Podcast dedicado a la meditación de la Palabra de Dios, con pequeñas lecturas y reflexiones para dar ánimo a la iglesia de Cristo.
Autor: Nicolas Velasco

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Podcast dedicado a la meditación de la Palabra de Dios, con pequeñas lecturas y reflexiones para dar ánimo a la iglesia de Cristo. Autor: Nicolas Velasco
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🇪🇸
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5/4/2020
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September 30, 2020
<p>“Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová sobre sus dos hombros por memorial”<br> Éxodo 28.12</p> <p>Con respecto a las vestiduras doradas que caracterizaban al Sumo Sacerdote, hemos hablado ya acerca de dos de ellas: La mitra con la placa dorada frontal que llevaba la inscripción “SANTIDAD A JEHOVÁ”, y el manto azul con sus granadas y campanillas.</p> <p>Y así es como, siguiendo nuestra travesía anatómica de las vestiduras sacerdotales de adentro hacia afuera, hemos llegado finalmente a la vestidura mas externa: El Efod. Esta hermosa prenda, consistía en una especie de chaleco que descendía a modo de delantal, el cual era vestido sobre el manto azul, sujeto con firmeza al cuerpo por medio del cinto que de él se desprendía, y acerca del cual ya hablamos en una anterior oportunidad. </p> <p>“Y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa” (Éxodo 28. 6). Al oír esto, no hace falta que te intente describir lo hermosa que debió haber sido esta prenda que investía de honra y belleza al Sumo Sacerdote, por lo que no me centraré tanto en ella, sino que hoy tan solo me enfocaré en uno de sus detalles, en sus hombreras, pues había mandado Dios acerca de ellas, diciendo: “Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos” (Éxodo 28. 9-10).</p> <p>Así pues, Aarón debía llevar sobre sus hombros los nombres de las tribus de Israel, en todo tiempo en que ministrara, pues de este modo él estaría actuando en representación del pueblo entero de Dios, de cada uno, por nombre, llevándolos grabados de manera indeleble en piedra valiosa sobre sí. Pero aún hay algo más, pues en aquel contexto, al igual que muchas veces en el nuestro, los hombros eran símbolo de fuerza y poder.</p> <p>Por tanto, ya podrás imaginar hacia donde nos guía todo esto ¿Verdad?</p> <p>Aarón, el Sumo Sacerdote, con aquellas piedras con los nombres del pueblo de Dios inscritos sobre sus hombros, apuntaban, exactamente a nuestro gran Sumo Sacerdote, a Jesucristo, quien llevó en hombros los nombres de cada uno de sus amados, representándolos en aquella gloriosa obra expiatoria de la cruz, donde toda la eterna ira del Padre fue vertida sobre él, para comprar con ello salvación y Vida Eterna para todos aquellos a quienes representaba, esto es, a aquellos que creyeron, creen y creerán en Su bendito Nombre.</p> <p>Y es que ni aún la muerte pudo retenerlo, por lo cual al tercer día, dejando la tumba vacía ascendió a los cielos en victoria oyéndose una voz que decía jubilosa “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de Gloria ¿Quién es este Rey de Gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla” (Salmos 24. 7-8), voz que será seguida por millones de millones de las voces de sus redimidos que eternamente clamarán con alegría, diciendo: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 5. 12-13). </p> <p>¿Conoces acaso a este Rey de Gloria? ¿Crees hoy en Su bendito Nombre? Porque si sí es así, considera por favor este maravilloso mensaje al que apuntaban las piedras de ónice sobre los hombros de Aarón, pues de un modo más perfecto, tu nombre ¡Sí, el tuyo! estaba, está y estará escrito perpetuamente sobre los hombros de tu victorioso, fuerte y poderoso Jesucristo.</p>

September 28, 2020
<p>“Harás el manto del efod todo de azul; y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa. Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor”<br> Éxodo 28. 31-33</p> <p>En la pasada oportunidad hablamos acerca de la Mitra con la placa dorada frontal; elementos con los cuales iniciamos nuestra descripción anatómica de las prendas doradas que eran para uso exclusivo del Sumo Sacerdote, Aarón. Así pues, hoy hablaremos de una segunda prenda dorada: El Manto azul.</p> <p>Este manto celeste consistía en una especie de toga que se vestía por encima de la túnica, pero que, al no ser tan larga como ésta, dejaba al descubierto alguna parte del extremo más bajo de la túnica. El manto, al igual que la túnica, iba tejido en una sola pieza, sin costuras, contando, al nivel del dobladillo inferior con dos tipos de adornos: Las granadas (azul, púrpura y carmesí) y las campanillas de oro, las cuales, dispuestas de manera intercalada, producían un tintineo constante con cada paso dado por el Sumo Sacerdote mientras ministraba, pues el Señor había mandado diciendo: “Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, para que no muera” (Éxodo 28. 35).</p> <p>Así pues, si hubieras sido un israelita de aquel tiempo, habrías podido escuchar, aquel tintineo proveniente del tabernáculo producido por esas campanillas doradas de Aarón, rodeadas por las granadas que simbolizaban la abundancia, y habrías tenido entonces la seguridad y tranquilidad, que desde allí, desde la misma presencia de Dios que representaba el tabernáculo, había alguien, intercediendo día tras día por causa de tus pecados delante del Señor. </p> <p>Hoy, por supuesto, no contamos, ni necesitamos, de aquellas campanillas y granadas que representaban la abundancia y la intercesión en los pies de Aarón, pues en Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, tenemos el cumplimiento perfecto de ambos símbolos, pues con Su gloriosa victoria, no solo nos ha concedido por medio de la fe en Su Nombre, Vida abundante y fruto espiritual constante, sino que además podemos decir con toda confianza: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8. 34)</p> <p>Ahora, en tu transitar por esta vida, ya no requieres oír el tintineo para saber que hay alguien en la presencia de Dios intercediendo por ti, porque ahora por medio de la cruz puedes estar completamente seguro de que así es contigo, pues en los cielos, a la diestra del Padre, está tu Salvador, mediando por ti, por ti mismo, por nombre. Por lo cual, dice el Apóstol Juan en el contexto de su llamado a la obediencia a todos aquellos que confiesan creer en Cristo: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2.1). Piensa hermano, hermana, piensa en la alegría y descanso que debe traer a tu corazón el saber que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8. 1).</p> <p>Por tanto, ya no necesitamos oír ese tintineo imperfecto y simbólico, pues así como Aarón, “los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas Cristo, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7. 23-25).</p>

September 25, 2020
<p>“Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará”<br> Éxodo 28. 36-37</p> <p>Hemos hablado ya acerca de los pantalones, la túnica y el cinto de lino fino, acercándonos así, poco a poco, al final de nuestra descripción anatómica de las vestiduras blancas, llegando hoy el turno a la cuarta prenda: La Mitra o Tiara.</p> <p>Estos artículos, consistentes ambos en turbantes de lino fino confeccionados y adornados de acuerdo a lo que Dios había mandado, tenían como propósito, al igual que el resto de vestiduras blancas, el de coronar de "honra y hermosura" a los levitas, denominándose Mitra al turbante usado por el Sumo Sacerdote, y Tiara a aquel usado por los sacerdotes comunes. </p> <p>Estos turbantes, simbolizaban la sumisión de los levitas a Dios, recordándonos con ello a aquel gran Sumo Sacerdote nuestro, quien postrado en el Getsemaní, ya en proximidad a la traición de Judas, oró al Padre, diciendo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mateo 26. 39); palabras con las cuales Cristo, según lo estipulado desde la eternidad pasada, expresó su absoluta y voluntaria sumisión al Padre, aceptando beber la copa de la ira Divina, para que nosotros, creyentes en Su Nombre, pudiéramos beber la eterna copa de bondad, misericordia y gracia del Padre.</p> <p>Pero hay un detalle más con respecto a la Mitra del sumo sacerdote, el cual nos servirá de bisagra para empezar a hablar, de aquí en adelante, acerca de las vestiduras doradas que eran de uso exclusivo por Aarón. Este hermoso detalle consistía en que, de aquella Mitra de lino, se desprendía un cordón azul que sostenía en la frente del Sumo Sacerdote una placa de oro puro, en cuya superficie tenía grabada la frase: “SANTIDAD A JEHOVÁ”.</p> <p>Así pues, Aarón como Sumo Sacerdote imperfecto, debía llevar cerca de su mente, y ante la vista de todos, esta frase grabada en oro, como un recuerdo para él, y para todos los demás de que sin santidad “nadie verá al Señor” (Hebreos 12. 14), cosa que por cierto, ninguno de nosotros es capaz de cumplir, pues todos nos mezclamos con el pecado diariamente, una y otra vez, bien sea obrando mal, o negándonos a hacer el bien que pudimos haber hecho, o simplemente pecando en nuestra mente y corazón, cosas por las cuales, de no ser por la fe en la obra de Cristo a nuestro favor, ninguno estaría habilitado para encontrarse con Dios en Su Santo Reino.</p> <p>Por tanto, mientras esta Mitra o Tiara debe recordarnos la completa sumisión que debemos a nuestro Dios bajo la consciencia de que Él está sobre nosotros siempre; la placa dorada grabada en nuestra mente debe recordarnos la santidad y pureza que Cristo ganó por nosotros, pues únicamente por medio de Su cruz es que podemos ser hechos santos en santificación, concediéndonos esta plena confianza de saber que día tras día él nos estará limpiando, y que una vez despertemos a la eternidad, Dios mismo nos verá a través de esa placa dorada y perfeccionada, que es Cristo, y allí, leyendo en nosotros: “SANTIDAD A JEHOVÁ” con gloriosa y conmovedora voz dirá: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25. 23)</p> <p>¿Puedes acaso imaginar aquella maravilla? ¿Recibir la alabanza de tu propio Creador mientras te abre las puertas a lo Sublime y Eterno de Su preciosa Gloria? Nos resulta aun imposible imaginarlo ¡Cuán preciosa es nuestra Gloria en Cristo, infinitamente mas valiosa que el oro! Bienaventurados son “los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5. 8).</p>
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