Hola, me llamo Natalie y hoy estoy acá contándoles la historia sobre la búsqueda de mi identidad. Cuando la gente que me rodea, cercana o lejana se entera de que soy adoptada y del documental que se filmó desde que activamente empecé a buscar mis raíces, lo que sigue siempre es una serie de preguntas. Estas preguntas las vengo respondiendo desde hace años. Ahora que se terminó de filmar el documental decidí hacer este podcast respondiendo cada una de ellas . Cada episodio es una respuesta a una pregunta.

Nada personal
Claim This Podcastby Natalie K
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Hola, me llamo Natalie y hoy estoy acá contándoles la historia sobre la búsqueda de mi identidad. Cuando la gente que me rodea, cercana o lejana se entera de que soy adoptada y del documental que se filmó desde que activamente empecé a buscar mis raíces, lo que sigue siempre es una serie de preguntas. Estas preguntas las vengo respondiendo desde hace años. Ahora que se terminó de filmar el documental decidí hacer este podcast respondiendo cada una de ellas . Cada episodio es una respuesta a una pregunta.
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October 19, 2025
Capítulo 21-¿Cómo fue tocar esas puertas?
<p>En mayo del 2018 y gracias a Paola Klechman y Lorena Quiroga, también de identidad sustituidas y vendidas por el doctor Bartucca, llegué a las puertas de la oficina de derechos humanos que queda en el registro civil de la ciudad de Buenos Aires. Como ya conté antes, para mayo del 2018 Lorena y Paola ya habían estado en la búsqueda hacía años así que gracias a su trabajo anterior fue que llegué a Mercedes Yañez.</p><p>La oficina de derechos humanos, al menos en ese entonces, era chiquita. En una mesa estaba sentada Mercedes y en la otra Cecilia, quién una vez que Mercedes se jubiló, pasó a ser su reemplazante.</p><p>Es allí que se trabaja con la restitución de la identidad biológica. Es decir una se puede acercar a su oficina con la partida de nacimiento y a partir de eso y el relato que una escuchó sobre cómo sucedió la adopción, hacen una investigación que lleva a un número de posibles madres biológicas a las que después hay que ir a visitar. Básicamente según el médico y la dirección que dice en la partida de nacimiento, deducen en que hospital una podría haber nacido, si es que no dice ya en la partida de nacimiento. De ahi, la búsqueda continúa en los archivos del registro civil donde revisan las partidas de nacimiento de alrededor de la fecha que figura en el documento como fecha de nacimiento, la cuál muchas veces es falsa. De esas partidas, las que llaman la atención son las partidas de nacimiento donde figuran madres solteras y jóvenes y partidas donde figura que el bebé murió al poco tiempo de haber nacido, por causas extrañas. También llaman la atención las partidas de bebés que nunca más aparecen en ningún registro, o sea, bebés que desaparecen totalmente de los registros. Es encontrar una aguja en un pajar. Pero Mercedes y después Ceci utilizando su conocimiento e intuición van buscando entre datos que para el resto de nosotros son imposibles de entender, a estas madres que hace muchísimos años atrás, dieron a luz en un hospital municipal de Capital Federal. </p><p>Así fue que Mercedes me entregó en mayo del 2018 una lista de 15 mujeres a quienes yo tenía que ir a visitar. Y junto a esa lista, indicaciones bien específicas de cómo acercarme a estas madres, basada en años y años de experiencia de ir a tocarle la puerta a posibles madres biológicas. Me remarcó que era muy importante seguir este procedimiento al pie de la letra, ya que de eso dependería el éxito del encuentro. </p><p>El procedimiento a seguir es el siguiente: Una vez que se tiene la dirección de la madre, hay que acercarse personalmente. La puerta hay que ir a tocarla sola, sin acompañantes. En el caso de que no fuera la madre la que abriese la puerta, hay que inventar una historia como excusa para pedir ver a la madre, es muy importante no informarle a nadie más que a la madre, por qué una llegó hasta esa puerta. Se puede decir algo como por ejemplo:“Tengo un mensaje personal de parte de mi mamá que falleció hace poco, que fue compañera de colegio de la sra tal”. Hay que recordar que por ahi la madre nunca contó a nadie la existencia de esta hija que tuvo hace más de cuarenta años atrás. La hija puede ser por ejemplo fruto de una violación de la cual nunca habló, o de una infidelidad de la cual todavía se avergüenza. Muy posiblemente la madre haya rehecho su vida y esa bebé sea parte de un pasado muy lejano. Hay que avanzar con sensibilidad y por eso la pequeña mentira. Una vez que la madre se presenta, primero se trata de ver si hay algún parecido físico, y se comienza por decir que una está en una búsqueda de identidad biológica y que por eso se ha llegado a su dirección. Ahi también se puede explicar cómo es que se llegó a ella (Mercedes-Ceci-derechos humanos-registro civil etc) y sobre todo que la información de su contacto es confidencial. Con muchísima suerte alguna acceda a hacerse una prueba de ADN, pero la mayoría no lo va a hacer. </p><p>Y por último y muy importante, nunca jamás llamar por teléfono. Cuando se ha hecho esto, las madres niegan y nunca más responden, perdiéndose así toda oportunidad de al menos ver si hay un parecido físico. </p><p>Quince mujeres, quince direcciones, quince puertas, quince historias, quince encuentros. </p><p>En ese viaje, en el 2018, no llegábamos.a emprender tal cruzada. Con Simon y mi pareja de entonces, decidimos volver a Suecia, rearmar, reorganizar y volver en septiembre. Pero septiembre vino y mi pareja y yo habíamos iniciado nuestra separación. Después vino febrero y yo no tenía un peso. Para mayo del 2019 yo todavía no me había acomodado y para finales del 2019 con Simon decidimos hacer un Crowdfunding para juntar la plata para volver lo antes posible. Eso sería en mayo del 2020. En febrero y gracias al apoyo de nuestros amigos, juntamos lo suficiente como para pagar el pasaje y la vivienda, así que estábamos listos para salir. Pero en marzo del 2020 se cerró el mundo y permaneció cerrado hasta marzo del 2022. Varias veces intentamos hacer el viaje, pero las restricciones por el Covid en Argentina eran tan severas que no podíamos arriesgarnos a una cuarentena de 15 días, siendo que teníamos presupuesto para quedarnos 3 semanas. Entonces esperamos hasta que finalmente pudimos viajar en junio del 2022. </p><p>Para ese entonces Mercedes ya se había jubilado así que retomamos el contacto con Cecilia, que revisó nuestro expediente y concluyó que de los 15 casos, los realmente más factibles eran 5. De esos 5, tratamos de comunicarnos con 4, de los 4 pude ir a ver a tres. </p><p>Siempre que cuento esta parte de la historia, la pregunta que continúa es: “Como fue?”</p><p>Yo me quedo en silencio, tratando de buscar palabras que lo describan. “Cómo fue?” siempre respondo, y veo delante mio todo lo que pasó. Como si hubiese sido una película, cómo si nunca me hubiese pasado a mí. Hasta que mi cuerpo empieza a sentir el dolor que yo no quiero realmente recordar. Pero ahí está todo, esperando a salir.</p><p>La vida en toda su riqueza, con su luz y su sombra, el amor y la furia, la impotencia y el deseo, la esperanza y el vacío, los años irrecuperables, y lo atemporal, un Universo que fluye intuitivamente detrás de cada movimiento de la realidad y al mismo tiempo, la realidad Argentina, indomable e inclemente. Una voluntad inquebrantable, resiliencia inmutable, y al mismo tiempo ganas de que todo se terminase de una buena vez. Un grito mudo en mi garganta, un corazón que se rehusaba a endurecerse, humildad ante mi destino y protesta ante lo que había frente mío. Necesidad profunda de que alguien me cargase en sus brazos y me dé consuelo y al mismo tiempo entendiendo que este camino mío, sólo lo podía recorrer yo. Las puertas, sólo las podía tocar yo. Todo se encontró dentro mío. Todo al mismo tiempo. En esta alma, en este cuerpo. Pensé que en algún momento me rompería, pero no lo hice. </p><p>Dentro mío, al parecer, había mucha más fuerza de la que pensé que jamás tendría.</p>

July 12, 2025
Capítulo 20-¿Porqué no podés sentir todo el amor en vez?
<p>“Lo que pasó fue hace mucho tiempo Natalie, sos vos la que no deja ir el pasado” </p><p>Como me gustaría hacerlo, simplemente dejar ir el pasado. Ser libre, vivir en el aquí y ahora. Toda mi vida, lo que ahora serían treinta años de terapia, 30 años meditando y 17 en el programa de doce pasos, tratando de aceptar y soltar. No puedo controlar el mundo, pero me puedo responsabilizar de mis acciones, de buscar ayuda. El mensaje siempre fue el mismo: Aceptar, sentir, dejar ir y agradecer. Aceptar, sentir, dejar ir, agradecer. Concientizarme, actuar acorde, darme amor, valorarme, no hacerle caso a las voces en mi cabeza que reiteran el mensaje de desvalorización. Ese mensaje que respira a través de todos mis poros. Cuando menos me doy cuenta, está ahí, susurrándome al oído, dándome explicaciones sobre el porqué la gente alrededor mío se comporta como lo hace. Encontrando confirmación a la creencia subyacente. Encegueciéndome a la realidad compleja y detallada. Por supuesto esto yo ya lo sé, entonces hasta sentir dolor o enojo me da vergüenza. ¿Cómo sé que lo que siento y percibo es real, o es trauma? ¿Dónde está mi verdad? ¿Cuál es la realidad? Y nuevamente: ¿Por qué no puedo dejar ir esta identidad?</p><p>Hace muy poco, por suerte, pude por fin ir a una terapia grupal para adoptados, organizada por la misma institución que brinda terapia gratis para toda persona adoptada, en sueco: <a target="_blank" rel="noopener noreferrer nofollow" classname="text-underline" href="http://adopterad.com">adopterad.com</a>.</p><p>Hacía muchos años que estaba buscando encontrarme con otros adoptados y hablar de temas que nos tocan sólamente a nosotros. Es más, en el 2017, en uno de mis picos de depresión, decidí buscar ayuda psiquiátrica, a pesar de ya estar yendo a una psicóloga. Sentía que no daba más, así que tuve una entrevista con un psiquiatra que me iba a derivar a otro psiquiatra y calculo ahí recibiría medicación. </p><p>Este psiquiatra me entrevistó durante una hora. Me hizo todo tipo de preguntas, entre ellas me preguntó que tipo de ayuda estaba buscando. Le dije sin dar vueltas, que me encantaría ir a terapia grupal con otros adoptados. Me miró extrañado: ”¿Por qué?” me preguntó. “Bueno”, le dije “ yo tengo mucha experiencia de ir a grupos de doce pasos y sé que ayuda muchísimo escuchar el relato de otras personas”. “¿Pero por qué?” me volvió a preguntar, “eso va a hacer que te identifiques aún más como víctima. Es más, la gente con trauma como vos, se convierte en gente muy egocéntrica, por el dolor que les genera el trauma”. “Si, ya lo sé, por eso ya voy a reuniones de doce pasos, de hijos de familias disfuncionales, justamente para romper con el egocentrismo y escuchar el relato de otros”. El psiquiatra se veía frustrado, irritado, yo tranquila, no daba brazo a torcer. “ ¿Y qué pensás que va a cambiar encontrando tu identidad biológica? Nada va a cambiar!” insistía él. Entonces yo, nuevamente con mucha paciencia le dije: “Yo entiendo que para alguien que no es adoptado es difícil de entender” a lo que me contestó: “ Yo soy adoptado, y no tengo ninguna necesidad de buscar mi identidad biológica”. Lo miré, hice una pequeña pausa y le dije: “Bueno, si usted no siente esa necesidad, entiendo que no tenga empatía con la mía.” Esta respuesta por supuesto lo irritó aún más. Trató de convencerme de que lo único que necesitaba yo, era terapia para reparar mi patrón de apego y me dijo que la psicóloga que me estaba atendiendo no estaba haciendo un buen trabajo. A esto quiero agregar un pequeño detalle, que tal psicóloga se llama Martha Cullberg, una de las psicólogas más prominentes de Suecia que ha escrito múltiples libros. En claro había quedado la ignorancia de la sociedad en el tema y de esta persona en particular. Ni siquiera éste psiquiatra, que era adoptado, podía entender el nivel de trauma con el que estaba tratando. Por supuesto que no todos necesitan saber su origen biológico, pero digamos que no es algo tan extraño de entender, que una persona que no lo sepa, lo quiera saber.</p><p>Así que en la primavera de este año 2025, cuando por fin pude unirme a un grupo y encontrarme con otros adoptados le agradecí al cielo y a todos lo santos de todas las religiones y creencias, de que por fin podría entender un poco más de mí, a través del relato de otros. Y tal cómo lo pensé, reflejado en la historia de cada uno, podía ver un dolor inconmensurable. Y no sólo eso. Podía escuchar las mismas preguntas que llevo yo: ¿Porque esto me duele tanto? ¿Qué me estuvo pasando? ¿Cómo lo puedo cambiar? Nadie reacciona como yo, nadie siente así como yo….</p><p>Lloré durante toda la primera sesión. Y no por dolor, sino por agradecimiento. Éramos un grupo de extraños, adoptados de distintos países, de diferentes edades, pero tán parecidos. </p><p>Aceptar, sentir, dejar ir, agradecer. </p><p>En esta búsqueda de aceptarme, de entender que me está pasando, de perdonarme, en el 2018, la última vez que fui con Simon a Abuelas de Plaza de Mayo, pedí una entrevista ahí con una persona para que me explicase más sobre la ley de adopción. Porque recordemos que no somos ajenos jamás a la historia que nos precede. Esta persona me habló de la historia de la ley de adopción en Argentina. La ley que como hecho legal se creo el el 1948. Esa ley daba a los hijos adoptivos los mismos derechos que tenían los herederos biológicos. Entonces, antes de que existiese la adopción legal, ¿qué había? Según lo que entendí, había “prácticas de circulación de niños” que se refiere a aquellas transacciones por las cuales la responsabilidad sobre un niño es transferida de un adulto a otro. En Argentina, las prácticas de circulación de niños reconocen una larga tradición y distintas fuentes indican que, a pesar del vacío legislativo, durante el siglo XIX y buena parte del XX las adopciones de niños fueron llevadas adelante ya sea por organizaciones de caridad o de manera informal entre particulares. No eran hijos de verdad, hijos biológicos, pero al menos tenían derecho a heredar lo mismo que los hijos biológicos.</p><p>¿Y qué quiere decir esto realmente? ¿Cuál es el estigma que conlleva ser adoptada? O mejor dicho, ¿que sentía yo, cuando la gente alrededor mío se enteraba que yo era adoptada? ¿En mi cabecita de niña, que percibía yo?</p><p>La primera palabra que se me viene a la mente es ilegitimidad. No ser realmente, no pertenecer realmente, no merecer realmente. </p><p>En junio del 2002 me mudé a Suecia. Bien lejos de Argentina, y aunque podría haber sido aún más lejos o diferente de Argentina, fue realmente llegar a otro planeta. Al poco tiempo de llegar ahí, me dí cuenta de que lo más difícil era encontrarme. En Argentina yo tenía mi rol, mi identidad, mi lugar. Yo representaba una personaje que se expresaba en una sociedad que a su vez le devolvía un reflejo de lo que veía. Yo me veía a mi misma de una forma, y la sociedad me devolvía el reflejo de lo que yo le comunicaba al mundo que me rodeaba. Ahora, en el nuevo mundo, el reflejo que me volvía de mi misma era totalmente diferente. Pasé a ser otro personaje. Un personaje con el que no me identificaba. No me encontraba, no me reconocía. Y no entendía que era lo que esta otra sociedad me estaba diciendo sobre mi misma. Ahora, veintitrés años más tarde, ya desarrollé un personaje y una identidad arraigada a la realidad que me rodea. Básicamente, estoy hecha una sueca. Sigo siendo sapo de otro pozo, pero al menos por otras razones que las que había en Argentina. Soy sapo de otro pozo porque literalmente, vengo de otro pozo. A lo que voy con todo esto, es que no hay que olvidar que como personas, no somos ajenas a la realidad que nos rodea, ni inmunes al mensaje que nos devuelve la sociedad sobre quienes somos. Siempre lo digo, somos peces en la corriente, pájaros al viento, tratando de encontrar nuestro camino, nuestra historia, que vive dentro de un contexto histórico regido por fuerzas invisibles que van más allá de nuestros esfuerzos conscientes de romper con ellas. </p><p>Como también mencioné antes, los adoptados, o personas de identidad sustituidas estamos rodeados de mensajes sobre la razón por la que no crecimos con nuestros padres biológicos, desde el día que nacimos. Mensajes a diario, desde temprana edad, como mantras que se repiten consciente o inconscientemente por donde miremos. Mantras que escuchamos y nos repetimos a nosotros mismos interminablemente, sobre entre otras cosas, ilegitimidad y desmerecimiento. Mantras silenciosos, grabados en la retina de nuestros ojos, que filtran todo a través de esa luz y repiten el mismo mensaje hasta la eternidad. Sin siquiera darnos cuenta. </p><p>“¿Te parece que hubieses sido diferente de haber crecido con tu familia biológica?”, me han preguntado muchas veces. “No sé, nunca fui no adoptada, esto es todo lo que conozco”. </p><p>El cliché número uno que siempre escuché y negué durante la mayor parte de mi vida, fue que mi baja autoestima se debía a que mi mamá biológica me abandonó. Entonces, yo me identificaba como algo abandonable. Según este cliché, yo sentía que no tenía el mismo valor que un bebé que creció con su familia biológica. Defectuosa de entrada. </p><p>“No puede ser” pensaba. “No puede ser tan sencillo todo esto”. Porque de ser así, ¿porque no en vez me identifico con ser un bebé realmente deseado. Un bebé tan deseado que mis padres adoptivos hasta rompieron las leyes para conseguirme? El mantra “abandono” es mucho más fuerte que el mantra “bebé realmente deseada”. Internalicé el rechazo y el abandono mucho más que el amor y la añoranza de mis padres adoptivos de tener una hija. <strong>¡</strong>Que injusto! <strong>¡</strong>Que bueno hubiese sido haber internalizado el amor! <strong>¡</strong>La fuerza que tendría en vez ahora! </p><p>Pero soy sólo un pez nadando en la corriente de un destino. Las voces que internalicé fueron las de mi familia adoptiva, cuando hablaban de mis genes, la de mis compañeros de colegio, que me recordaban el color de mi piel, la de los maestros que me trataban diferente por no ser blanca y rubia, la de mi noviecito en primer grado, también adoptado que me dijo que nosotros pertenecíamos juntos porque teníamos el mismo color de piel. Las voces de una amiga de mi mamá que refiriéndose a otra persona que iba a adoptar dijo: “<strong>¡</strong>Qué horror! ¿Andá a saber de dónde vienen esos genes?”, otras voces de personas que al enterarse de que soy adoptada, prácticamente me decían “pobrecita”…. Las miradas de las nenas en la colonia de verano del campo deportivo alemán que no querían jugar conmigo porque yo me veía diferente a ellas. El reflejo que devolvía el espejo de la sociedad que decía que yo venía fallada de entrada hablaba fuerte y claro una y otra vez. ¿Y yo? Huyendo, tratando de desmentir ese mensaje.. Incansablemente tratando de alejarme de esa radio que llevo por dentro.</p><p>Sé que dentro mío, cuando logro quedarme quieta y despejar mi mente hay otras voces. Voces independientes de la realidad, voces que con paciencia y amor me reconstruyen hacia una identidad más real, más justa, más amable. Voces que vienen de una fuerza más allá de mí, voces que me quieren bien.</p><p>A veces no puedo dormir pensando en qué desperdicio han sido todos estos años, sin poder liberarme de esa cárcel interna. Si luchase más, si me esforzase un poco más, si tratase más arduamente…..después me recuerdo: “Naty, sólo sos un pez en la corriente, hiciste siempre lo que pudiste, estás exactamente donde debés estar, y sos quién debes de ser”. Todo es perfecto.</p><p>Aceptar, sentir, dejar ir, agradecer.</p><p>A veces, hasta me puedo volver a dormir.</p>

February 16, 2025
Capítulo 19-¿Nunca te acercaste a los contactos de tu adopción? (La importancia de la memoria)
<p>Acercarme directamente a la fuente de información sobre mi adopción ilegal hubiese sido probablemente lo más lógico y sensato en toda esta búsqueda. Al fin y al cabo yo sabía quienes eran, o al menos quién era la persona que le informó a mi mamá de mi existencia. De hecho, uno de mis mejores amigos en Suecia, argentino, hijo de exiliados de la dictadura militar, me dio la idea, pero yo nunca me animé hasta mayo del 2018. Y voy a pasar a explicar porqué. Mi mamá y mi papá, tal como lo conté antes, se oponían a mi búsqueda. El hecho de que yo fuera a preguntarle a quién era su amiga, si sabía algo más sobre mi adopción los llenaba de terror y vergüenza. “No se te ocurra molestarla!” me decían. Yo, la verdad, sentía lo mismo. Aunque suene ridículo, aunque yo tuviera derecho a mi historia, el hecho de tener que ir a tocarle la puerta a alguien y preguntar que sabían sobre mi historia, me aterraba. Sobre todo porque todos, absolutamente todos, a partir del 2003 asumíamos que yo era hija de desaparecidos. Eso quería decir que mi búsqueda implicaría que esta persona de alguna forma estaba involucrada en un crimen de lesahumanidad. Y ya sé, un crimen es un crimen y los culpables son culpables y punto, pero para mí no era tan fácil. Será mi síndrome de Estocolmo constante, mi codependencia, mi negación, mi miedo al rechazo, a que la gente se enoje conmigo, mi miedo al conflicto, mi vergüenza, mi mala autoestima o una combinación de todo eso, que no podía encontrar la fuerza dentro mío de tomar el paso y hacerlo. Hasta que el resultado de ADN de Abuelas de Plaza de Mayo dio negativo, y ese camino se cerró. Si yo soy hija de desaparecidos, nunca lo vamos a poder comprobar. Después de que Simon y mi pareja de ese momento me convencieron de seguir la búsqueda a pesar de que había sido negativo el resultado de Abuelas, la búsqueda tenía que tomar un nuevo camino. Por un lado era acercarse a la oficina de Derechos Humanos y Mercedes Yañez, y por otro lado era ir a la fuente, a los testigos que realmente sabían qué había pasado ese agosto del 1977, cuando mi familia me fue a buscar a lo de el doctor Bartucca. Me tomó mucho, pero mucho coraje primero contactar a la hija de la señora que por una cuestión de anonimidad la voy a llamar Marta. La hija de Marta había sido compañera de colegio de mi hermano, y siempre que me la encontré había sido tan amable conmigo. Le escribí preguntando si le parecía bien que la contactase a su mamá y le preguntase sobre mi adopción. Me dijo que sí y me pasó el contacto de su mamá. Así que ese mayo del 2018, en uno de los viajes que hicimos para continuar mi búsqueda, junté todo el coraje que tenía y fui a visitar a Marta y a su marido en su departamento en Palermo, Buenos Aires. Yo estaba aterrada, sin saber qué era lo que me esperaría. Después de tanto tiempo, tanta expectativa, de haber vivido con una narrativa de cómo todo fue al comienzo de mi vida, que verdad surgiría?</p><p>Me recibieron por supuesto con toda la calidez y amabilidad del mundo. Hacía tanto que no me veían! Al fin y al cabo, esta pareja siempre me tuvo en mente. Nuestros destinos se cruzaron de la forma más extraña, generando un lazo innegable. Primero hablamos de cómo llevo la vida en Suecia, de cómo me manejo con el frío y la oscuridad, si sobrevivo haciendo música, si me casé y tengo hijos…bueno, lo usual. Sentí realmente que me habían estado esperando. Después de un rato de tomar el café y comer sándwiches de miga, esos que tanto me gustan, y tanto extraño desde que me mudé a Estocolmo, Marta le dijo al esposo que íbamos a ir al living ella y yo a hablar. Él no estaba incluido en la conversación. “Interesante” pensé, porque todos esos años anteriores, yo estaba segura de que era el esposo, quién vi vestido de uniforme en la boda de su hija, ese hecho que inició todo esto, quién era el protagonista principal de esta historia. Pero aparentemente, no era así. Al menos no era el protagonista de la historia que Marta durante tantos años protegió en su memoria, esperando que algún día yo fuese a tocarle la puerta. Ella, más que nadie, muchísimo más que mi propia familia, me dejó en claro lo importante de la verdad y la memoria. Será por eso que la guardó con tanto cuidado?</p><p>Esta es la historia que me contó ese día que la fui a visitar:</p><p>En agosto del 1977, el hermano de Marta quién en ese entonces era transportista de camiones, se encontraba manejando su ruta que iba de Buenos Aires a Ushuaia (un tramo de poco más de 3000 kilómetros) cuando recibe la noticia de que su esposa embarazada de seis meses se encuentra internada en el hospital. El hermano de Marta, a quién elijo llamar Ralf para preservar su anonimato, se toma el primer vuelo a Buenos Aires para estar junto a su esposa, a quién le hacen cesárea de urgencia. Pero lamentablemente el bebé no sobrevive. Resulta que ella había tenido dolores intensos durante tres días, debido a un intestino perforado, lo cuál los médicos no detectaron. El bebé en ese tiempo llegó a intoxicarse y no lo sobrevivió. La familia, como era de esperarse quedó destrozada, y en eso, la tía de Marta, quién era la cuñada de su mamá y madrina de Ralf, se comunica con él, diciendo que hay una beba en adopción, y dado que él recién había perdido una, si no quería ir a buscarla. Ralf, quién recién había perdido a su hija y cuya mujer ahora se encontraba en terapia intensiva, con un intestino gangrenado y luchando por su vida; como cualquier persona normal, reacciona espantado y de forma negativa a tal propuesta. Marta a su vez, tratando de ayudar a su hermano y cuñada, quién conocía a mi mamá y a mi papá no sólo del kindergarten donde iba mi hermano y su hija, sino también porque su hermano Ralf jugaba al handball en el mismo club alemán con mi papá y mi tío, fue a la casa de ellos a pedirles si alguno podría donar sangre a su cuñada que se encontraba en terapia intensiva. Ahí le cuenta toda la historia a mi mamá, inclusive la parte de la tía Anita que propuso ir a adoptar a esa nena ya que la otra había muerto, y la reacción de su hermano Ralf. El mismo día o al día siguiente, Marta recibe un llamado de mi mamá quien muestra interés por esa nena que está siendo dada en adopción, o sea yo.</p><p>Mi mamá le cuenta que estaba ya anotada en la cola de adopción esperando a que le den una nena, y que ya habían pasado 3 años y todavía nada, así que le pidió el contacto del médico que tenía esta beba que estaba esperando ser adoptada. Marta le da el número de teléfono y no piensa más en el asunto, hasta que el día siguiente pasa por la casa de mis padres y para su gran sorpresa, me encuentra a mí, bien envuelta como un paquete. Ahí le cuenta mi mamá, que me habían ido a buscar la noche anterior, con mi papá y mi hermano. Aparentemente hablaron por la noche con el médico y a eso de la medianoche fueron en auto a buscarme a la dirección del médico, que era una clínica privada. Volvieron lo más rápido posible a casa, sabiendo que estaban haciendo algo ilegal, y conscientes de que habían violado el toque de queda del momento. Mi mamá cuenta estar muerta de miedo de que alguien los siguiese y les quitaran a la beba. Al día siguiente me llevó al pediatra, y aparte me tenía que ir a comprar ropa. Todo había pasado tan rápido que no estaban preparados para mi llegada. </p><p>Marta no sabía nada más que eso. Me había esperado durante 41 años para contarme todo lo que se acordaba. Inclusive me preguntó varias veces si mi mamá y papá no me habían contado cómo fue todo, y cuando le respondí que ninguno me quería contar nada, se espantó, horrorizada de tanta crueldad. “ Y cómo vas a cerrar esa herida si no sabes tu verdad?” , exclamó con dolor. Marta entendió todo. Guardó un pedacito de mi historia y me esperó, consciente o inconscientemente sabiendo que algún día yo le preguntaría y ella podría cumplir con su parte, la de pasar la información a su destinatario. Que la verdad no desaparezca, que yo pudiera sanar.</p><p>Algo que era tan claro para ella, pero que mi familia me negó todo el tiempo. </p><p>Una pregunta que surge de vez en cuando, cuando con la mejor intención, gente que creció sabiendo su origen biológico me cuestiona: ¿Porque necesito saber? ¿Si ya soy quién soy? Qué importa lo que pasó en el momento de mi nacimiento? ¿Qué importa las razones por las cuales mi familia biológica no me pudo criar? ¿Qué tiene que ver conmigo las razones por las cuales mi madre biológica me entregó a extraños? Lo importante es el aquí y ahora, el amor que me rodea, la vida que creé. </p><p>Voy a tratar de explicarlo, a ver si puedo ponerle un poco más de claridad al asunto.</p><p>Seguramente alguna vez en la vida, han estado enamorados. Sintieron el corazón abierto, ensanchado, frágil, vulnerable y entregado. Y era imposible no amar. Esa persona se convirtió en el centro del universo. Así cómo sucede en las canciones de amor. Sintieron un hogar en esa persona, se sintieron a salvo, vistos, cómo si esa persona confirmase nuestra existencia.</p><p>Pero un día, de la nada, en medio de esa vulnerabilidad, la persona que tiene nuestro corazoncito en sus manos, de repente, nos rechaza. Dice, o actúa de una forma en la que demuestra que ese amor no es recíproco. Nos deja. Se va, desaparece, sin realmente explicar nada.</p><p>Es entonces, que muy posiblemente, nuestra mente, tratando de entender que fue lo que pasó, para prevenir que vuelva a pasar otra vez, que se nos vuelva a abandonar o rechazar, para evitar la sensación de engaño, o la falta de control e impotencia, tal vez inclusive la vergüenza de haberse creído amada, empieza a crear teorías o historias sobre lo que sucedió o la razón por la cuál sucedió. Algo que explique el comportamiento del otro, algo que prediga ese comportamiento en otro en el futuro.</p><p>Ahora traduzcamos esa historia de enamoramiento que tanto nos lastimó a un hecho tan fuerte como es el que aquellos que supuestamente deberían de habernos cuidado y protegido y amado más que nadie en el mundo, en vez nos entregaron a extraños. Y nunca sabemos porqué, ni que fue lo que realmente pasó.</p><p>La mente empieza a crear una narrativa con la información que tiene para entender. Una narrativa que al mismo tiempo se convierte en nuestra identidad. “Esto me sucedió a mí, porque yo soy de esta forma. Me abandonaron, me vendieron, me maltrataron, porque no tengo valor". O sea: "Yo no tengo valor, por eso se me abandona, se me maltrata”. </p><p>La realidad deja de existir fuera de nosotros y es sólamente una historia que nos contamos internamente, que recreamos. Una realidad que nos confirma lo que creemos, que nos lastima, que nos abandona. Y en esa realidad, en esa burbuja en la que vivimos, hacemos lo que podemos, sin poder liberarnos de ese primer mensaje. Nos defendemos de ese dolor, de una herida que sangra constantemente y así desarrollamos variados e inteligentes mecanismos de supervivencia. </p><p>Abandonar antes que nos abandonen, no dejar que nadie se nos acerque demasiado, para que nadie vea esa verdad de la que estamos huyendo, encontrar gente que nos ame un poquito, pero que no nos de la seguridad que necesitamos para poder realmente relajarnos y confiar, porque ya aprendimos que relajarse, es ser vulnerable y eso, no se va a volver a repetir.</p><p>El hecho de que se nos entregó por razones ajenas a nosotros, no tiene lugar en ningún rincón de esta narrativa. La mente nos dice: “¿Cómo es posible entregar a tu propia hija? ¿Cómo es posible maltratar a una niña? Algo malo tuvo que haber hecho. Esa niña tiene que ser producto de algo horrible, tan horrible que la madre la entrega y nunca más quiere saber de ella, tanto, que la quiere olvidar”.</p><p>Pero la verdad de la realidad, es mucho más profunda y compleja que eso. Y es por eso que es tan necesaria. Es verdad que en la mayoría de los casos, las madres no podían quedarse con sus hijos y por eso los entregaron, pero en esas historias únicas, hay mucho más que tiene que ver con el contexto, con la realidad en la que vivían, con injusticias sociales, inclusive con la situación política del momento. Lo que buscamos, cuando buscamos el relato tan complejo de cómo todo sucedió, es redención. Es entender por qué. Es comprender, que esto no fue personal, aunque nos haya pasado a nosotros, aunque afectó totalmente el curso de nuestras vidas, no se trataba de nada que hubiésemos hecho. Esto no fue nuestra culpa. No lo causamos, no lo controlamos, ni lo pudimos cambiar. Triste como todo fue, la época que nos tocó vivir, la realidad y el contexto en el que llegamos al mundo, nada de eso se trataba de nosotros. Buscamos entender, y liberarnos finalmente de un peso que no nos corresponde. Y después si, llorar, o gritar o de alguna forma canalizar ese dolor, porque lo que dolió, dolió. Esa niñita, ese niñito, cómo todos los niños del mundo, sólo quería ser amado y no podía entender que hizo para merecerse ese trato. Una vez liberados, podemos empezar realmente a sanar, dejar ir, inclusive perdonar, pero todo a su debido tiempo. </p><p><br> Así que, gracias Marta por tu valentía, por tu humanidad, por tu paciencia y tu cuidado hacia mi alma. Gracias por al menos preservar un pedacito de mi historia. Siempre digo que los héroes más lindos, son aquellos que lo son sin saberlo. </p><p>Marta, vos uno de ellos.</p>
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