Charlas Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia Cristiana ETP, En tu Presencia en Bogotá, Colombia. Iglesia ETP un nuevo comienzo, familias sanas.

Charlas Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP
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Charlas Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia Cristiana ETP, En tu Presencia en Bogotá, Colombia. Iglesia ETP un nuevo comienzo, familias sanas.
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August 2, 2026
Del Caos al Orden (Pastor Diego Ardila)
<strong>Cita clave:</strong>1 Timoteo 3:2 (RVR1960): «Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar;»<p>1. El diagnóstico: ¿Cómo llegamos al caos?</p><ul><li><strong>Pérdida de rumbo:</strong> El desorden aparece cuando permitimos que malas relaciones, falsas promesas, emociones descontroladas o malas amistades tomen la batuta de nuestra vida.</li><li><strong>El peligro de la autoconfianza:</strong> Pensar que con nuestro propio criterio podemos salir del lío solo nos hunden más. El cambio empieza al sujetar nuestra vida a la autoridad de Jesús.</li></ul><p>2. Madurez espiritual: Gobernar la propia vida</p><ul><li><strong>Carácter sobre talento:</strong> Pablo no le pide a Timoteo dones espectaculares, le pide carácter, dominio propio y fidelidad. La verdadera espiritualidad no busca aplausos, validación ni protagonismo, busca transformación interna.</li><li><strong>Un mandato, no una sugerencia:</strong> La Palabra no dice "sería bueno", dice <strong>«es necesario»</strong>.</li><li><strong>Liderar exige gobernarse:</strong> No podemos velar por nuestra familia, finanzas o comunidad si ni siquiera podemos controlar nuestras propias palabras, arranques de ira o impulsos.</li></ul><p>3. El llamado a ser irreprensibles (Intachables)</p><ul><li><strong>Coherencia, no perfección inalcanzable:</strong> Ser irreprensible no significa ser perfecto, sino ser <strong>recto e íntegro</strong>. Que lo que hablas en público sea lo que vives en privado, incluso cuando nadie te ve.</li><li><strong>Fuerza ante la tentación:</strong> Es tener la convicción de rechazar el dinero fácil, las trampas morales o las pasiones desordenadas, manteniendo la transparencia en el matrimonio, la familia y el trabajo.</li></ul><p>4. Debilidad vs. Esclavitud</p><ul><li><strong>La diferencia es el control:</strong><ul><li><strong>Debilidad:</strong> Es una lucha constante en la que, con la ayuda de Cristo, mantienes el control y buscas la victoria.</li><li><strong>Esclavitud:</strong> Es cuando la falta de dominio propio (pornografía, chisme, ira, mentira, avaricia) te gobierna y decide por ti.</li></ul></li><li><strong>Decisión de cambio:</strong> El enemigo conoce los puntos débiles para desordenarnos, pero la victoria empieza al tomar la decisión firme de asumir el gobierno de nuestra vida bajo el poder de Dios.</li></ul><p>💡 Conclusión</p><p>El orden de Dios no se compra, pero exige la decisión de madurar, dejar de ser "niños espirituales" y desarrollar un carácter firme. Si arreglas tu carácter en Cristo, tu hogar, tus finanzas y tus relaciones se van a ordenar por añadidura.</p><p><br></p>

July 27, 2026
Familias de Cartón (Pastor Alejandro Roncancio)
<p>Gálatas 4:29 "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. "</p><p><br> Quiero invitarlos a analizar la historia y meternos en la intimidad de una de las familias más conocidas de la Biblia: La familia de Abraham y Sara:</p><p>Dios les había dado una gran promesa, pero los años pasaban y nada que se cumplía. Así que, en medio del desespero, decidieron hacer lo que muchos de nosotros hacemos hoy en día: intentar "ayudarle" a Dios con una solución puramente humana.</p><p>De esa decisión nace Ismael. Fue un hijo producto de la carne, del afán y de la lógica humana, no del diseño del Espíritu. Sara y Abraham armaron una solución que, por encima, parecía resolver el problema, pero que en el fondo era frágil y trajo mucho dolor tanto en la vida de Sara como también en la vida a Agar. Construyeron una solución "de cartón". Y las consecuencias de intentar forzar las cosas en sus propias fuerzas, en lugar de esperar la promesa de Dios, generaron conflictos familiares tan profundos que aún en el día de hoy podemos ver las consecuencias.</p><p>Precisamente sobre este contraste entre lo que hacemos en nuestras fuerzas y lo que Dios hace a través de su Espíritu, es que el apóstol Pablo nos habla hoy en su carta a los Gálatas: "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora." — Gálatas 4:29 (RVR1960)</p><p>Es interesante ver los dos planos que el apóstol Pablo propone para llevar a los gálatas a reflexionar; los lleva a analizar cuándo algo proviene del Espíritu y cuándo algo proviene de la carne.</p><p>Por eso, me centré en este pasaje para estudiar un poco a esta familia, ya que el apóstol Pablo la trae a colación. Vamos a revisar los peligros que amenazan a las familias, esos desafíos por los cuales todos atravesamos en estos tiempos.</p><p>A menudo nos enseñan cómo construir una familia, cómo formarla y cómo convivir en ella, pero solemos perder de vista los errores que nosotros mismos generamos. A veces queremos que nuestras familias mejoren y sean transformadas, pero los cambios que proponemos son meramente humanos; y cuando son de origen humano, lastimosamente no son permanentes, sino pasajeros.</p><p>Lo explico de esta manera: si intentas imponer reglas en tu hogar motivado por la ira, el resentimiento o el mal carácter, tal vez consigas resultados temporales, pero no lograrás un cambio real. Podrás infundir temor, pero nunca una verdadera transformación. Y cuando escudriñamos la Palabra para entender por qué sucede esto, descubrimos una gran verdad que hoy quiero compartir contigo y con todas las familias que me escuchan: la única forma de que un hogar sea verdaderamente transformado es a través del Espíritu Santo.</p><p>Podemos acumular riquezas, alcanzar un alto nivel educativo, tener prestigio social o mucho reconocimiento, pero hoy vengo a decirte que la única manera de edificar una familia sólida es mediante el poder del Espíritu Santo.</p><p>Si deseas tener una buena familia, necesitas a Cristo. Todo lo demás es bienvenido (los recursos económicos, que tus hijos estudien en un excelente colegio o en una gran universidad), pero absolutamente nada podrá reemplazar la presencia de Dios en un hogar. Cuando permites que la presencia de Dios reine en tu casa, tendrás una familia bendecida para Su gloria. Si Cristo está en la casa, la familia avanza. Cuando Cristo gobierna el hogar, este trasciende hacia el propósito que Dios ha trazado para él. </p><p><br></p><p><strong>A la manera de Dios o a mi manera<br></strong><br></p><p>Ahora, ¿qué pasa cuando los cambios y la transformación en una familia no nacen del Espíritu? Entonces provienen de tus opiniones, provienen de tu crianza. Muchas veces decimos: "Es que así me criaron a mí". Entonces, como tu papá cogía un palo, tú ya también tienes un palo; y como tu mamá tenía una chancla, tú también andas por ahí armado con una chancla en la cintura porque así te criaron. </p><p>Hoy no vine a hablarte de tu crianza, hoy vine a hablarte del poder del Espíritu de Dios para que transforme a la familia. No vine a hablarte de lo que viviste en los tiempos de tus abuelos, vine a decirte que Dios está interesado en tu familia para traer una transformación a través del Espíritu, y no por métodos humanos.</p><p>Cuando permites que Cristo intervenga en tu familia, entonces ya no serán tus opiniones ni tus emociones las que manden, porque actuar bajo nuestras emociones hace que, en lugar de arreglar las cosas, empeoren mucho más. Lo que nace de la carne se daña, pero lo que es del Espíritu permanece. Por eso te decía que esos cambios que hacemos en nuestra carne, si son normas, están muy bien, pero hay que ungirlas con el Espíritu Santo en oración, hay que pedir que Dios nos guíe y nos hable para que las cosas realmente puedan mejorar, porque cuando lo haces solo a tu manera, el hogar va por un camino en cierta temporada y por otro muy distinto en otra.</p><p>Veo en la Biblia que el apóstol Pablo menciona a Isaac y a Ismael para hacer el paralelo entre cuando Dios mete la mano y cuando el hombre mete la mano. Si hemos traído al psicólogo para que nos ayude en casa, no está mal. Si hemos acudido al médico, no está mal; o al arquitecto... Hacemos tantas cosas por nuestra casa en lo físico, en la estructura, en lo mental y en lo emocional. Pero hoy vine a decirte: invita a Cristo a que viva en tu casa, no solo a que la visite. Cuando Cristo vive en la casa, a la casa le va bien, es bendecida, los hijos son bendecidos, el matrimonio es bendecido. No a tu manera, sino a la manera de Dios.</p><p>Como un ejercicio pedagógico y para que lo recuerdes, quiero que lo pienses así: vamos a definir si en nuestra casa estamos haciendo las cosas a la manera de Dios o a tu manera. Tenemos la tendencia a querer hacerlo a nuestra manera, nos gusta, entonces nos imponemos y decimos cosas como: "¡Aquí se va a hacer así!". Ese tipo de actitudes demuestran que en esa casa se están haciendo las cosas a tu manera. Y hoy te estoy hablando de hacerlas a la manera de Dios. </p><p><strong> <br></strong><br></p><p><strong>El Gobierno del Espíritu en el Hogar<br></strong><br></p><p>Cuando estaba estudiando un poco la historia de Isaac e Ismael, yo decía: "Señor, ¿cómo es posible que estos dos nunca pudieron estar en paz?". Ismael venía de un actuar de la carne, y ese actuar siempre terminó persiguiendo a lo que venía del Espíritu. Cuando en una casa no se le entrega el gobierno a Dios para que el Espíritu de Dios la gobierne, entonces otras cosas comienzan a gobernar: no gobierna el Espíritu de Dios, gobierna tu temperamento; no gobierna el Espíritu de Dios, gobiernan tus ideas o lo que tú quieres.</p><p>Hoy vengo a decirte que, cuando el Espíritu Santo está en tu vida, lo que va a gobernar no son tus deseos, sino los frutos del Espíritu Santo. Podrás tener amor por tus hijos, habrá gozo y paz en el entorno. Ve, estudia los frutos del Espíritu, y te darás cuenta de lo que es una verdadera familia y una verdadera casa. Porque cuando una familia se construye sin Dios, termina luchando contra lo que viene de Dios.</p><p>A una familia que no está construida por el Señor no le gusta orar, porque eso viene del Espíritu. No le gusta hacer el devocional, porque eso viene del Espíritu. No le gustan las normas ni hacer lo correcto, porque eso viene del Espíritu. Entonces los hijos quieren entrar a la hora que les da la gana a la casa, porque eso no viene de Él, viene de cómo se está manejando nuestra casa según la carne. "Es que todos los amiguitos en el colegio...", para ahí. "Es que en la universidad se hace...", pero es que nuestra casa no puede estar ...</p>

July 19, 2026
El Corazón de Abum (Pastor Alejandro Prieto)
<p><br></p><p>Lucas 15:11 en adelante</p><p><strong>La historia de un amor incomprensible<br></strong><br></p><p>La historia que estamos por leer es conocida para toda la iglesia, pero hoy quiero que conozcas más el corazón de Abum (término utilizado por Jesús en lengua Aramea cuando hablaba con Dios, término similar en Griego de Abba) y además enseñarte algunos aspectos de esta parábola que Jesús narró.</p><p>Con esta parábola, Jesús quiso re enfocar la atención del mundo religioso de su época a la esencia del corazón de Dios.</p><p>Lucas 15:11-13 (RVR1960) "También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente."</p><p><br></p><p><strong>La desfachatez de pedir la herencia<br></strong><br></p><p>Esta historia nos muestra el día a día de una familia: un padre, dos hijos, una finca, mucha abundancia y mucho trabajo. Pero, de un momento a otro, el hijo menor tiene la desfachatez y el atrevimiento de pedirle a su padre su parte de la herencia en vida.</p><p>Al pedir esto, está comprometiendo incluso la economía de su padre, ya que al dividir la herencia, el anciano tiene que entregar una gran parte de su patrimonio. Pensemos por un momento en el dolor que le causó; el padre pensaba que su hijo estaba feliz trabajando a su lado, y de pronto recibe este golpe de exigirle lo suyo. Esto nos hace entender que, cuando el muchacho regresa, lo que queda en la finca es realmente la parte del hijo mayor. Las implicaciones son muy fuertes, en el fondo es decirle a su padre: "no me importa cómo sobrevivas en tu vejez, yo quiero mi mundo, mi vida, mis derechos, lo mío; no me importas tú". </p><p>El hijo menor hizo exactamente lo opuesto a este mandato: deshonró a su padre al máximo nivel, tratándolo como si ya no le importara su vida.</p><p>Al romper ese mandamiento, automáticamente se desconectó de la promesa. Por eso la historia da un giro tan drástico: como no honró a su padre, no le fue bien. Perdió su dinero, perdió su dignidad y terminó en la ruina deseando comer lo que le daban a los cerdos.</p><p>La iglesia tiene que entender que honrar a los padres y a Dios no es solo un tema de reglas o respeto, sino de protección y bendición para nuestro propio futuro. </p><p>¿Cuántas veces hacemos nosotros lo mismo? Nos acercamos exigiendo nuestros derechos, buscando nuestras bendiciones y “nuestra parte”, pero olvidándonos por completo de cuidar nuestra relación con quien nos lo da todo. “Hoy en día la falta de honra a los padres está acabando con la vida de los hijos, llevándolos a brotes de maldición, enfermedad, ruina, dolor, sufrimiento; La Palabra dice en Efesios 6:2-3 “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”</p><p><br></p><p><strong>La seducción de una ciudad lejana<br></strong><br></p><p>Cuando trato de averiguar qué pasó en el corazón de este muchacho, me lo imagino en sus años de juventud, trabajando duro de sol a sol, limpiando establos y recogiendo cultivos. Su padre pensaba que estaba formando a un heredero, pero no sabía que, en el fondo, alguien le había robado el corazón a su hijo.</p><p>El plan estaba amañado; cuando pidió la herencia, ya sabía a dónde ir: a una ciudad distante, lo más lejos posible de su papá. Me lo imagino recostado en la cerca de la finca, viendo a la gente pasar y escuchando historias sobre la ciudad de la diversión, ese lugar donde la vida comienza justo cuando el sol se oculta. Al ver las luces de esa ciudad noche tras noche, comenzó a soñar. Poco a poco, su corazón se fue despegando de su padre, sin darse cuenta de que, al hacerlo, perdía su propia identidad. Creía que no tenía nada, pero en realidad lo tenía todo en el amor de su papá.</p><p>La lejanía con el Padre no comienza con un viaje físico, sino con una mirada constante hacia lo que el mundo ofrece. Es la tragedia de olvidar quiénes somos y menospreciar el amor incondicional por culpa de un espejismo.</p><p><br></p><p><strong>El origen de nuestro valor y propósito<br></strong><br></p><p>Esta historia del hijo pródigo, en la cual él pierde la conexión con su padre, es nuestra propia historia. A veces, teniéndolo todo, te dejas engañar por la seducción del enemigo que te susurra: "No necesitas depender de tu Padre para llegar a alguna parte, puedes hacerlo por ti mismo". Al dejarte seducir y rebelarte, pierdes el vínculo y tu propia identidad.</p><p>Tú vienes del aliento del padre, él fue el que sopló en nosotros y nos hizo seres humanos, y tenemos dignidad porque venimos de Dios, porque venimos de él. Él es tu fuente, él es el que te da propósito y te da identidad. Cuando tú estás conectado con él, recibes el sentido, propósito, fuerza y sueños de Dios que le dan sentido a tu vida. Pero cuando te rebelas contra él, pierdes el tesoro más grande. Y aunque el pródigo peleó por una cosa material porque lo material le había robado el corazón, en realidad perdió lo más valioso que era la amistad de él con su padre.</p><p>La Palabra nos recuerda en Santiago 1:17 (RVR1960): "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación."</p><p>Todo lo bueno y perfecto desciende a ti de parte de Dios tu padre, quien creó todas las luces de los cielos, él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento. Él es perfecto, él es luz, él es tu fuente, él es tu defensa, él es tu abogado, él es tu Dios, él es tu padre, tu mejor amigo, él es tu refugio, él es tu casa, él es tu Señor. Y el pródigo nunca entendió que desligarse del Padre, lo perdió todo, porque el que tiene al padre lo tiene todo.</p><p>Qué triste cuando peleas por cosas, porque quieres que el padre te dé cosas a costa de él, cuántas veces buscas bendiciones sin darte cuenta de que, el que tiene al dador de las bendiciones lo tiene todo. Si tú has probado cualquier cosa buena y edificante, probaste un regalo que sólo viene de Dios. El tener el amor de un padre, de una madre, lo inventó Dios. El poder tener el beso de una amada, lo inventó Dios. El besar a un hijo en la frente, lo regaló Dios. Tu salud la regala Dios, la bendición en los negocios lo regala Dios, el salir en la vida adelante es un regalo de tu Padre celestial. Cuenta tus bendiciones porque detrás de esas bendiciones está tu Padre celestial.</p><p>La peor tragedia humana no es perder cosas materiales, sino perder nuestra identidad y nuestro propósito al desconectarnos de nuestra única fuente de vida: nuestro Padre celestial. El que tiene al Padre, lo tiene absolutamente todo.</p><p><br></p><p><strong>La ilusión del mundo y la verdadera miseria<br></strong><br></p><p>El hijo pródigo pensó que la vida era hacer lo que le daba la gana, lejos de la obediencia. Pero quien se desliga del amor del Padre, se somete a la esclavitud de sus propios deseos.</p><p>Lucas 15:14-16 (RVR1960) "Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba."</p><p>Regresa no como un noble, sino como un reo: sucio, rapado y maloliente. El mundo nos engaña haciéndonos creer que vivir alejados de Dios es libertad, pero nos encadena a la búsqueda de fama y de posesiones. Nos pone a competir con todos para demostrar que valemos ...</p>
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