‘Because You Loved Me’ de Celine Dion, hasta melodías que hoy me recuerdan las ganas de seguir adelante como ‘Unstoppable’, ‘A million dreams’ y ‘Aprender a volar’ entre otras. La música tiene el poder de sanar lo que a veces las palabras no alcanzan. Si tienes una canción favorita que te dé fuerza o te acompañe en tus días difīciles, me encantaría conocerla. Envíame un mensaje para que pueda incluirla y sigamos construyendo esta banda sonora de Mujer Renace juntas. Mi Tiempo, Mi Ikigai El Ikigai es un concepto japonés que me inspira y se traduce como "la razón de vivir" o "la razón para levantarse por la mañana. Elige un momento del día para cerrar los ojos, respirar profundo y simplemente decirte: “Aquí estoy”. Reconoce tu presencia en este nuevo camino, con amor y sin juzgarte. No Olvides… Aún estás aquí, te estás moviendo un paso a la vez y eso es suficiente. Estaré compartiendo estas cartas cada DOMINGO. Si algo en ellas resonó contigo, te invito a suscribirte en el enlace de mi Bio en Instagram (https://www.instagram.com/sabiduriademami/) y a compartirla con una Amiga que creas que lo necesite HOY. Cuéntame en los comentarios qué estás amando o qué te ha dado paz este mes. I see you and give you a Hug, My Friend. Te veo y te abrazo Amiga. Caminemos juntas. Unidas somos más fuertes. Con cariño, P.D. Escribo y comparto mi voz en ‘Un Paso a la Vez’ para acompañarte en la transición, el duelo y el arte de volver a empezar. Si estas cartas te acompañan y quieres invitarme a un café para apoyar este espacio, puedes hacerlo haciendo clic aquí (https://buymeacoffee.com/unpasoalavezjohanna). Gracias por estar del otro lado y caminar conmigo. Si solo me lees, con eso ya me das un montón. Y si este espacio te está ayudando a respirar, me encantaría que te unieras a nuestra comunidad: This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit johannarenace.substack.com (https://johannarenace.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1)
Contact Un Paso a la Vez
- Guest appearances
- Does not typically book guests
Based on episode analysis; this does not confirm that the show is currently accepting guests.
Host of Un Paso a la Vez?
Claim your podcast to manage its listing and keep your show details accurate.
Pod Engine is an independent podcast discovery and analytics service and is not affiliated with or endorsed by this podcast. Artwork and show content belong to their owners. Full legal notice.
Explore this show
Podcast research with Pod Engine