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¡Música, maestra!

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by Margarita Lorenzo de Reizabal

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En Radio Popular/Herri irratia apostamos por la cultura musical en general y por una labor formativa e informativa en particular con <strong>¡Música, maestra!,</strong> un programa de música clásica que aborda de un modo cercano y  divulgativo las obras de los grandes compositores de la historia de la música llamada clásica o académica, los instrumentos musicales y sus agrupaciones más relevantes, así como distintos géneros y estilos como el jazz, la ópera, la música coral, los musicales de Broadway y la música para cine. Buena música para todos los públicos. Un programa que disfrutarán los melómanos y que iniciará a los oyentes menos habituados en la apreciación de la música clásica. <strong>Margarita Lorenzo de Reizabal</strong> es la mano experta que guía el programa con temas, a menudo monográficos, tomando como hilo conductor asuntos musicales y también extramusicales que sirven de excusa para realizar un recorrido sonoro por el repertorio más interesante y asequible a todos nuestros oyentes. Margarita es pianista, directora de orquesta, docente en el Centro Superior de Música del País Vasco, experta en investigación musical y educativa, compositora y divulgadora musical. Pero, sobre todo, es una apasionada de la música y esa pasión es la que transmite en nuestras ondas.

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Episode thumbnail for Música y danza.Una pareja bien avenida

June 25, 2026

Música y danza.Una pareja bien avenida

Hoy les proponemos un viaje por una de las relaciones más antiguas, fecundas y fascinantes de toda la historia de las artes: la que existe entre la música y la danza. Estamos tan acostumbrados a escuchar música sentados en una butaca, en el salón de casa o a través de unos auriculares, que a veces olvidamos una realidad fundamental: durante miles de años la música fue, sobre todo, una experiencia colectiva ligada al movimiento. Antes de que existieran los auditorios, las salas de conciertos o las orquestas sinfónicas, los seres humanos ya cantaban y bailaban. Lo hacían para celebrar las cosechas, para acompañar ceremonias religiosas, para festejar victorias, para cortejar, para expresar alegría o para fortalecer los vínculos de la comunidad. Música y danza nacieron prácticamente juntas y durante siglos resultó difícil imaginar la una sin la otra. De hecho, buena parte de las formas musicales que hoy consideramos clásicas tienen su origen en antiguos bailes. El minueto, la gavota, la bourrée, la zarabanda, el vals, la polca o las innumerables danzas populares que inspiraron a tantos compositores fueron, antes que obras para ser escuchadas, músicas destinadas a acompañar el movimiento del cuerpo. A lo largo de este programa recorreremos más de cuatro siglos de historia para descubrir cómo la danza ha inspirado a compositores de épocas muy diferentes. Viajaremos desde las cortes renacentistas hasta los grandes ballets del siglo XX; desde las fiestas populares hasta los escenarios más prestigiosos del mundo; desde la elegancia aristocrática del minueto hasta la poderosa modernidad de Prokófiev y Shostakóvich. Los siglos XVII y XVIII fueron la edad de oro de la danza cortesana. Las grandes monarquías europeas, especialmente la francesa, convirtieron el baile en un elemento esencial de la educación, la etiqueta y la representación del poder. Saber bailar era casi tan importante para un noble como saber montar a caballo o expresarse correctamente en sociedad. No resulta extraño, por tanto, que los compositores comenzaran a organizar buena parte de su música instrumental a partir de sucesiones de danzas. Nació así la llamada suite, una forma musical compuesta por varias piezas breves, cada una inspirada en un tipo de baile diferente. Lo curioso es que, aunque muchas de estas piezas terminaron interpretándose en salones aristocráticos y más tarde en salas de concierto, conservaban las características rítmicas y expresivas de las danzas originales. Pensemos, por ejemplo, en la allemande, una danza de origen alemán. Su movimiento es moderado, elegante y equilibrado. Al escucharla, casi podemos imaginar a las parejas avanzando con pasos medidos y ceremoniosos. Muy distinta es la sarabanda, llegada a Europa desde España a través de un largo proceso de transformación cultural. En sus orígenes fue considerada incluso demasiado atrevida para algunos sectores religiosos y civiles. Sin embargo, en el Barroco adquirió un carácter lento, solemne y profundamente expresivo. En manos de Bach llegó a convertirse en uno de los momentos más intensos y contemplativos de toda la suite. En el extremo opuesto encontramos la gavota, una danza francesa de carácter alegre y luminoso. Su ritmo ligero y su sensación de movimiento constante la convirtieron en una de las favoritas de las cortes europeas. Y más rápida todavía era la giga, heredera de antiguas danzas británicas e irlandesas. Las gigas suelen cerrar las suites barrocas con una explosión de energía, virtuosismo y vitalidad que contrasta con la noble gravedad de la sarabanda. Así pues, cada danza poseía su propio carácter, su propia personalidad e incluso su propia psicología. Los compositores barrocos aprendieron a utilizar esas diferencias como un auténtico vocabulario emocional. La Ilustración impulsaba nuevas formas de pensamiento, las ciudades crecían, la burguesía adquiría cada vez mayor protagonismo y la vida musical empezaba a desplazarse lentamente desd

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June 4, 2026

La alegría en la música

La alegría no ha sido entendida del mismo modo en todas las épocas. Para los hombres y mujeres del siglo XVIII, la felicidad estaba asociada a la razón, al equilibrio y a la armonía social. Para los románticos del siglo XIX, podía encontrarse en la imaginación, en la naturaleza o en la afirmación apasionada de la individualidad. Para los nacionalistas musicales, la alegría residía muchas veces en la fiesta popular, en las danzas tradicionales o en la identidad compartida de una comunidad. Y para los compositores del siglo XX, después de dos guerras mundiales, la alegría se convirtió con frecuencia en una conquista, en una forma de resistencia frente a las dificultades del mundo moderno. La música ha celebrado coronaciones, bodas, carnavales y fiestas populares. Ha acompañado bailes y reuniones sociales. Ha servido para exaltar victorias militares y también para expresar la felicidad íntima de una persona. A veces ha sido brillante y espectacular; otras veces delicada y serena. Esta tarde vamos a realizar un viaje por más de ciento cincuenta años de historia musical para descubrir cómo distintos compositores entendieron la alegría y cómo la transformaron en sonido. La alegría ilustrada de Mozart todavía confía en la razón.Pero apenas unas décadas más tarde Europa habrá cambiado profundamente.La Revolución Francesa habrá transformado el panorama político del continente.Napoleón habrá sacudido las viejas estructuras de poder.Y en los teatros italianos comenzará a triunfar un joven compositor cuya música parece sonreír permanentemente. Su nombre era Gioachino Rossini. Pocas figuras han conocido un éxito tan fulgurante como el de Rossini.A comienzos del siglo XIX Europa entera parecía rendida a su talento. Las óperas se representaban de ciudad en ciudad con una rapidez extraordinaria. Los cantantes querían interpretar sus partituras. Los empresarios competían por contratarle. El público acudía masivamente a los teatros para escuchar sus novedades. Muchos historiadores consideran que Rossini fue el primer compositor convertido en auténtica celebridad internacional. Cuando estrenó La italiana en Argel tenía apenas veintiún años. La juventud del compositor resulta casi difícil de creer si pensamos en la seguridad teatral y en la perfección técnica de la obra. Italia vivía entonces una auténtica pasión por la ópera. Los teatros constituían el principal centro de la vida social y cultural. Allí se iba tanto a escuchar música como a ver y ser visto. La ópera era entretenimiento, espectáculo y acontecimiento público. Rossini comprendió mejor que nadie lo que esperaba el público de su tiempo. La alegría que encontramos en Mozart y Rossini tiene todavía mucho que ver con el teatro. En ambos casos nace de personajes ingeniosos, de situaciones cómicas y de una visión relativamente optimista de la naturaleza humana. Sin embargo, a comienzos del siglo XIX Europa había cambiado profundamente. La Revolución Francesa había alterado para siempre el panorama político del continente y las guerras napoleónicas habían dejado una huella profunda en millones de personas. La música ya no podía limitarse a entretener o divertir; muchos compositores comenzaron a atribuirle una dimensión moral y filosófica mucho más ambiciosa. Entre ellos, ninguno tuvo una influencia comparable a la de Ludwig van Beethoven, una figura que marcó la transición entre el mundo clásico y el romántico y que convirtió la creación musical en una forma de reflexión sobre la condición humana. La alegría de Beethoven posee una dimensión heroica. Es una alegría conquistada, fruto del esfuerzo y de la voluntad. Sin embargo, el Romanticismo también descubrió otras formas de felicidad menos ligadas a la lucha y más relacionadas con la imaginación, la fantasía y la capacidad de asombro. Los románticos encontraron en la literatura, en la naturaleza y en los mundos imaginarios una fuente inagotable de inspiración. Y pocos compositores representaron mejor esa sen

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May 28, 2026

Los músicos y las guerras

La historia de la música suele contarse como una sucesión de estilos, de grandes nombres, de estrenos memorables y de obras maestras. Pero, en realidad, la historia de la música es también la historia del miedo, del exilio, de las ciudades destruidas y de los artistas que trataron de seguir creando mientras el mundo se derrumbaba a su alrededor. Porque las guerras no sólo destruyen edificios o fronteras. Las guerras transforman la sensibilidad humana. Cambian la manera de escuchar. Cambian incluso aquello que los artistas consideran posible expresar. Y, sin embargo, en medio del horror, la música ha seguido apareciendo una y otra vez como refugio, como resistencia moral, como memoria y, a veces, incluso como acto de supervivencia. ¿Para qué sirve una sinfonía cuando caen bombas sobre una ciudad? ¿Para qué sirve cantar en un campo de concentración? ¿Por qué algunos compositores siguieron escribiendo música incluso cuando todo parecía perdido? Esta noche, en Música, maestra, recorremos algunos de los momentos en los que la música se enfrentó directamente a la guerra, al totalitarismo y al exilio. Desde el ideal heroico de Beethoven hasta los músicos perseguidos por el nazismo, desde la Guerra Civil española hasta el estremecedor silencio posterior a las catástrofes del siglo XX. Porque quizá la música no pueda detener una guerra. Pero sí puede conservar aquello que las guerras intentan destruir: la humanidad. Después de las grandes guerras del siglo XX, Europa quedó sumida en una pregunta difícil: ¿cómo seguir creando después de semejante destrucción? Muchos artistas sintieron que el lenguaje tradicional ya no bastaba para expresar el trauma contemporáneo. Y, sin embargo, la música siguió existiendo. Porque quizá la música no pueda impedir las guerras. Pero puede conservar la memoria de quienes las sufrieron. Puede acompañar el duelo. Puede recordar aquello que el poder quiso borrar. Puede devolver humanidad allí donde sólo parecía quedar destrucción. Tal vez por eso seguimos escuchando hoy estas obras. No sólo por su belleza. También porque contienen la huella emocional de una época herida. Y quizá porque nos recuerdan algo esencial: incluso en los momentos más oscuros, el ser humano siguió necesitando cantar, expresarse, sentir, emocionarse y compartir identidad a través de la música.

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What is ¡Música, maestra!?

En Radio Popular/Herri irratia apostamos por la cultura musical en general y por una labor formativa e informativa en particular con <strong>¡Música, maestra!,</strong> un programa de música clásica que aborda de un modo cercano y  divulgativo las obras de los grandes compositores de la historia de la música llamada clásica o académica, los instrumentos musicales y sus agrupaciones más relevantes, así como distintos géneros y estilos como el jazz, la ópera, la música coral, los musicales de Broadway y la música para cine. Buena música para todos los públicos. Un programa que disfrutarán los melómanos y que iniciará a los oyentes menos habituados en la apreciación de la música clásica.

<strong>Margarita Lorenzo de Reizabal</strong> es la mano experta que guía el programa con temas, a menudo monográficos, tomando como hilo conductor asuntos musicales y también extramusicales que sirven de excusa para realizar un recorrido sonoro por el repertorio más interesante y asequible a todos nuestros oyentes. Margarita es pianista, directora de orquesta, docente en el Centro Superior de Música del País Vasco, experta en investigación musical y educativa, compositora y divulgadora musical. Pero, sobre todo, es una apasionada de la música y esa pasión es la que transmite en nuestras ondas.

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