

Guiones y guionistas
Hosted by David Esteban Cubero · David Esteban Cubero
4.9from 179 ratings
- 808
- Episodes
- 179
- Ratings
- Weekly
- Cadence
- 2017
- First episode
About Guiones y guionistas
Cursos de guion
- Publisher
- David Esteban Cubero
- Category
- arts · education · tv & film
- Language
- es
- Explicit
- No
- First episode
- 24 Jun 2017
- Latest episode
- 2 Nov 2026
Latest episodes
808 episodes in the feed.

2 Nov 2026
808. Guionistas y actores: dos formas de dar vida a un personaje
El artículo 808. Guionistas y actores: dos formas de dar vida a un personaje (https://cursosdeguion.com/808-guionistas-y-actores-dos-formas-de-dar-vida-a-un-personaje/) se publicó primero en Academia Guiones y guionistas (https://cursosdeguion.com). ¿Qué tienen en común un guionista y un actor? Mucho más de lo que parece. Ambos trabajan para dar vida a los mismos personajes, aunque lo hagan desde lugares diferentes: uno los crea sobre el papel y el otro los encarna ante la cámara. Sin embargo, resulta sorprendente que dos profesionales tan estrechamente relacionados apenas tengan oportunidades de trabajar juntos. Hace veinticinco años participé en un taller de Joaquín Oristrell que reunía a actores y guionistas para escribir e interpretar escenas conjuntamente. Aquella experiencia me hizo descubrir hasta qué punto ambos oficios pueden enriquecerse mutuamente. Hoy quiero reflexionar sobre esa relación: qué puede aportar un guionista al trabajo de un actor, qué pueden enseñarnos los actores sobre nuestros propios personajes y por qué quizá deberíamos colaborar mucho más a menudo. Porque un personaje no termina de crearse cuando escribimos la última línea de diálogo. Su verdadera vida está a punto de comenzar. Y seguimos publicando clases para los suscriptores de la Academia Guiones y guionistas del curso sobre Viajes en el Tiempo (https://cursosdeguion.com/curso/curso-viajes-en-el-tiempo/). En este curso aprendemos a escribir historias de viajes en el tiempo desde la perspectiva del guionista. No estudiamos física ni intentamos demostrar si un agujero de gusano puede existir, sino que analizamos las reglas narrativas que hacen que estas historias funcionen. En la séptima clase mostramos Los personajes en las historias de viajes en el tiempo. Cómo crear personajes en los que influencie el pasado, el presente y el futuro con conflictos y transformaciones profundas. Un taller que me cambió la forma de entender los personajes Hace unos veinticinco años participé como alumno en un taller impartido por el guionista y director Joaquín Oristrell. No recuerdo exactamente cómo se llamaba, pero era algo parecido a «Actuación para guionistas y guion para actores». Tenía una particularidad: la mitad de los alumnos éramos actores y la otra mitad, guionistas. Durante el taller realizamos numerosos ejercicios que mezclaban ambas disciplinas. Escribíamos escenas, las interpretábamos e improvisábamos situaciones para descubrir cómo cambiaba un texto cuando dejaba de estar sobre el papel y comenzaba a cobrar vida. Recuerdo especialmente el ejercicio final. Oristrell nos organizó por parejas, un guionista y un actor, y nos encargó escribir una escena juntos para después representarla. Aquella experiencia me hizo reflexionar sobre algo que, veinticinco años después, sigue pareciéndome fundamental: la escritura y la interpretación son dos vasos comunicantes que persiguen el mismo objetivo: crear personajes capaces de emocionar al espectador. El guionista imagina a un personaje, inventa su pasado, sus deseos y sus conflictos. Después escribe sus acciones y diálogos. Pero ese personaje todavía no existe físicamente. Necesita que alguien le preste su cuerpo, su voz y sus emociones. Y ahí aparece el actor. Lo curioso es que, a pesar de esa relación tan íntima, guionistas y actores suelen tener muy pocas oportunidades de trabajar juntos. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué podrían aportar unos al trabajo de los otros? De eso quiero hablar hoy. Dos oficios, un mismo personaje Cuando escribimos un guion, creamos personajes mediante acciones. Decidimos qué quieren, qué obstáculos encuentran y cómo reaccionan ante los conflictos. Imaginemos una escena en la que una mujer descubre que su marido le ha sido infiel. Encuentra un mensaje en su teléfono y, cuando él entra en la habitación, le pregunta tranquilamente si quiere cenar. Sobre el papel, la escena es sencilla. Pero pensemos en las posibilidades que ofrece a una actriz. Puede hacer la pregunta conteniendo la rabia, fingiendo que no ha descubierto nada o con una sonrisa inquietante que nos haga temer por la integridad física del marido. El texto es exactamente el mismo, pero cada interpretación cuenta una historia diferente. El guionista construye las circunstancias del personaje; el actor tiene que vivirlas. Nosotros podemos escribir que alguien está aterrorizado, pero el actor necesita encontrar una manera de expresar ese miedo. El guionista organiza los conflictos y determina las acciones. El actor busca las motivaciones que le permitan convertirlas en comportamientos creíbles. Por supuesto, ambos procesos se entremezclan. Precisamente por eso los dos oficios tienen tanto que aprender el uno del otro. ¿Por qué guionistas y actores casi nunca trabajan juntos? La principal razón tiene que ver con la organización tradicional de la industria cinematográfica. El guionista escribe, después llega la producción, se contrata al director, se selecciona el reparto y comienza la preparación del rodaje. En muchos proyectos, cuando los actores se incorporan, el guionista ya ha terminado su trabajo. El director se convierte entonces en el principal interlocutor de los actores. Es quien trabaja con ellos las escenas y decide qué interpretación encaja mejor con la película. Y esto tiene sentido. No sería práctico que cada actor recibiera instrucciones diferentes del guionista, del director y del productor. Bastante complicado es un rodaje como para convertirlo en una reunión de vecinos. Pero una cosa es que el director tenga la responsabilidad de dirigir a los actores y otra que el guionista no pueda aportar nada. En el teatro encontramos modelos diferentes. Es más habitual que el dramaturgo participe en los ensayos y pueda modificar el texto durante el proceso. En televisión, especialmente en las series donde el guionista ejerce como showrunner, también puede existir una relación mucho más directa con el reparto. Quizá deberíamos preguntarnos si el cine no podría beneficiarse de algo parecido. No se trata de que los guionistas dirijan a los actores, sino de crear espacios para que ambos puedan compartir sus conocimientos sobre los personajes. Qué puede aportar un guionista al trabajo de un actor Pensemos en todo lo que sabemos de nuestros personajes cuando terminamos un guion. Durante meses hemos imaginado sus vidas, sus heridas, sus deseos y sus contradicciones. Hemos tomado cientos de decisiones sobre ellos, aunque muchas nunca aparecen explícitamente en las páginas. Imaginemos una película sobre un hombre incapaz de expresar cariño a su hijo. El actor puede descubrir en el guion que se comporta de manera distante y evita el contacto físico. Pero quizá nosotros hemos decidido que ese personaje perdió a su padre siendo niño y nunca aprendió a expresar afecto. Esa información cambia la interpretación: ya no es simplemente un padre frío, sino un hombre que desea acercarse a su hijo, pero no sabe cómo hacerlo. El guionista puede explicar no solamente lo que hace el personaje, sino las contradicciones que provocan su comportamiento. También puede compartir su deseo, su necesidad profunda, su arco de transformación y el subtexto de sus diálogos. Pero hay algo importante: no debería convertir esas explicaciones en órdenes. El actor puede encontrar interpretaciones diferentes, incluso más interesantes. La función del guionista es compartir las claves dramáticas, no entregar un manual de instrucciones. Qué puede aportar un actor al trabajo del guionista Ahora invirtamos la dirección. Porque los actores también pueden ayudarnos a descubrir problemas y posibilidades de nuestra escritura. Y uno de los primeros descubrimientos suele producirse con los diálogos. Todos hemos escrito alguna frase que nos parecía brillante hasta que alguien la ha pronunciado en voz alta. De repente resulta artificial, tiene demasiadas subordinadas o descubrimos que ningún ser humano hablaría así salvo que estuviera defendiendo una tesis doctoral. Los actores también pueden detectar contradicciones en el comportamiento de los personajes. Imaginemos una mujer que recibe una noticia devastadora y, cinco minutos después, está bromeando alegremente con sus compañeros. Puede funcionar, pero el actor quizá necesite comprender qué sucede entre ambos momentos. ¿Está fingiendo? ¿Utiliza el humor como defensa? ¿O hemos escrito una transición emocional poco creíble? Sus preguntas pueden ayudarnos a mejorar la escena. Y después está algo todavía más interesante: la capacidad de los actores para descubrir posibilidades que no estaban previstas en el guion. Un silencio, una mirada, un gesto de ternura en un personaje aparentemente cruel. A veces encuentran una forma de expresar algo que nosotros habíamos explicado mediante tres líneas de diálogo. Y eso es oro para un guionista. Porque una de las cosas más difíciles de aprender es que no todo tiene que decirse con palabras. Cuando la interpretación participa en la escritura Existen cineastas que han llevado esta colaboración mucho más lejos. Uno de los ejemplos más interesantes es el director británico Mike Leigh, que desarrolla sus personajes mediante un prolongado proceso de trabajo con los actores. A través de investigaciones, improvisaciones y ensayos van descubriendo quiénes son los personajes y cómo se relacionan. Películas como Secretos y mentiras muestran la extraordinaria complejidad emocional que puede conseguirse con este método. Otro referente es John Cassavetes, que concedía una enorme importancia a la interpretación y a las relaciones humanas. En películas como Una mujer bajo la influencia, las emociones parecen desbordar los límites de la escena. Aunque su cine suele asociarse con la improvisación, trabajaba con guiones muy elaborados. La espontaneidad que percibimos es también resultado de un intenso trabajo con los actores. Y tenemos otro modelo en las películas de Christopher Guest, como Best in Show, donde los actores trabajan a partir de situaciones y estructuras previamente diseñadas, pero improvisan buena parte de los diálogos. Son métodos diferentes, pero todos demuestran que la interpretación puede formar parte del proceso creativo de la escritura. La lectura de guion: cuando los personajes encuentran su voz Hay una herramienta especialmente sencilla para acercar a guionistas y actores: la lectura de mesa, conocida como table read. Consiste en reunir a varios actores para leer un guion o algunas de sus escenas, asignando a cada uno un personaje. Parece sencillo, pero puede resultar extraordinariamente revelador. Cuando escribimos, escuchamos los diálogos en nuestra cabeza. Conocemos las intenciones y emociones que imaginamos para cada personaje. Pero cuando un actor pronuncia nuestras palabras descubrimos cómo funcionan fuera de nuestra imaginación. Podemos detectar escenas demasiado largas, diálogos explicativos, repeticiones innecesarias o problemas de ritmo. También podemos comprobar si las relaciones entre los personajes resultan creíbles. Si un actor pregunta constantemente por qué su personaje toma determinada decisión, quizá debamos revisar su motivación. No significa que siempre tenga razón, pero cada pregunta es una oportunidad para comprobar la solidez de nuestra escritura. Por eso una lectura de mesa no debería entenderse solamente como una comprobación técnica, sino como una auténtica herramienta de reescritura. Cinco ejercicios para conectar escritura e interpretación Quiero recuperar el espíritu de aquel taller de Oristrell y proponerte cinco ejercicios. El primero es escribir una escena con un actor y después interpretarla. Elegid una situación sencilla con dos personajes enfrentados por un conflicto. Por ejemplo, dos hermanos que deben decidir qué hacer con la casa de sus padres. Escribid juntos una escena y representadla. Observad qué sucede cuando el texto se convierte en acción. El segundo ejercicio consiste en eliminar los diálogos de una escena. Pide a dos personas que interpreten una escena que hayas escrito sin pronunciar una palabra. Tendrán que comunicar sus objetivos y emociones mediante acciones, gestos y miradas. Después pregúntate cuánto de lo que habías escrito era realmente necesario. El tercero es improvisar un acontecimiento del pasado del personaje. Si tu protagonista mantiene una relación conflictiva con su padre, representa una discusión que tuvieron veinte años antes. No importa que nunca aparezca en la película. Lo interesante es descubrir cómo ese pasado condiciona su comportamiento presente. El cuarto consiste en interpretar el mismo diálogo con diferentes subtextos. Dos personajes hablan del tiempo mientras esperan un autobús. Interpretad la conversación tres veces: primero, uno está enamorado del otro; después, uno sabe que el otro le ha traicionado; finalmente, uno intenta ocultar una noticia terrible. Las palabras son idénticas, pero las escenas serán completamente diferentes. Y el quinto es entrevistar a un personaje. Pide a un actor que interprete a tu protagonista y hazle preguntas sobre sus recuerdos, sus miedos o sus relaciones familiares. Tendrá que responder desde el personaje, incluso sobre cuestiones que no aparecen en el guion. Quizá descubra respuestas que tú nunca habías imaginado. ¿Deberían los guionistas estudiar interpretación? Después de todo lo que hemos hablado, quiero plantear una última cuestión. ¿Deberían los guionistas estudiar interpretación? Mi respuesta es que no es imprescindible, pero puede resultar extraordinariamente útil. Yo he ejercido durante años como actor improvisador, y creo que esa experiencia ha influido mucho en mi manera de escribir. Cuando interpretas un personaje descubres algo fundamental: los actores necesitan acciones que puedan realizar. Un actor puede intentar convencer, seducir, intimidar, proteger o engañar a otro personaje. Pero resulta mucho más difícil interpretar una indicación abstracta como «está triste». La tristeza puede ser una consecuencia emocional, pero el actor necesita encontrar qué está intentando conseguir en esa situación. Y esto tiene una aplicación directa a la escritura. Cuando escribimos una escena, debemos preguntarnos no solamente qué siente cada personaje, sino qué intenta conseguir del otro. También aprendemos a valorar los silencios, las pausas y los comportamientos que sustituyen a las palabras. Por eso recomiendo a los guionistas que participen alguna vez en un taller de interpretación. Y también recomendaría a los actores estudiar escritura de guion. Comprender la estructura dramática, los conflictos y los arcos de transformación puede enriquecer enormemente su trabajo. Conclusión: del papel a la piel Quiero terminar regresando a aquel taller de Joaquín Oristrell, que por cierto va a dar una charla el Martes 17 de noviembre en la Sede de DAMA en Madrid y va a hablar sobre la relación entre guionistas y actores. Han pasado unos veinticinco años y no recuerdo todos los ejercicios que hicimos, pero sí la sensación de trabajar con alguien que se acercaba al mismo personaje desde un lugar completamente diferente. Mientras uno pensaba en el conflicto, la estructura o los diálogos, el otro se preguntaba cómo vivir aquella situación. Y ambos estábamos intentando resolver el mismo problema: crear una escena que funcionara. Creo que esa experiencia resume muy bien la relación que debería existir entre guionistas y actores. Nosotros imaginamos personajes, les damos un pasado, inventamos sus deseos y los enfrentamos a conflictos. Después llega un actor y sucede algo maravilloso: ese personaje empieza a respirar. Tiene una voz que no habíamos escuchado, una manera de caminar que no habíamos imaginado y una mirada que puede expresar cosas que nunca llegamos a escribir. Por eso me parece una pena que tengamos tan pocas oportunidades de colaborar. No se trata de discutir quién es el verdadero creador del personaje, sino de reconocer que la escritura y la interpretación son dos partes de un mismo proceso creativo. Los guionistas escribimos personajes para que alguien los interprete. Y los actores interpretan personajes que alguien ha imaginado antes. Quizá deberíamos encontrarnos más a menudo por el camino. Porque, al final, el personaje no pertenece exclusivamente al papel ni al actor que lo interpreta. Pertenece a la película. Y cuanto mejor nos comuniquemos quienes participamos en su creación, más posibilidades tendremos de que ese personaje cobre vida y permanezca en la memoria de los espectadores. Hasta aquí el podcast de hoy. Nos escuchamos en el próximo episodio de Guiones y guionistas. El artículo 808. Guionistas y actores: dos formas de dar vida a un personaje (https://cursosdeguion.com/808-guionistas-y-actores-dos-formas-de-dar-vida-a-un-personaje/) se publicó primero en Academia Guiones y guionistas (https://cursosdeguion.com).

27 Oct 2026
807. Especial Halloween: cómo una noche de espíritus conquistó el cine y la televisión
El artículo 807. Especial Halloween: cómo una noche de espíritus conquistó el cine y la televisión (https://cursosdeguion.com/807-especial-halloween-como-una-noche-de-espiritus-conquisto-el-cine-y-la-television/) se publicó primero en Academia Guiones y guionistas (https://cursosdeguion.com). ¿Por qué cuando llega octubre nos entran unas ganas irresistibles de ver películas de miedo? ¿Cómo hemos pasado de una antigua celebración celta a convertir Halloween en una de las fechas más importantes para el cine de terror? Hoy vamos a descubrir cómo una noche dedicada a los muertos terminó conquistando Hollywood, inspirando películas como La noche de Halloween, El retorno de las brujas o Pesadilla antes de Navidad, y convirtiéndose en una tradición televisiva gracias a series como Los Simpson. También veremos cómo Halloween ha pasado de ser una noche a ocupar prácticamente todo el mes de octubre. Y, por supuesto, qué podemos aprender de esta celebración como guionistas. Y seguimos publicando clases para los suscriptores de la Academia Guiones y guionistas del curso sobre Viajes en el Tiempo (https://cursosdeguion.com/curso/curso-viajes-en-el-tiempo/). En este curso aprendemos a escribir historias de viajes en el tiempo desde la perspectiva del guionista. No estudiamos física ni intentamos demostrar si un agujero de gusano puede existir, sino que analizamos las reglas narrativas que hacen que estas historias funcionen. En la sexta clase mostramos Cómo estructurar una historia de viajes en el tiempo. Halloween en cine y televisión Antes de Halloween, recordaros dos recursos que he publicado para los guionistas interesados en el género de terror: mi libro Escribir el miedo. El guion en el cine de terror (https://amzn.to/4jYUv1R) y el nuevo Planner de Guion de Terror (https://cursosdeguion.com/producto/planner-de-guion-terror/), un cuaderno práctico para desarrollar vuestra propia película que podéis encontrar tanto en PDF (en la web) (https://cursosdeguion.com/producto/planner-de-guion-terror/) como impreso (en Amazon) (https://amzn.to/4jYUv1R) 1. De los espíritus celtas a las calabazas americanas Para encontrar los orígenes de Halloween tenemos que viajar más de dos mil años atrás, hasta la festividad celta de Samhain, relacionada con el final de las cosechas y la llegada del invierno. Según las antiguas creencias, durante aquellas fechas la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se debilitaba, y los espíritus podían regresar. Las hogueras, las máscaras y diferentes rituales ayudaban a protegerse de las fuerzas sobrenaturales. Con el tiempo, estas tradiciones se relacionaron con la celebración cristiana de Todos los Santos. La víspera, conocida en inglés como All Hallows’ Eve, acabaría dando nombre a Halloween. Pero la fiesta que conocemos hoy nació fundamentalmente en Estados Unidos. Durante el siglo XIX, los inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron allí muchas de sus tradiciones. Una de las más curiosas era la de tallar caras terroríficas en hortalizas para fabricar linternas. En Irlanda se utilizaban nabos, pero en Estados Unidos descubrieron que las calabazas eran mucho más grandes y fáciles de vaciar. Y así nació uno de los símbolos más reconocibles de Halloween. Durante el siglo XX se popularizaron los disfraces, las fiestas y la costumbre de que los niños fueran de casa en casa pidiendo caramelos. El famoso trick or treat. Pero todavía faltaba algo para que Halloween conquistara el mundo: Hollywood. Durante décadas, millones de espectadores de otros países descubrimos esta celebración a través de las películas y las series estadounidenses. Veíamos a los niños disfrazarse, las casas decoradas con telarañas y las calabazas iluminadas. El cine ayudó a exportar una fiesta que, en muchos lugares, apenas se celebraba. Y, al mismo tiempo, Halloween proporcionó a Hollywood un escenario extraordinario para contar historias. 2. Michael Myers: el asesino que convirtió Halloween en una pesadilla En 1978, John Carpenter estrenó Halloween, conocida en España como La noche de Halloween. La película, escrita junto a Debra Hill, cuenta cómo Michael Myers, un asesino que había matado a su hermana cuando era niño, escapa de una institución psiquiátrica y regresa a su pueblo quince años después. Allí comienza a perseguir a Laurie Strode, interpretada por Jamie Lee Curtis. Con un presupuesto muy reducido, Carpenter consiguió uno de los grandes éxitos del cine de terror y ayudó a consolidar el slasher, el subgénero de asesinos enmascarados que perseguían a jóvenes indefensos. Pero lo más interesante es cómo Carpenter aprovecha la celebración. Halloween es la única noche del año en la que un hombre con una máscara terrorífica puede pasearse tranquilamente por un barrio residencial sin llamar la atención. Las calles están llenas de niños disfrazados, las casas tienen decoraciones monstruosas y nadie se sorprende al encontrarse con una figura inquietante. Michael Myers se esconde a plena vista. Además, Carpenter transforma uno de los escenarios más seguros del imaginario estadounidense, el barrio residencial, en un lugar aterrador. Las casas familiares, los jardines y las calles tranquilas dejan de ser refugios. El peligro está en casa. La película convirtió a Michael Myers en uno de los grandes iconos del terror y lo vinculó para siempre con Halloween. Pero también nos dejó una lección como guionistas: una celebración popular puede convertirse en una herramienta narrativa. La historia de Carpenter funciona especialmente bien porque transcurre durante Halloween. Si Michael Myers apareciera con su máscara en cualquier otro momento del año, llamaría inmediatamente la atención. Durante Halloween, en cambio, puede convertirse en un monstruo invisible. 3. Halloween como herramienta de guion: brujas, extraterrestres y monstruos Pero no todas las películas de Halloween tienen que ser terroríficas. Pensemos en E.T., el extraterrestre, de Steven Spielberg. Elliott y sus amigos necesitan sacar a E.T. de casa sin que nadie descubra su existencia. ¿Cómo lo consiguen? Disfrazándolo de fantasma y llevándolo por la calle entre los niños que celebran Halloween. Es una solución de guion maravillosa. Durante esa noche, un extraterrestre puede caminar tranquilamente entre nosotros sin que nadie sospeche nada. La celebración permite resolver un problema narrativo que sería mucho más complicado cualquier otro día. En El retorno de las brujas, de 1993, tres hermanas brujas regresan a la vida durante Halloween y provocan el caos en Salem. En Trick ’r Treat, de Michael Dougherty, varias historias se entrelazan durante una misma noche, y quienes incumplen las tradiciones de Halloween pueden acabar pagando un precio terrible. Y en Pesadilla antes de Navidad, dirigida por Henry Selick, encontramos una idea todavía más original: un mundo entero organizado alrededor de Halloween. Su protagonista, Jack Skellington, es el rey de Halloween Town, pero está tan aburrido de repetir cada año la misma celebración que decide apropiarse de la Navidad. Todas estas películas utilizan Halloween de maneras diferentes. Como escenario para el terror, como justificación para una situación extraordinaria, como conjunto de reglas sobrenaturales o incluso como universo narrativo. Y aquí tenemos una herramienta muy interesante para los guionistas: cuando situamos una historia durante una celebración popular, podemos aprovechar sus costumbres para generar conflictos. Los disfraces permiten ocultar identidades, las fiestas reúnen a personajes que normalmente no estarían juntos y las supersticiones permiten introducir lo sobrenatural. La clave es conseguir que Halloween no sea simplemente un decorado, sino una parte importante de la historia. 4. Los Simpson y la tradición de los especiales de Halloween Si el cine ayudó a popularizar Halloween, la televisión lo convirtió en una tradición anual. Y probablemente el mejor ejemplo sean Los Simpson. En 1990 se emitió el primer especial de La casa-árbol del terror, conocido en inglés como Treehouse of Horror. Desde entonces, estos episodios se han convertido en uno de los acontecimientos más esperados de la serie. Y lo interesante es que los guionistas aprovechan Halloween para hacer algo que normalmente no pueden: romper todas las reglas. En estos especiales pueden matar a Homer, convertir a Bart en un monstruo, destruir Springfield o hacer que los extraterrestres Kang y Kodos conquisten la Tierra. Nada tiene consecuencias para los episodios siguientes. Los guionistas pueden parodiar películas como El resplandor o Drácula, experimentar con diferentes géneros y contar varias historias independientes en un mismo capítulo. Es una especie de laboratorio narrativo en el que todo está permitido. Otras series han seguido caminos parecidos. En Buffy, cazavampiros, un episodio de Halloween transforma a los personajes en aquello de lo que se han disfrazado. En Community, una fiesta universitaria termina convirtiéndose en una epidemia zombi. Y en Modern Family, Halloween sirve para crear conflictos familiares alrededor de los disfraces y las decoraciones. En todos estos casos, la celebración permite sacar a los personajes de su rutina y colocarlos en situaciones extraordinarias. Halloween se ha convertido en una excusa perfecta para que los guionistas experimenten. 5. Cómo Halloween pasó de una noche a convertirse en el mes del terror Pero hay algo que ha cambiado durante las últimas décadas. Halloween ya no dura una noche. En muchos lugares, la celebración comienza prácticamente el 1 de octubre. Las tiendas se llenan de disfraces, aparecen decoraciones terroríficas, los parques temáticos organizan eventos especiales y las cadenas de televisión programan maratones de películas de miedo. Es lo que en Estados Unidos llaman spooky season, la temporada de lo espeluznante. Y las plataformas de streaming han contribuido a reforzar esta tendencia, creando colecciones de terror, recuperando clásicos y promocionando sus estrenos relacionados con Halloween. Y los datos demuestran que no se trata únicamente de una estrategia comercial. Según Nielsen, en Estados Unidos el terror representó aproximadamente el 15,8 % del tiempo dedicado a ver películas en octubre de 2024 y el 14,7 % en octubre de 2025. Durante estas semanas aumenta nuestro interés por las historias de miedo. Y lo curioso es que no necesitamos ver películas ambientadas en Halloween. Podemos organizar un maratón de El exorcista, Scream, Expediente Warren o Hereditary, aunque ninguna de ellas transcurra durante la celebración. Y aquí aparece una pregunta interesante: ¿vemos películas de terror porque llega Halloween o Halloween se ha convertido en una celebración tan importante porque nos encanta ver películas de terror? Probablemente las dos cosas. El cine alimenta la celebración y la celebración alimenta el consumo de cine. Igual que en Navidad recuperamos determinadas películas familiares, en octubre volvemos a nuestros monstruos favoritos. Halloween ha conseguido transformar un género cinematográfico en una tradición anual. 6. Este Halloween, escribe tu propia película de miedo Y después de este recorrido por la historia de Halloween, quiero terminar con una propuesta. Este año podéis celebrar Halloween como siempre: preparando palomitas, apagando las luces y viendo vuestras películas de terror favoritas. Pero también podéis hacer algo diferente: empezar a escribir vuestra propia historia de miedo. Porque todas las películas de las que hemos hablado comenzaron de la misma manera: con un guionista que tuvo una idea y se sentó a desarrollarla. Y para ayudaros a hacerlo quiero recomendaros dos herramientas que he creado. La primera es mi libro Escribir el miedo. El guion en el cine de terror (https://amzn.to/4jYUv1R), donde analizo las técnicas narrativas del género, los distintos tipos de miedo, los monstruos, los personajes y las estructuras que utilizan las películas para asustarnos. Y la segunda es el nuevo Planner de Guion de Terror (https://www.amazon.es/Planner-guion-escalofr%C3%ADo-Cuadernos-guionista/dp/B0HN85V662), un cuaderno práctico de 156 páginas para desarrollar vuestra propia película. Os ayudará a encontrar una idea, definir el miedo central, diseñar el monstruo y sus reglas, crear los personajes, construir las escenas de terror y organizar la escaleta. El libro está disponible en Amazon y el planner podéis conseguirlo en papel o en PDF descargable. Tenéis toda la información en cursosdeguion.com. Así que este Halloween os propongo dos posibilidades. Podéis sentaros en el sofá a pasar miedo con una película o podéis empezar a escribir la película que hará pasar miedo a los demás. Y, como guionistas, estoy seguro de que la segunda opción puede resultar mucho más divertida. ¡Feliz Halloween! El artículo 807. Especial Halloween: cómo una noche de espíritus conquistó el cine y la televisión (https://cursosdeguion.com/807-especial-halloween-como-una-noche-de-espiritus-conquisto-el-cine-y-la-television/) se publicó primero en Academia Guiones y guionistas (https://cursosdeguion.com).

19 Oct 2026
806. Cómo escribir una película de terror: 8 herramientas para provocar miedo
El artículo 806. Cómo escribir una película de terror: 8 herramientas para provocar miedo (https://cursosdeguion.com/806-como-escribir-una-pelicula-de-terror-8-herramientas-para-provocar-miedo/) se publicó primero en Academia Guiones y guionistas (https://cursosdeguion.com). ¿Cómo se escribe una película que dé miedo de verdad? ¿Qué hace que una escena nos mantenga en tensión, que una amenaza nos resulte aterradora o que una imagen siga persiguiéndonos mucho después de terminar la película? Ahora que se acerca Halloween, vamos a dedicar este podcast a uno de los géneros más exitosos de la actualidad: el terror. Vamos a descubrir ocho herramientas narrativas para provocar miedo desde el guion, porque el terror no depende únicamente de los monstruos, los sustos o los efectos especiales. El miedo comienza mucho antes, cuando el guionista decide qué mostrar, qué ocultar y cómo jugar con las expectativas del espectador. Y para ello voy a apoyarme en dos recursos que he publicado para los guionistas interesados en el género: mi libro Escribir el miedo. El guion en el cine de terror (https://amzn.to/4jYUv1R) y el nuevo Planner de Guion de Terror (https://cursosdeguion.com/producto/planner-de-guion-terror/), un cuaderno práctico para desarrollar vuestra propia película. Así que apagad las luces, cerrad bien las puertas y preparaos, porque hoy vamos a aprender a escribir el miedo. Y en la Academia Guiones y Guionistas volvemos a la Sala Cero, pero esta vez con series. Sala Cero es un lugar donde está Billy, un guionista veterano de la vieja escuela que no te escribe el guion… pero te ayuda a desarrollarlo por medio de preguntas. Quién es tu protagonista, qué quiere, qué necesita de verdad, qué es lo peor que le podría pasar. Y no te suelta hasta que sales con tu logline, tus personajes, tu estructura y un tratamiento escena por escena… todo tuyo, palabra por palabra. Ya probamos la versión para largometrajes y el martes 20 de octubre a las 19h de España en el Writers’ Room (https://cursosdeguion.com/curso/writersroom/) vamos a probar la versión de series y crear un proyecto entre todos, en directo, desde cero, con Billy preguntando. Y al acabar, los asistentes se llevan una herramienta para sus proyectos de series. Para acceder a la Writers’ Room hay que ser suscriptor del Nivel Profesional de la Academia (https://cursosdeguion.com/academia-guiones-y-guionistas/). Nos vemos en la Sala Cero. El miedo se escribe antes de rodarse Cuando pensamos en una película de terror, es fácil que nos vengan a la cabeza sus imágenes más impactantes. La niña de El exorcista girando la cabeza, el alienígena saliendo del pecho de uno de los tripulantes de la Nostromo o Jack Nicholson persiguiendo a su familia con un hacha en El resplandor. Son imágenes que se han quedado grabadas en nuestra memoria. Pero antes de que esas escenas fueran rodadas, antes de que intervinieran los actores, la música, el maquillaje o los efectos especiales, alguien tuvo que escribirlas. Y eso es lo primero que quiero destacar: el miedo comienza en el guion. Un guionista de terror tiene que ser capaz de provocar una emoción utilizando únicamente palabras sobre una página. Ahora bien, hay una diferencia importante entre provocar un susto y construir una historia que dé miedo. Un susto puede conseguirse con un ruido repentino, una aparición inesperada o un cambio brusco de imagen. Es lo que conocemos como jump scare. Pero el miedo cinematográfico es mucho más complejo. Pensemos en Hereditary, de Ari Aster. Buena parte de su capacidad para perturbarnos no depende de las apariciones sobrenaturales, sino de las relaciones familiares, de los secretos y de la sensación de que algo terrible está a punto de suceder. El guion construye una inquietud que va creciendo hasta que prácticamente no podemos soportarla. El susto dura un segundo. El miedo puede acompañarnos durante toda la película. Por eso, cuando nos sentamos a escribir una película de terror, nuestra primera preocupación no debería ser cuántos sustos vamos a incluir. Deberíamos preguntarnos qué experiencia queremos provocar en el espectador. ¿Queremos que sienta angustia? ¿Que sospeche constantemente de lo que está viendo? ¿Que tema por la vida de los protagonistas? ¿Que salga del cine cuestionándose algo que hasta entonces consideraba seguro? Una buena película de terror no es necesariamente la que tiene más monstruos, más sangre o más muertes. Es aquella que consigue controlar las emociones del espectador. Y para hacerlo tenemos que conocer las herramientas narrativas del género. 1. ¿Qué miedo queremos provocar? Antes de inventar un monstruo, una casa encantada o un asesino en serie, conviene hacerse una pregunta: ¿de qué tenemos miedo? Parece una pregunta sencilla, pero sus respuestas pueden convertirse en el origen de historias completamente diferentes. Tenemos miedo a morir, a perder a nuestros seres queridos, a quedarnos solos, a envejecer, a perder el control de nuestro cuerpo o de nuestra mente. También tenemos miedo a lo desconocido, a aquello que no comprendemos y, curiosamente, a descubrir que algo que considerábamos familiar y seguro esconde una amenaza. Todos esos miedos pueden ser el punto de partida de una película. Pensemos, por ejemplo, en Babadook, de Jennifer Kent. En apariencia, estamos ante una historia sobre una madre y su hijo acosados por una criatura monstruosa. Pero debajo de esa amenaza encontramos otros miedos mucho más profundos: la maternidad vivida desde el agotamiento, el duelo, la culpa y el temor a hacer daño a la persona que más queremos. Algo parecido sucede en La sustancia, de Coralie Fargeat, donde el horror corporal sirve para explorar el miedo al envejecimiento, a dejar de ser deseable y a perder nuestra identidad. En ambos casos, el elemento terrorífico funciona porque conecta con una preocupación humana reconocible. No necesitamos haber visto nunca al monstruo de Babadook para comprender el miedo de su protagonista. Este es un ejercicio que os propongo cuando comencéis a desarrollar vuestra película: intentad definir su miedo central en una sola frase. Por ejemplo: «El miedo a descubrir que la persona con la que compartes tu vida es una desconocida». O «El miedo a perder el control de tu propio cuerpo». O «El miedo a que nadie te crea cuando estás diciendo la verdad». Después preguntad cómo podéis convertir ese miedo abstracto en una situación cinematográfica concreta. Porque ahí está una de las grandes virtudes del terror: transformar nuestros miedos invisibles en amenazas que podemos ver, escuchar y experimentar a través de los personajes. Y cuando conseguimos que el miedo externo represente también un conflicto interno, nuestra historia gana una profundidad que va mucho más allá de los sustos. 2. La amenaza: crear algo verdaderamente aterrador Una vez que sabemos qué miedo queremos explorar, necesitamos encontrar la forma de materializarlo. Y para eso tenemos que diseñar una amenaza. Puede ser un monstruo, un fantasma, un asesino, una enfermedad, una fuerza sobrenatural o incluso algo que nunca llegamos a ver. Lo importante no es necesariamente su aspecto, sino qué puede hacer, qué quiere y por qué resulta tan difícil enfrentarse a ella. Pensemos en el xenomorfo de Alien. Es una criatura aterradora por su apariencia, desde luego, pero también por sus capacidades, por su forma de reproducirse y porque los protagonistas están atrapados con ella en una nave espacial de la que no pueden escapar. El guion no se limita a presentar un monstruo: construye una situación en la que ese monstruo se convierte en una amenaza casi imposible de superar. Hay algo especialmente importante cuando diseñamos una amenaza: sus reglas. En It Follows, de David Robert Mitchell, una entidad sobrenatural persigue a quien ha recibido una maldición transmitida mediante relaciones sexuales. Puede adoptar distintas apariencias, avanza caminando y nunca deja de perseguir a su víctima. La premisa es muy sencilla, pero sus reglas generan infinidad de situaciones terroríficas. Cualquier persona que camine hacia nosotros puede ser la amenaza. Y aunque consigamos alejarnos, sabemos que sigue acercándose. En Un lugar tranquilo, de John Krasinski, Bryan Woods y Scott Beck, las criaturas detectan a sus víctimas a través del sonido. Una regla también muy sencilla que transforma acciones cotidianas, como caminar, hablar o dejar caer un objeto, en situaciones de vida o muerte. Las reglas de una amenaza no limitan nuestra imaginación: nos ayudan a generar escenas. Por eso, cuando diseñéis el elemento terrorífico de vuestra película, os recomiendo responder a varias preguntas. ¿Qué quiere la amenaza? ¿Cómo actúa? ¿Qué puede hacer y qué no? ¿Cómo se manifiesta? ¿Qué necesitan descubrir los protagonistas para enfrentarse a ella? Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando los personajes intentan escapar? Una amenaza interesante no tiene por qué ser invencible, pero sí debe obligar al protagonista a tomar decisiones difíciles. De hecho, una de las mejores maneras de aumentar el miedo consiste en permitir que el espectador comprenda las reglas antes que los personajes. Si sabemos que hacer ruido atrae a los monstruos, una simple copa colocada al borde de una mesa puede producirnos más tensión que la aparición de una criatura gigantesca. 3. El personaje: el miedo necesita una víctima Podemos diseñar el monstruo más terrorífico de la historia del cine, pero si no nos importa lo que les sucede a los personajes, difícilmente conseguiremos provocar miedo. Esta es una de las grandes paradojas del género: para asustar al espectador, primero tenemos que conseguir que se preocupe por alguien. El miedo no depende únicamente del peligro, sino también de lo que podemos perder. Si vemos a un desconocido caminando por un bosque y aparece un asesino con un cuchillo, probablemente nos sobresaltemos. Pero si conocemos a ese personaje, sabemos que tiene una hija esperándolo en casa y que acaba de cometer un error que lo ha dejado completamente indefenso, la misma situación puede resultar mucho más angustiosa. La amenaza no ha cambiado. Lo que ha cambiado es nuestra relación emocional con la víctima. Además, los mejores protagonistas del cine de terror suelen tener vulnerabilidades que la amenaza puede explotar. En Los otros, de Alejandro Amenábar, Grace es una mujer que vive aislada con sus hijos en una enorme mansión. Sus estrictas normas domésticas, su necesidad de control y su relación con la realidad son fundamentales para construir el misterio. En Babadook, la protagonista no solo tiene que enfrentarse a una presencia aterradora: también debe lidiar con sus propios sentimientos, con el agotamiento y con una pérdida que no ha conseguido superar. En estas películas, la amenaza externa está íntimamente relacionada con los conflictos internos del personaje. El monstruo no aparece en cualquier historia: aparece en la historia de alguien para quien su presencia resulta especialmente devastadora. Y aquí os propongo otra herramienta práctica. Cuando tengáis a vuestro protagonista, preguntad qué es lo que más teme perder. Puede ser su vida, evidentemente, pero también su familia, su identidad, su libertad, su cordura o la confianza de las personas que quiere. Después preguntad cuál es su mayor debilidad y cómo puede aprovecharla la amenaza. Finalmente, pensad qué decisión tendrá que tomar para sobrevivir y qué precio deberá pagar por ella. Porque una buena película de terror no consiste únicamente en ver cómo un personaje intenta escapar de un monstruo. Consiste en observar cómo una situación extrema lo obliga a enfrentarse a aquello que más teme. Y cuanto más personal sea ese miedo, más posibilidades tendremos de que el espectador lo experimente como propio. 4. Suspense, sorpresa y terror: tres herramientas diferentes Una de las herramientas más importantes para escribir una película de terror es el control de la información. ¿Qué sabe el espectador? ¿Qué sabe el protagonista? ¿Y qué sabemos nosotros, como guionistas, que todavía no hemos contado? Dependiendo de cómo distribuyamos esa información, podemos provocar emociones completamente diferentes. Alfred Hitchcock explicaba esta diferencia con su famoso ejemplo de la bomba debajo de una mesa. Imaginemos que dos personajes están conversando tranquilamente en una cafetería y, de repente, explota una bomba que estaba escondida bajo la mesa. El espectador se lleva una sorpresa. Pero si antes le hemos mostrado que alguien ha colocado la bomba y que explotará dentro de cinco minutos, esa misma conversación se convierte en una escena de suspense. Cada frase aparentemente intrascendente aumenta nuestra angustia porque sabemos algo que los personajes ignoran. En el cine de terror podemos utilizar tres mecanismos que conviene distinguir. La sorpresa consiste en mostrar algo inesperado y provocar una reacción inmediata. El suspense aparece cuando anticipamos un peligro y esperamos angustiosamente a que se produzca. Y el terror, entendido aquí como una sensación más prolongada, puede surgir incluso cuando no sabemos exactamente qué amenaza nos espera. Pensemos en El proyecto de la bruja de Blair. Durante buena parte de la película apenas vemos nada que podamos identificar como una amenaza concreta. Escuchamos ruidos, encontramos objetos extraños y observamos cómo los personajes pierden progresivamente el control de la situación. Nuestra imaginación empieza a completar aquello que las imágenes no muestran. Y muchas veces lo que imaginamos resulta más aterrador que cualquier monstruo. Cuando escribimos una escena de terror, por tanto, debemos decidir qué información vamos a proporcionar y cuándo. Si queremos provocar suspense, podemos mostrar al espectador un peligro que el protagonista desconoce. Si buscamos sorpresa, podemos ocultar una información y revelarla de manera inesperada. Y si pretendemos generar inquietud, podemos introducir pequeños detalles que no terminan de encajar y retrasar su explicación. Pero cuidado con confundir el misterio con la confusión. El espectador no necesita comprenderlo todo, pero sí necesita entender qué está en juego. Una cosa es no saber qué se esconde detrás de una puerta y otra muy diferente es no comprender por qué debería preocuparnos lo que hay detrás. 5. La atmósfera: convertir lo cotidiano en inquietante Hay películas que consiguen inquietarnos antes incluso de que suceda algo verdaderamente peligroso. Basta con mostrar un pasillo vacío, una habitación demasiado silenciosa o una casa en la que parece que nadie ha vivido durante años. Es lo que llamamos la atmósfera. Y aunque solemos asociarla con la fotografía, la iluminación, el sonido o la música, la atmósfera también se construye desde el guion. Los espacios que elegimos, los objetos que describimos, las acciones que realizan nuestros personajes y los pequeños detalles que introducimos pueden crear una sensación de amenaza mucho antes de que esta se manifieste. Pensemos en El resplandor, de Stanley Kubrick, basada en la novela de Stephen King. El hotel Overlook es mucho más que el escenario donde transcurre la historia. Sus enormes pasillos, sus habitaciones vacías y su aislamiento contribuyen a crear una sensación de desamparo. Algo parecido sucede en Los otros, donde la oscuridad, las puertas cerradas y las estrictas normas que gobiernan la casa se convierten en elementos fundamentales del relato. Y hay otro recurso especialmente interesante: transformar un lugar cotidiano en un espacio amenazador. Una habitación infantil debería transmitir seguridad, pero una simple silla que aparece en una posición diferente puede convertirla en un lugar inquietante. No necesitamos que ocurra algo espectacular. A veces basta con introducir una pequeña anomalía en un entorno familiar. Cuando trabajamos la atmósfera, una herramienta muy útil consiste en preguntarnos qué debería sentir normalmente un personaje en determinado espacio y cómo podemos alterar esa sensación. Una casa debería ser un refugio, pero ¿qué ocurre si el protagonista empieza a sospechar que alguien entra mientras duerme? Un hospital debería ser un lugar donde nos cuidan, pero ¿qué sucede si descubrimos que los médicos ocultan algo? También podemos trabajar con los sonidos, las ausencias y los objetos. El ruido de unos pasos en una habitación vacía, un teléfono que suena en una casa abandonada o una fotografía familiar en la que aparece alguien desconocido. El terror comienza muchas veces cuando algo que debería resultar normal deja de comportarse como esperamos. Y esos pequeños detalles podemos escribirlos perfectamente en nuestro guion. 6. La escalada del miedo: cada escena debe empeorar las cosas Uno de los problemas más habituales cuando escribimos terror es creer que basta con encadenar escenas terroríficas. Un susto, después otro más grande, después una persecución, después una aparición sobrenatural… Pero si todas las escenas funcionan de la misma manera, el espectador termina acostumbrándose. Y cuando eso sucede, el miedo desaparece. Por eso necesitamos construir una progresión dramática. Cada encuentro con la amenaza debería modificar la situación de los personajes y, preferiblemente, empeorarla. No se trata simplemente de aumentar el número de monstruos o la cantidad de sangre, sino de conseguir que el peligro resulte cada vez más difícil de controlar. Pensemos en Alien. Al principio, los tripulantes de la Nostromo investigan una señal desconocida. Después descubren una criatura extraña, uno de ellos resulta atacado y la amenaza consigue introducirse en la nave. Más adelante, el monstruo crece, empiezan a morir los miembros de la tripulación y las posibilidades de escapar se reducen progresivamente. Lo interesante es que cada nueva fase cambia las reglas de la situación. Los personajes descubren información, intentan utilizarla y comprueban que sus soluciones no son suficientes. Además, la amenaza se vuelve cada vez más personal. Lo que comienza como una investigación termina convirtiéndose en una lucha desesperada por sobrevivir. Para diseñar esa escalada podemos utilizar una pregunta muy sencilla: ¿qué es lo peor que podría suceder ahora? Y después buscar una respuesta que no sea simplemente repetir la escena anterior con más intensidad. Quizá el protagonista descubre que la amenaza puede entrar en su casa. Después comprende que alguien de su familia está colaborando con ella. Más adelante descubre que no puede confiar en sus propios recuerdos. Cada revelación abre un problema nuevo y elimina alguna posibilidad de escapar. Pero también necesitamos alternar tensión y alivio. Si mantenemos al espectador al máximo nivel de angustia durante toda la película, terminaremos agotándolo. Los momentos de calma permiten que los personajes respiren, que conozcamos mejor sus relaciones y, sobre todo, que volvamos a preocuparnos cuando aparezca el siguiente peligro. 7. Cómo escribir una escena de terror que funcione Vamos a poner en práctica algunas de las herramientas que hemos visto. Imaginemos una escena muy sencilla. Una mujer está sola en su casa, preparando la cena. No ocurre nada extraño. Escucha música, corta unas verduras y mira de vez en cuando el teléfono. De repente, oye que alguien cierra una puerta en el piso de arriba. Se queda inmóvil. Sabemos que vive sola. Pero todavía no hemos visto ningún monstruo ni ninguna presencia sobrenatural. Lo único que hemos hecho es introducir una anomalía en una situación cotidiana. Y esa anomalía provoca una pregunta en la cabeza del espectador: ¿quién ha cerrado la puerta? Ahora podemos empezar a controlar la información. La mujer apaga la música y escucha. No se oye nada. Sube las escaleras y encuentra todas las habitaciones vacías. Comprueba las ventanas, mira debajo de las camas y regresa a la cocina. Parece que todo ha sido una falsa alarma. Pero cuando vuelve a encender la música descubre que alguien ha terminado de cortar las verduras que había dejado sobre la tabla. Fijaos en lo que hemos hecho. No hemos mostrado ninguna amenaza, pero hemos demostrado que hay algo imposible de explicar. Y, además, hemos cambiado las expectativas del espectador. Ya no basta con preguntarse si hay alguien en la casa. Ahora queremos saber qué es, qué pretende y hasta dónde puede llegar. El siguiente paso consiste en obligar al personaje a tomar una decisión. Puede salir corriendo, llamar a la policía, buscar a quien está escondido o intentar convencerse de que todo tiene una explicación racional. Cada alternativa nos permite desarrollar la escena de una manera diferente. Si decide salir de la casa y descubre que la puerta está cerrada por dentro, aumentamos el peligro. Si llama a la policía y escucha cómo suena un teléfono en el piso de arriba, introducimos una nueva información inquietante. Lo importante es comprender que una buena escena de terror no depende únicamente de la aparición de la amenaza, sino de cómo organizamos la anticipación, la información y las decisiones del personaje. Y ese es precisamente el tipo de trabajo que debemos realizar cuando desarrollamos nuestro guion. 8. De la teoría a tu propia película de terror A lo largo de este podcast hemos recorrido algunas de las principales herramientas para escribir terror. Hemos hablado de encontrar el miedo central de nuestra historia, diseñar una amenaza con reglas, construir personajes vulnerables, controlar la información, generar atmósfera y organizar una escalada de tensión. Pero conocer estas técnicas no significa que automáticamente vayamos a escribir una buena película. Igual que leer un libro sobre natación no significa que sepamos nadar, estudiar las herramientas del guion no sustituye al trabajo de sentarse a escribir. Y precisamente por eso he creado dos recursos complementarios para quienes queráis profundizar en el género y desarrollar vuestra propia historia de terror. El primero es mi libro Escribir el miedo. El guion en el cine de terror (https://amzn.to/4jYUv1R), que forma parte de la colección La biblioteca del guionista. En él profundizo en los mecanismos narrativos del género y en cómo podemos utilizarlos para construir historias capaces de provocar miedo. Es un libro pensado para comprender por qué funcionan las películas de terror y qué podemos aprender de ellas como guionistas. Podéis encontrarlo en Amazon, tanto si estáis empezando a escribir vuestro primer guion de terror como si ya tenéis experiencia y queréis explorar nuevas posibilidades narrativas. Y el segundo recurso es el nuevo Planner de Guion de Terror (https://www.amazon.es/Planner-guion-escalofr%C3%ADo-Cuadernos-guionista/dp/B0HN85V662/), que forma parte de los Cuadernos Workshop del Guionista. Si el libro os ayuda a comprender las herramientas, el planner está pensado para llevarlas a la práctica, trabajar sobre vuestra propia idea y avanzar en el desarrollo de una película. Porque el objetivo no es acumular conocimientos sobre el género, sino utilizarlos para contar nuestras propias historias. También podéis encontrar el Planner de Terror en PDF (https://cursosdeguion.com/producto/planner-de-guion-terror/) para imprimirlo. Podéis encontrar el libro Escribir el miedo en Amazon y conocer el Planner de Guion de Terror en cursosdeguion.com. Y quiero terminar con una última idea: el mejor terror no siempre consiste en mostrar aquello que nos asusta, sino en conseguir que el espectador empiece a tener miedo incluso antes de que aparezca. Y eso, como hemos visto, comienza mucho antes del rodaje. Comienza cuando nos sentamos frente a una página en blanco y empezamos a escribir. El artículo 806. Cómo escribir una película de terror: 8 herramientas para provocar miedo (https://cursosdeguion.com/806-como-escribir-una-pelicula-de-terror-8-herramientas-para-provocar-miedo/) se publicó primero en Academia Guiones y guionistas (https://cursosdeguion.com).
Reach and audience
Public platform figures. Ratings count people who left a rating, not total listeners.
- Apple Podcasts (US)
- 5.0 / 5
- 9 ratings
- Spotify
- 4.9 / 5
- 170 ratings
Contact Guiones y guionistas
- Guest appearances
- Does not typically book guests
Based on episode analysis; this does not confirm that the show is currently accepting guests.
Shows with a similar audience
Questions about Guiones y guionistas
Who hosts Guiones y guionistas?
David Esteban Cubero host the show. Published by David Esteban Cubero.
How often do new episodes come out?
The show publishes weekly, based on its RSS feed.
Does Guiones y guionistas take guests?
The show does not typically feature guests, based on episode analyses.
Host of Guiones y guionistas?
Claim your podcast to manage its listing and keep your show details accurate.
Pod Engine is an independent podcast discovery and analytics service and is not affiliated with or endorsed by this podcast. Artwork and show content belong to their owners. Full legal notice.
Explore this show
Podcast research with Pod Engine





