¿Por qué leer y escuchar hoy a un periodista de 1930? Porque Manuel Chaves Nogales escribió sobre la Rusia bolchevique, el ascenso del fascismo y el desgarro de la Guerra Civil española, con una claridad que asusta. No lo hizo desde la barrera, sino desde el barro, con la premisa de que un periodista solo debe lealtad a la verdad y a sus lectores. Por lo tanto, este no es un podcast de historia del Periodismo; es un ejercicio de supervivencia intelectual. Con él hablaremos del presente. <br/><br/><a href="https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast">antoniomanfredi1959.substack.com</a>

Chaves Nogales: la Mirada Libre
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¿Por qué leer y escuchar hoy a un periodista de 1930? Porque Manuel Chaves Nogales escribió sobre la Rusia bolchevique, el ascenso del fascismo y el desgarro de la Guerra Civil española, con una claridad que asusta. No lo hizo desde la barrera, sino desde el barro, con la premisa de que un periodista solo debe lealtad a la verdad y a sus lectores. Por lo tanto, este no es un podcast de historia del Periodismo; es un ejercicio de supervivencia intelectual. Con él hablaremos del presente. <br/><br/><a href="https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast">antoniomanfredi1959.substack.com</a>
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July 5, 2026
Episodio 9. Asturias 34. Aquí empezó todo
<p>Abordaremos el debate histórico sobre la Revolución de Asturias de 1934 como el preámbulo de la Guerra Civil, analizando la cruda realidad que Manuel Chaves Nogales capturó sobre el terreno con su habitual lucidez insobornable.</p><p>1934: ¿El verdadero inicio de la Guerra Civil?</p><p>El debate sobre si octubre de 1934 fue el “primer acto” de la contienda de 1936 es uno de los más intensos de la historiografía española. Chaves Nogales, testigo de ambas tragedias, ofrece una perspectiva que hoy resulta esencial para entender los peligros de la polarización extrema.Argumentos a favor de esta tesis:Ensayo de confrontación: En Asturias se midieron las mismas fuerzas (el bloque obrero frente al Estado y unidades militares como la Legión) que se enfrentarían dos años después.Violencia y radicalización: La brutal represión militar y la violencia revolucionaria de las milicias prefiguraron la deshumanización del conflicto posterior.Simbología: El lema “UHP” (Uníos, Hermanos Proletarios), que marcó las milicias en 1936, nació precisamente en las cuencas mineras asturianas.Erosión democrática: La entrada de la CEDA en el gobierno fue vista por la izquierda como una amenaza fascista, justificando el recurso a las armas para “salvar la República”.</p><p>Argumentos en contra (matices):Naturaleza del conflicto: En 1934, el Estado republicano era constitucional y legítimo al sofocar la rebelión; en 1936, fue una parte del propio ejército la que se sublevó contra el gobierno.Escala local: La insurrección de 1934 fue desigual y descoordinada, adquiriendo magnitud real solo en Asturias, mientras que la Guerra Civil fue un conflicto nacional total.Continuidad del sistema: Tras octubre, el sistema parlamentario siguió funcionando hasta las elecciones de febrero de 1936, lo que sugiere que la convivencia aún tenía cauces legales antes de la ruptura definitiva.</p><p>La presencia de Chaves Nogales en Asturias. Chaves Nogales llegó a las cuencas mineras como enviado especial del diario Ahora apenas fue sofocado el levantamiento. Su labor no fue la de un teórico, sino la de un reportero que “anda y cuenta”: interrogó a prisioneros, viudas de guardias civiles, párrocos y propietarios desposeídos. Publicó una serie fundamental titulada “La crisis de Asturias” entre el 24 y el 28 de octubre de 1934. Sus artículos destacados fueron:“La organización del ejército rojo en Asturias”.“Dos revoluciones en quince días desatadas sobre la región asturiana”.“Hay que poner las cosas en su punto” (donde desmintió bulos macabros de ambos bandos).“Lo que no debe quedar vivo bajo los escombros”.“El martirio de Oviedo bajo el imperio de la dinamita”.“La liberación de Asturias contada por el general López Ochoa”.</p><p>Texto para leer en el podcast</p><p>Este fragmento es la apertura de su primera crónica. Refleja su método de trabajo y la desolación de un periodista que ve cómo su país se desliza hacia la barbarie.Fuente: Chaves Nogales, M. (24 de octubre de 1934). “La organización del ejército rojo en Asturias”. Diario Ahora, Madrid.</p><p>“Voy recorriendo uno a uno los pueblecitos de la zona minera de Asturias. Al borde de la carretera me paro a charlar con los mozos, que, mano sobre mano, miran recelosos el ir y venir de los convoyes militares. Entro en las casas-cuartel de la Guardia Civil, y las mujeres y chicos de los guardias me cuentan el episodio dramático de que fue protagonista cada uno. Donde me dejan, procuro hablar con los prisioneros. Al pie de los altares, humeantes todavía, los párrocos me cuentan llorando cómo ardieron las imágenes... Es cierto, rigurosamente cierto, que la rebelión ha tenido esta vez caracteres de ferocidad que no ha habido nunca en España. Ni siquiera durante la gesta bárbara de los carlistas hubo tanta crueldad, tanto encono y una tan pavorosa falta de sentido humano. La revolución de los mineros de Asturias, fracasada, no tiene nada que envidiar, en punto a crueldad, a la revolución bolchevique triunfante. Oviedo, la ciudad muerta, recuerda aquellas ciudades del frente occidental devastadas por el fuego cruzado de dos ejércitos potentísimos”.</p><p>Traer hoy la visión de Chaves sobre 1934 es un acto de pedagogía cívica. Su pensamiento es vigente porque nos advierte que: La verdad es la primera víctima: Chaves se esforzó en desmentir las “versiones escalofriantes” y bulos que circulaban (como que los mineros se habían comido a un cura), advirtiendo que la mentira solo alimenta el odio. El odio a la estupidez: Su “única y humilde verdad” fue el odio a la crueldad, viniera de donde viniera. Hoy, ante el auge del sectarismo, su postura de independencia insobornable es el mejor antídoto contra el fanatismo. La fragilidad de la convivencia: Chaves advirtió que la derrota por las armas no es una victoria moral. Si no se convence mediante el diálogo y la educación, el conflicto solo queda latente, esperando una nueva chispa para estallar.</p><p>Para profundizar en el testimonio de Manuel Chaves Nogales sobre los sucesos de octubre de 1934, la recomendación principal en el mercado editorial actual es el libro “Tres periodistas en la revolución de Asturias”, publicado por la editorial Libros del Asteroide (2017). Este volumen es una pieza excepcional porque reúne las crónicas de tres grandes firmas que vivieron y narraron el conflicto desde perspectivas distintas: Manuel Chaves Nogales, Josep Pla y José Díaz Fernández.</p> <br/><br/>This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit <a href="https://antoniomanfredi1959.substack.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1">antoniomanfredi1959.substack.com</a>

June 7, 2026
Episodio 8. Sobre la libertad de las mujeres
<p>Intentamos responder a la pregunta de la visión de la mujer en la obra de Chaves y su condición, también aquí, de un heterodoxo muy alejado de la visión tradicional española, que, en muchos aspectos, sigue vigente hoy día. Vamos a leer un fragmento que pertenece a su etapa de madurez en París, donde sintetiza su visión sobre la liberación femenina a través del trabajo y la biología, contraponiéndola a la situación que observaba en el sur de España.</p><p>Se trada del libro “La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja. Capítulo: “Un día en París” publicado en 1929. Previamente, los textos habían aparecido de forma seriada en el periódico Heraldo de Madrid durante el año 1928.</p><p><strong>“En París —no sólo en París, pero en París principalmente— la mujer va siempre al lado del hombre. No creo que aquí haya habido nunca problema feminista a la manera ininteligente que tuvieron de plantearlo las mujeres anglosajonas. Francia ha resuelto el problema feminista de esa manera tan humana, tan sencilla, y netamente biológica que tiene el espíritu francés para plantearse y resolverse los problemas. [...]</strong></p><p><strong>La mujer está hoy en todas partes. En un sitio, gobierna; en el otro, obedece; aquí, goza; allí, sufre; camarera o dueña, y señora de príncipes, cada cual según su temperamento. Vendedoras ambulantes, mecanógrafas, obreras, intelectuales, madres, esposas, amantes de una hora o amantes de toda la vida. ¡Qué grata para uno, español, esta omnipresencia de la mujer!</strong></p><p><strong>La cuestión está en salvar el problema sexual, en no concederle más que la importancia secundaria que tiene en realidad. Superado esto, no hay problema feminista. La mujer toma automáticamente la parte que le corresponde en el trabajo del mundo y automáticamente se redime de su esclavitud. Yo comparo estas muchachas graciosas, gentiles, independientes, fieramente independientes, que desempeñan en París la función social de hacer el amor, con aquellas otras mujercitas tristes, dramáticas, de Andalucía, a las que los señoritos maltratan, y las encuentro absolutamente redimidas”</strong></p><p>El cronista sevillano observó la condición femenina con la misma lucidez y falta de prejuicios con la que analizó los grandes totalitarismos de su tiempo. Su mirada evolucionó desde el análisis de la mujer atrapada en las tradiciones de su Sevilla natal hasta la fascinación por la “omnipresencia” y la independencia de la mujer moderna en las capitales europeas.</p><p>En su obra de juventud, La Ciudad (1921), Chaves retrata a la mujer sevillana como la habitante de patios “tristes, definitivamente tristes”, donde la historia íntima femenina está marcada por la pena, incluso en sus expresiones de alegría.</p><p>Años después, en París, como ya hemos visto, descubriría con entusiasmo a una mujer “fieramente independiente” que trabaja y se redime de la “esclavitud” y la “prostitución negra” de los países menos civilizados.</p><p>La mujer como motor revolucionario: Durante su viaje a la URSS, Chaves identificó que la mujer rusa era un “formidable fermento revolucionario”. Sostenía que, mientras en los países latinos la mujer era un elemento conservador, en Rusia su sentimiento de cambio era superior al del hombre, sumándose a la revolución con un fervor de “misión providencial”.</p><p>El cambio del canon estéticoEn su biografía de Juan Belmonte (1935), Chaves analiza cómo el ideal de belleza en España pasó de la mujer “peso pesado” (las camareras de café) a un modelo más estilizado e internacional, personificado en la esposa extranjera del torero, lo que en su día supuso un “escándalo público” para los castizos. Cuando Belmonte regresó de América en el otoño de 1918 tras casarse en Lima con una joven de la buena sociedad local, Julia de Cossio, el desembarco en Cádiz y la llegada a Sevilla supusieron un desencanto para sus paisanos. Al ver a la esposa de Belmonte —una mujer estilizada y alejada de las formas rotundas del gusto español de la época—, las comadres trianeras la miraban con desprecio y comentaban con sarcasmo: “¡Valiente sardina se ha traído Juan!”</p><p>El matrimonio de Belmonte no fue visto simplemente como un asunto privado, sino como un “insolente desacuerdo con el canon nacional de belleza”. Para los castizos e integristas de la tradición, que un torero famoso —figura máxima del casticismo— se casara con una “señorita extranjera” que no encajaba en el modelo de mujer española “como es debido”, adquirió tintes de escándalo público. La sociedad tradicionalista se sentía irritada ante lo que percibía como una traición a los estándares estéticos de la raza.</p><p>En sus relatos de la Guerra Civil, Chaves destaca figuras como Rosario, una miliciana que salva la vida de un abogado de derechas. Para el autor, la heroicidad femenina emana de los valores humanos y la compasión, situándose por encima de los fanatismos sectarios. .</p><p>Por cierto, se sabe que Chaves Nogales llegó a firmar artículos de moda para prensa hispanoamericana bajo el nombre de su hija, Pilar Chaves, para sortear ciertas limitaciones o completar encargos de agencias. Por cierto, para entender cómo pensaba Chaves Nogales y lo lejos que estaba de los estándares habituales, escuchemos a su hija en octubre de 2017 en Sevilla, entrevistada por Jesús Vigorra y Pérez Reverte, acompañada de su hijo, Antony Jones Chaves.</p><p><strong>Otra mujer muy importante. La responsable de la recuperación de su Obra: La investigadora y catedrática María Isabel Cintas es la mayor experta en su obra y ha dedicado décadas a recuperar sus textos, siendo reconocida como la figura clave que sacó al periodista del ostracismo</strong>.</p> <br/><br/>This is a public episode. 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May 3, 2026
Episodio 7. La dignidad en la derrota y la precariedad
<p><strong>Grabo este podcast el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, una reivindicación que hoy, más que nunca, está vigente. Por eso recurro de nuevo a Chaves Nogales. Titulo este capítulo siete: La dignidad en la derrota y la precariedad</strong></p><p>Gran parte de su obra final fue escrita desde el exilio, con escasos recursos y bajo la sombra de la persecución. Nunca vendió su pluma al mejor postor, a pesar de las dificultades económicas.</p><p>* <strong>Vigencia:</strong> Su ética profesional frente a la adversidad es un referente para el periodismo actual, que a menudo se enfrenta a crisis de modelo de negocio y presiones externas. Chaves es el ejemplo de que la integridad es el activo más valioso de un comunicador.</p><p><strong>CABECERA</strong></p><p>Para este nuevo episodio sobre Manuel Chaves Nogales, exploraremos la faceta más heroica y, a la vez, más amarga de su trayectoria: su capacidad para mantener la integridad profesional y la dignidad moral mientras vivía en la precariedad del exilio y bajo la constante amenaza de muerte.</p><p>Chaves Nogales pasó de ser uno de los periodistas mejor pagados de España, con un sueldo de 3.000 pesetas mensuales en el diario Ahora, a vivir en la indigencia del exilio. Al salir de España en noviembre de 1936, se instaló en un modesto hotelito de un arrabal parisino (Montrouge), rodeado de otros “desarraigados” víctimas de los totalitarismos. A pesar de las dificultades económicas —su hija Pilar recordaba que tuvieron que vender muebles y lámparas para sobrevivir—, Chaves se negó a vender su pluma. Mantuvo lo que él llamaba una “ciudadanía española puramente espiritual”, de la que ni los “blancos” ni los “rojos” pudieran desposeerle.</p><p>. En Londres, trabajó de forma frenética para múltiples medios latinoamericanos, a menudo sufriendo porque los pagos tardaban meses en llegar, lo que le sumía en una constante estrechez económica</p><p>Su ética no era una pose intelectual, sino un riesgo físico real. Chaves confesó que, antes incluso de la guerra, los fascistas habían acordado asesinarlo como medida preventiva, mientras que los revolucionarios también le consideraban “perfectamente fusilable”</p><p>En 1940, la Gestapo fue a buscarle a su casa de París, obligándole a una huida desesperada hacia Londres</p><p>La saña del régimen franquista contra su integridad fue tal que, ocho días después de su muerte en 1944, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo le condenó a doce años de prisión e inhabilitación absoluta perpetua</p><p>Fuente: Sus últimas palabras recogidas por Antonio Soto (1944)</p><p><strong>“Hasta ahora no se ha descubierto ninguna forma de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante... es decir; la paz, la libertad, la democracia. En el mundo no hay más. [...] Si los españoles abusan alguna vez de la libertad, démosles más libertad aún. Los males de la libertad solo con libertad se curan”.</strong></p><p>La independencia tiene un precio: Chaves demuestra que la fidelidad a la verdad a menudo conlleva la soledad y el ostracismo</p><p>. En un mundo de “periodismo de bando”, él es el referente de la “Tercera España”.</p><p>La integridad frente a la crisis del modelo: Mientras hoy el periodismo sufre presiones por el modelo de negocio, Chaves nos recuerda que “nadie puede sustituir al periodista como mediador entre la realidad y el lector” si este mantiene su rigor y honestidad</p><p>El periodista como “primer borrador de la historia”: Su legado es una lección de cómo contextualizar lo que se ve para que se entienda, sin caer en la banalidad de las tecnologías o las modas pasajeras</p><p>---- Aprovecho para hablarles del antes mencionado, Antonio Soto.</p><p>Antonio Soto fue un periodista gaditano y uno de los amigos más íntimos y leales de Manuel Chaves Nogales, con quien mantuvo una relación fraternal desde 1920</p><p>. Ambos compartieron una trayectoria profesional paralela, siendo compañeros en la redacción del Heraldo de Madrid y, años más tarde, coincidiendo nuevamente en el exilio en Londres</p><p>En la capital británica, Soto desempeñó un papel crucial tanto en la vida personal como profesional de Chaves:</p><p>Compañero de exilio y trabajo: Soto trabajó junto a Chaves en la agencia Atlantic-Pacific Press Agency (APPA) y vivió en el mismo bloque de apartamentos que él, en Russell Court</p><p>Testigo de sus últimos días: Fue una de las dos únicas personas (junto a Frances Kaye) que acompañó a Chaves Nogales durante su enfermedad y muerte en un hospital privado de Londres en mayo de 1944</p><p>Albacea de su palabra: Tras la muerte del cronista, Soto fue el responsable de redactar y radiar su necrológica a través de la BBC el 9 de mayo de 1944</p><p>En este histórico mensaje, Soto inmortalizó el testamento espiritual de su amigo al transmitir sus últimas palabras: “Si los españoles abusan alguna vez de la libertad, démosles más libertad aún. Los males de la libertad solo con libertad se curan”</p><p>Soto mantuvo correspondencia con el hermano de Manuel, José (Pepe) Chaves Nogales, a quien relató con crudeza y ternura las circunstancias del fallecimiento, confesando que no tuvo el valor de verlo morir en el quirófano</p><p>Se encargó de recoger las pertenencias de Chaves para enviarlas a España, incluyendo su máquina de escribir y sus papeles, aunque estos últimos se perdieron en el trayecto o fueron requisados</p><p>Además de su labor periodística, Antonio Soto aparece vinculado a la obra más famosa de Chaves, ya que fue el apoderado del torero Juan Belmonte. Esta doble condición de periodista y hombre de confianza en el mundo taurino refuerza su importancia como pieza clave para entender el entorno humano que rodeó a Chaves Nogales en sus años de mayor esplendor y en su amargo final en Londres.</p> <br/><br/>This is a public episode. 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