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Lecturas del Bosque

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by Camilo Vadillo

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<p>Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.</p>

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January 13, 2026

#32 Dune - Frank Herbert

<p><span>Dune</span></p><p><br></p><p><span>Los libros son como pequeños artefactos mágicos.</span></p><p><br></p><p><span>Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan. </span></p><p><br></p><p><span>Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio.</span></p><p><br></p><p><span>Están también los  que nos fascinan. Nós encantan  con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal.</span></p><p><span>Son los que nos maravillan con la ilusión del saber.</span></p><p><br></p><p><span>Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que  a veces nos falta.</span></p><p><br></p><p><span>Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en  sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser.</span></p><p><br></p><p><span>Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea. </span></p><p><br></p><p><span>Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo  la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo,  se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control.</span></p><p><span> </span></p><p><span>Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca.</span></p><p><br></p><p><span>La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y  lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de  pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no  deje respirar.</span></p><p><span>El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal,  funciona porque encaja perfectamente  con ese ambiente  retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también.</span></p><p><br></p><p><span>Y cla</span><span>ro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos  son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de  sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos. </span></p><p><br></p><p><span>En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene  principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que  habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia.</span></p><p><br></p><p><span>Ese mundo, es  en parte  Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen.</span></p><p><br></p><p><span>Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes  protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial.</span></p><p><br></p><p><span>El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante  los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas individuales. Principalmente en las de las masas que son usadas como carne de cañón en el gran tablero del juego mundial.</span></p><p><span> </span></p><p><span>Pero ese mundo seductor no solo es Arrakis, sino también  los otros planetas, las grandes casas que los gobiernan,  y los demás conglomerados y asociaciones de poder que pactan y luchan entre sí por mayor control e influencia dentro del inmenso imperio feudal del que todos forman parte.</span></p><p><br></p><p><span>Entre todos esos actores colectivos, vemos que el gran juego no se juega solo con el poder duro, que en el caso de Arrakis sería  garantizar militarmente el control de la producción y distribución de especia. También es de suma importancia el control de las narrativas, de las opiniones y creencias, principalmente con el uso de la religión. Y recordemos  que sistemas religiosos no son solamente los que intentan explicar cosas divinas como la creación y los pecados, sino que hay ideologías que  también funcionan como religiones, creando sistemas de mitos comunes que unen a grandes grupos de personas, ofreciendo un propósito común, un código de conducta y  ritos  que expresen y propaguen su visión del mundo.</span></p><p><br></p><p><span>De hecho, uno de los conflictos que me parecieron más interesantes en Dune, es el constante enfrentamiento del individuo, junto a su libre albedrío, contra sistemas y estructuras - económicas, políticas, históricas, genéticas, ecológicas -  que lo preceden y sobreviven. Incluso los más poderosos de los individuos, como el propio Paul Atreides, son producto de estas estructuras y su rango de acción se ve limitado por ellas.</span></p><p><br></p><p><span>Pero volviendo al universo de Dune, ¿Qué es lo que tiene de seductor?, ¿cuál es el secreto de su encanto?</span></p><p><br></p><p><span>Creo que principalmente es su autosuficiencia, su poder de persuasión. Comenzando por los milenios de historia distante que dan forma al escenario en el que empieza a narrarse la historia, pasando por los minuciosos detalles de cómo funciona el medio ambiente de Dune, hasta en cómo todo eso se enlaza  y se mezcla para  formar las sociedades que poco a poco vamos conociendo y esa estética entre futurista y arcaica  que nos conquista y nos ata.</span></p><p><br></p><p><span>El primer libro comienza en un futuro lejano, en el que la humanidad se ha expandido y ha poblado innumerables galaxias. Su pasado terrestre ha quedado perdido en los anales del tiempo y se ha convertido en un mito que pocos conocen y del que casi nadie se acuerda.</span></p><p><br></p><p><span>Sin embargo, miles de años antes, en algún momento de su imparable expansión, la humanidad pierde el control sobre la inteligencia artificial y es subyugada por las máquinas durante siglos. Eventualmente la humanidad se revela en lo que se llamó la Yihad Butleriana,  que fue una gran guerra entre la humanidad y las máquinas pensantes.</span></p><p><br></p><p><span>Cuando la humanidad finalmente ganó la cruzada contra la inteligencia artificial, la desconfianza contra cualquier tipo de máquina que simule el pensamiento humano era tal, que quedaron extremadamente prohibidas hasta las más simples calculadoras. </span></p><p><br></p><p><span>En este nuevo universo analógico, la humanidad se ve forzada a evolucionar de diferentes formas. Con años de entrenamiento intensivo y selección genética, algunas personas son capaces de funcionar como computadoras biológicas. Otras aprenden a controlar su cuerpo de tal forma que ganan impresionantes  habilidades psíquicas y motoras, y otras desarrollan ciertas capacidades prescientes que hacen posible nuevamente los viajes intergalácticos, que sin computadores eran prácticamente imposibles y extremadamente peligrosos. Estas personas se agrupan en cofradías que funcionan como grupos de poder e influencia con intereses propios dentro del nuevo sistema feudal naciente.</span></p><p><br></p><p><span>Otro detalle importante es que casi todas esas nuevas habilidades dependían en gran medida de los  efectos psicoactivos de una sustancia llamada melange, que solamente se puede encontrar en el desierto de Arrakis, ya que es producida por el complejo ciclo de vida de los enormes gusanos que ahí viven. Y cómo no no hay forma de replicarla artificialmente, se convierte en la sustancia más valiosa del universo, y producto central de la economía y la geopolítica imperial.</span></p><p><br></p><p><span>Hablando de la geopolítica, además de estas cofradías existen otros actores que ejercen poder político de manera más directa. El emperador, por ejemplo. Pero el emperador no puede hacer lo que le dé la gana. El emperador domina porque tiene la mayor fuerza militar del universo, pero el resto de las casas juntas pueden equiparar su poder militar y entre ellas forman un consejo llamado Landsraad, cuya función es poner en jaque el poder imperial para evitar lo que sería considerado una tiranía total. Entonces, entre el emperador, las  grandes casas, y los diferentes tipos de cofradías, sectas y conglomerados, es que se mueve y descansa el delicado equilibrio de poder.</span></p><p><br></p><p><span>Pero las grandes casas no son una sola unidad política, también hay conflicto y competencia entre ellas. Por ejemplo, dos de las casas más importantes, los Harkonnen y los Atreides, desde hace generaciones que son enemigos mortales. </span></p><p><br></p><p><span>El emperador, que ve con desconfianza la creciente popularidad e influencia de la casa Atreides tiene miedo de que puedan llegar a aspirar al trono, pero tampoco pueden atacarlos directamente sin provocar una respuesta del Landsraad. </span></p><p><br></p><p><span>Es precisamente en este contexto en el que comienza el primer libro, cuando el emperador, decide destituir a los Harkonnen como administradores imperiales de Arrakis, y colocar a los Atreides en su lugar. Y desde ahí uno comienza a conocer el mundo de Dune y a adentrarse en sus laberintos de conspiraciones, y sueños de revolución contra el poder y contra el destino.</span></p><p><br></p><p><span>Pero Dune es mucho más que una historia entretenida con un universo coherente. Es un ejemplo brutal de cómo funcionan las intrincadas tramas políticas, la manipulación de las creencias, la gestión del pasado e incluso la del porvenir en el complejo juego del poder tras bambalinas, sobre los peligros inherentes al liderazgo mesíanico, sobre las conexiones e interconexiones entre un planeta y sus habitantes, sobre las relaciones e interrelaciones entre nosotros, nuestros antepasados y nuestros descendientes.</span></p><p><br></p><p><span>Como toda buena historia, nos hace reflexionar y nos deja con más preguntas que respuestas. Entre las preguntas que se me aparecen  una y otra vez mientras continúo leyendo los libros de Dune, es quiénes somos, dónde queda el individuo. Entre la memoria genética de nuestro pasado ancestral, entre las características del lugar en el que nos tocó existir, entre las expectativas de nuestros pares y de nuestro rol percibido en la sociedad de nuestro tiempo. ¿Qué es y dónde queda el yo? Pienso en los intentos de Jessica, de Paul, de rebelarse contra la imposición de sus destinos. Cuánta libertad tuvieron a la hora de decidir sus decisiones. Cuánta libertad tengo yo a la hora de decidir las mías. Cuánta tienes tú.</span></p><p><br></p><p><span>Dónde sea que se encuentre ese yo que fuimos, que somos, o que soñamos ser,  y sea lo que sea que nos imponga la crueldad del tiempo o lo implacable del destino, Frank Herbert nos dejó un par de palabras para encararlo: </span></p><p><br></p><p><span>“No debo tener miedo.</span></p><p><span>El miedo mata la mente.</span></p><p><span>El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. </span></p><p><span>Afrontaré mi miedo. </span></p><p><span>Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. </span></p><p><span>Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. </span></p><p><span>Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. </span></p><p><span>Sólo estaré yo.”</span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>

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October 27, 2025

#31 Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes

<p><span>Don Quijote de la Mancha</span></p><p><br></p><p><span>Incluso sin haberla leído todo mundo sabe más o menos de qué se trata la historia del valeroso Don Quijote de la Mancha: la de un señor ya entrado en años que después de leer tantos y tantos libros de caballería, termina convencido de que la realidad imaginada es la verdadera, y que la que se percibe con los sentidos, a veces no llega a ser más que una simple ilusión.</span></p><p><br></p><p><span>Alonso Quijano  mira a su alrededor y ve un mundo vulgar, materialista y cínico; entonces decide convertirse en Don Quijote de la Mancha, y lanzarse en busca de aventuras para salvar un mundo, que al parecer,  solo existe en su imaginación: un mundo en el que la justicia existe y  el valor  importa. Un mundo en el que el amor es puro y en el que los sueños se hacen realidad.</span></p><p><br></p><p><span>Pero no puede hacerlo solo. Para comenzar necesita un corcel legendario. Ni que Pegaso, Bucéfalo, o Marengo: Don Quijote tiene al sin igual Rocinante, tan desgarbado como su dueño, la montura ideal para la flor de la  caballería andante.</span></p><p><br></p><p><span>Además necesita una dama de quién enamorarse y a quien encomendarse: la sin par Dulcinea del Toboso, inspiración máxima de la virtud, y razón de ser de su existencia caballeresca.</span></p><p><br></p><p><span>Y por último, necesita un escudero que sea testigo del poder de su brazo al enderezar entuertos, desfacer agravios, amparar doncellas, socorrer huérfanos, y acudir a los menesterosos.</span></p><p><br></p><p><span>En una granja de puercos de un pueblo, de cuyo nombre el narrador no quiere acordarse, Don Quijote encuentra a un humilde campesino que se termina conviertiendo en el más leal escudero que caballero andante tuvo en el mundo.</span></p><p><br></p><p><span>Pero Sancho Panza es más que un simple escudero. Es su compañero. Y en muchos sentidos su opuesto, como lo suelen ser los mejores amigos. </span></p><p><br></p><p><span>Mientras a Don Quijote lo mueven  ideales supremos; Sancho es sensible  a apetitos más terrenales. Es pragmático, le gusta comer bien, es un tipo de este mundo. Le brillan los ojos pensando en fortunas, riquezas y la posibilidad de vivir sin hacer absolutamente nada. </span></p><p><br></p><p><span>Para Don Quijote, lo que imagina es más real que lo que ve: los molinos son gigantes y las ventas son castillos. Para Sancho en cambio, sólo es real lo que puede ver, y tocar y sentir.</span></p><p><span> </span></p><p><span>Esa tensión -  algunas veces cómica, y otras  dramática - entre lo ideal  y lo real es el motor de la novela, y Cervantes la usa para explorar de manera brillante, la compleja relación entre fantasía, realidad y la búsqueda de la verdad</span><span>.</span></p><p><br></p><p><span>Mientras uno va leyendo, es imposible no pensar en lo complejas que son las relaciones entre la realidad y la ficción. En cómo la una vive de la otra, como en una existencia simbiótica, pero también; en cómo se oponen, se enfrentan, y se transforman mutuamente, en una especie de ciclo dialéctico sin fin. </span></p><p><span> </span></p><p><span>A lo largo de la historia, la realidad castiga y desmiente a Don Quijote, una y otra vez, pero para  él nada de eso es verdadero, sino la obra  de celosos encantadores que lo persiguen y trastornan lo verdaderamente real.</span></p><p><br></p><p><span>Con el tiempo vemos que la realidad no es inmune al poder de convicción de Don Quijote, a la belleza del mundo que imagina, a la  infinita posibilidad que representa. En él, la vida se agranda, se ennoblece, y todos somos héroes y heroínas con  historias  increíbles y dignas de vivir y ser vividas.</span></p><p><br></p><p><span>Entonces, poco a poco el mundo mágico de la caballería andante se va apoderando de la  realidad, pues todos los que entran en contacto con Don Quijote se van contagiando y adaptando a la realidad imaginada que se va convirtiendo en la realidad real. Como si Cervantes ya hubiese  intuido  siglos atrás temas que serían clave en  teorías  posmodernas, o hasta en la física cuántica, mostrando que la forma en la que uno percibe el mundo tiene el poder de transformarlo.</span></p><p><br></p><p><span>Además, en una movida excepcional, y profetizando el metaverso digital de nuestros días, en la Segunda Parte del Quijote, Cervantes hace que sus personajes sepan que se ha escrito y leído su historia. Y aparecen otros  personajes  que la han leído también, y que por haberla leído quieren hacer las cosas que hacen.</span></p><p><br></p><p><span>En un momento conviven la ficción, la conciencia de los personajes de que esta existe, y los comentarios del narrador sobre la ficción que supuestamente ha sido escrita anteriormente, en árabe,  por  otro narrador -que de hecho a veces toma la palabra también-.  Incluso aparece un personaje que cuando se encuentra con Don Quijote,  dice haber visto a otro Quijote y a otro Sancho,  que resultan ser los personajes del Quijote  falso de Avellaneda, que se publicó un año antes que la segunda parte del Quijote, y que tuvo cierta influencia en el recorrido del Quijote original.</span></p><p><br></p><p><span>Cervantes parece decirnos que toda realidad es un relato, y que todo relato puede hacerse realidad si alguien lo cree.</span></p><p><br></p><p><span>Sin embargo, si bien la realidad  no es inmune al valeroso corazón de Don Quijote, Don Quijote tampoco es inmune a la realidad. Gradualmente se va haciendo más cuerdo conforme avanza la historia, al punto de ver una venta donde había una venta, en lugar de imaginar un castillo. </span></p><p><br></p><p><span>Siempre que la realidad ataca y vence, Don Quijote la rechaza y la esquiva con excusas mágicas. Pero la realidad, siendo implacable, como de hecho lo es, contraataca envuelta en fantasía, teniendo como clímax el desgraciado duelo en Barcelona entre Don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna, que no era otro que su vecino disfrazado una vez más.</span></p><p><br></p><p><span>Derrotado dentro de su misma fantasía, y despojado el sueño de su razón de ser, la locura de Don Quijote entra como en corte circuito y parece como si este se viera obligado a verla desde fuera, desde el mundo real.</span></p><p><br></p><p><span>Al no poder vivir como caballero andante, por unos instantes Alonso Quijano intenta inventar una nueva y maravillosa existencia, en la que está vez serán pastores enamorados. Él se convertiría en el pastor Quijotíz, y Sancho sería su gran amigo el pastor Pancino. Vivirían en el campo, tranquilos y suspirando por sus Dulcineas, cuidando cabras y componiendo versos de amor. </span></p><p><br></p><p><span>Infelizmente, esta nueva aventura no puede realizarse porque al llegar a su pueblo, cansado de cuerpo y alma, Don Alonso Quijano cae enfermo, y recupera la razón. </span></p><p><br></p><p><span>Hace ya unos meses que leí esta historia, que nos deja pensando: qué es lo real, dónde está la verdad.</span></p><p><br></p><p><span>El otro día miraba una entrevista en la que Borges, ya viejo, decía que él, al contrario de Alonso Quijano, que había salido de su biblioteca y que había intentado ser Don Quijote, y que, de hecho, algunas veces lo fué; él, se había quededo en su biblioteca leyendo y releyendo sus libros. Tal vez  sea por eso  que escribió un cuento en que la realidad imaginada se apodera de la realidad real tan solo con del poder del pensamiento compartido en libros, sin necesidad de salir a combatir gigantes o a pastorear cabras. Parece que Broges era aún más idealista.</span></p><p><br></p><p><span>¿Y para mi?¿ Qué es lo real? ¿Dónde está la verdad?</span></p><p><span> </span></p><p><span>Después de derrotar a un barbero apavorado y arrebatarle el mágico yelmo de Mambrino, Sancho Panza, pregunta una vez más por su la ínsula que le tienen prometida. Para explicarle que antes de  ganar ínsulas y reinos tienen que conquistar  la gloria y la fama, Don Quijote, le narra un episodio, que es mi favorito entre sus tantos disparates. Mientras Don Quijote  narraba como la hija de un hipotético rey ponía los ojos en los de un famoso caballero, y él en los de ella, y cada uno le parecía al otro cosa más divina que humana; y, sin saber cómo ni como no, quedaban presos y enlazados en la intricable red amorosa, y con gran pena en sus corazones por no saber como se han de hablar para descubrir sus ansias y sentimientos. </span></p><p><br></p><p><span>Mientras tanto, decía, me guiñaban un ojo Bastian Baltasar Bux, perdido en el laberinto de sus deseos, o la reprochable Señora Bovary, subiendo con su amante a un coche en Ruan, y hasta el mentirosillo  Vasco Moscoso, con su gorro de Capitán y su vieja su pipa de espuma de mar. </span></p><p><br></p><p><span>Y recordaba, una y otra vez, la frase con la que Jorge Amado termina su historia:</span></p><p><br></p><p><span>“ (...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...) ¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde está la verdad? Díganmelo, por favor.”</span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>

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September 1, 2025

#30 La Carretera - Cormac McCarthy

<p>La carretera </p><p><br></p><p>Acabo de leer la Carretera, de Cormac McCarthy, y me impactó. Tal vez porque tengo un hijo de 6 años y ser padre es uno de los aspectos fundamentales de ser la persona que ahora mismo soy, o intento ser. </p><p><br></p><p>El libro cuenta la historia del camino de un padre con su hijo hacia el sur, a través de un mundo que ya ha muerto. </p><p><br></p><p>Todos los días son nublados porque ya no brilla el sol, y las noches sin estrellas son más oscuras que la oscuridad. Siempre hace frío, y no hay comida, todo ha muerto.</p><p><br></p><p>Los sobreviventes vagabundean buscando refugio, latas de conserva y cuidándose de las barbaridades que pueden hacerse los unos a los otros.</p><p><br></p><p>Pero el autor no gasta palabras en describir este mundo post apocalíptico, sino es brevemente a través del día a día entre padre e hijo. Es a través de ellos dos que vemos lo que pasó, lo que pasa, y lo que podría pasar. </p><p><br></p><p>La historia te hace sentir varias cosas, pero hay algunas que son constantes de principio a fin. </p><p><br></p><p>La primera es el terror. </p><p><br></p><p>Justamente el otro día hablaba con un amigo sobre el terror en la literatura y de cómo normalmente me parece difícil asustarse leyendo libros, que normalmente las historias narradas oralmente asustan más que las escritas, por la entonación de la voz, por las pausas, los silencios, porque el narrador puede sentir a los que lo escuchan y los que lo escuchan pueden sentirlo a él. Pero este libro me mantuvo asustado todo el tiempo. No porque pasen cosas terroríficas todo el tiempo, sino porque uno sabe que en cualquier momento podrían pasar, incluso sin que el narrador lo mencione. </p><p><br></p><p>Cada vez que el niño tiene que esperar a su padre mientras entra a alguna casa abandonada a buscar algo para comer, y el narrador va describiendo lo que el tipo hace en la casa, como revuelve la basura, como mira si hay algo que pueda arder, como trata de encontrar algún par de zapatos… uno se queda con el corazón en la boca pensando en el niño que lo espera afuera, flaquísimo y asustado, sin tiempo de jugar.</p><p><br></p><p>La segunda, y en contraste con la primera, es la belleza. El libro está bellamente escrito. Escenas cortas, frases cortas, como si las palabras fueran tan valiosas como la comida. Una prosa cargada con destellos de poesía, que tanto en lo que dice, como en lo que esconde, nos maravilla nuevamente del hecho de estar vivos en este mundo encantado en el que todavía se escuchan los pájaros cantar. </p><p><br></p><p>Tal vez sea por la presencia de esta belleza que nos aterroriza tanto pensar que al niño le pase algo. McCarthy tuvo la capacidad de hacernos ver en él a todos los niños del mundo, y queremos, desesperadamente, que se salve. Y que con él se salven simbólicamente todos los niños que no hemos podido y los que nunca podremos salvar. </p><p><br></p><p>Pero, en semejante contexto, ¿qué significaría que se salve? Esta es otra cuestión que se siente presente durante toda la historia. </p><p><br></p><p>Están yendo hacia el sur escapando del frío, pero no hay ninguna esperanza de que las plantas revivan, o de que el sol reaparezca. En el sur tampoco hay comida y en cualquier lugar encontrar otras personas puede ser un peligro mortal. Me imagino que esta tercera cuestión es sobre el sentido de la vida. </p><p><br></p><p>En semejantes condiciones no sería mejor morir? </p><p>Tal vez.  </p><p><br></p><p>De hecho, varios años atrás, cuando el viejo revolver que llevaban para casos de emergencia todavía tenía 3 balas en vez de 2, la madre del niño se había decidido por el suicidio. Y se habría llevado también al niño de haber podido. Para ella era la mejor forma de cuidarse y de cuidarlo, para ella era un acto de autopreservación, incluso de amor. </p><p>No la juzga el padre, ni el hijo, ni el narrador.</p><p><br></p><p>Por otro lado están los que deciden seguir viviendo, o sobreviviendo. Pero por qué, o para qué. O acaso tiene que haber una razón más allá de la vida misma insistiendo en existir? Son preguntas que van y vienen mientras acompañamos a padre e hijo por los restos desolados de un mundo erigido sobre las crueldades del nuestro.</p><p><br></p><p>Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años preguntaba en casa para qué vivir si de todas formas algún día nos vamos a morir y se acabó. </p><p>En las familias religiosas sería fácil responder hablando sobre el paraíso, sobre la vida después de la muerte, o sobre la reencarnación y algún acercamiento paulatino a alguna perfección.</p><p><br></p><p>Pero en un mundo lleno de masacres y barbaries como el nuestro, a veces es difícil hablar de un dios que se esconde en el libre albedrío que nos dió, o sobre cualquier otra esperanza divina. </p><p>Una de las frases que se me quedó de la novela dice: “no hay Dios y nosotros somos sus profetas”. </p><p><br></p><p>Pero a pesar de que el mundo parece estar desprovisto de cualquier tipo de sentido, y de propósito, ya sea humano, o divino, el padre decide resistir, continuar. Un día el niño le pregunta qué fue lo más valiente que ha hecho en la vida. Y el padre le responde: levantarme esta mañana. Luego el niño le pregunta si lo dice de verdad, y el padre le responde que no.</p><p><br></p><p>Ve al niño como su responsabilidad sagrada y la resiliencia que le da ese su amor desesperado, es el más grande acto de fé.</p><p><br></p><p>Esa contradicción entre un mundo devastado y la fé en el bien que eñ niño representa, marcan la historia.Y esa sería otra constante del libro. La cuestión del bien y el mal.</p><p><br></p><p>Porque el cómo viven los que deciden seguir haciéndolo, debe estar intrínsecamente ligado al por qué lo hacen.</p><p>De hecho, a mi me parecer, el sueño más grande que a estas alturas tiene el padre, es que su hijo, que ha tenido que vivir entre brutalidad y muerte, pueda algún día conocer la bondad.</p><p><br></p><p>El niño ya nace en ese mudo destruido, y en medio de la devastación, el padre se preocupa de conseguir alimento y asegurar su supervivencia física. Pero también, y no menos importante, se ha preocupado de alimentar su mundo interior. Se preocupa de qué historias contarle, sobre el pasado, sobre el presente y sobre el porvenir. De explicarle por qué hacen lo que hacen. Y otra vez las palabras se sienten tan valiosas como la comida. Saber qué decir puede ser tan difícil como encontrar qué comer.</p><p><br></p><p>Una de las cosas que le dice, es que ellos tienen que llevar o cargar el fuego. Dentro de ellos, como una especie de antorcha olímpica que de alguna forma simboliza todo lo que es bueno: la compasión, la esperanza, el amor.</p><p><br></p><p>Conforme va pasando la historia, poco a poco al principio y precipitadamente al final, los papeles se invierten, y es el niño quien va cuidando al padre. Cargar el fuego se vuelve de sus preocupaciones principales y una y otra vez le pregunta al padre si es que ellos siguen siendo los buenos.</p><p><br></p><p>Esta mezcla de terror, belleza, y laberintos existenciales, hacen de La Carretera un clásico moderno y un libro que no se puede dejar de leer. Es un recordatorio de que incluso en la más profunda oscuridad el fuego de la bondad puede seguir ardiendo, y de que tal vez eso sea suficiente elegir vivir, y seguir viviendo.</p>

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